En familia

Tus hijos no necesitan broncas ni castigos

Si queremos transmitir a los niños valores positivos, con gritos y cachetes no lo conseguiremos pues tus hijos aprenden por imitación. Piensa que otra forma de convivir con ellos es posible.

Carlos González

Carlos González

Pediatra y escritor. Autor de "Creciendo juntos". Presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna.

ni broncas ni castigos

No, ni los gritos ni los castigos son la solución. Nadie ha dicho que educar a los hijos sea sencillo... Debemos transmitirles valores positivos y eso se hace desde la primera infancia. Veamos juntos algunas claves.

Por qué el castigo no es la solución

Puede que el castigo fuera útil y hasta necesario para guiar la conducta de nuestros lejanos antepasados, que eran muy monos pero bastante brutos. Pero en la actualidad nuestra conducta se regula por otros mecanismos.

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No nos abstenemos de obrar mal por miedo al castigo, ni hacemos el bien por la esperanza de un premio. Tenemos principios, valores, creencias, convicciones éticas. Hacemos lo que creemos correcto aunque nadie nos vigile, y respetamos a los demás porque no queremos perjudicarles ni herir sus sentimientos.

Queremos que nuestros hijos tengan valores y el castigo no es la forma de conseguirlos

Las personas honradas no roban porque saben que eso está mal. No es la policía, sino su propia conciencia, quien les impide robar. El que no roba por miedo a que le pillen y le castiguen no es una persona honrada, sino un ladrón cobarde.

Muchos niños han sido criados con castigos, y eso es algo que tiende a transmitirse de generación en generación. Por imitación, por desconocimiento, por no haber vivido nunca otra situación, por no haber visto otra forma de hacer las cosas.

Cómo transmitir valores positivos

A veces me consultan padres completamente desorientados, incapaces de imaginar una alternativa: “Pero, si no le castigo, ¿qué otra cosa puedo hacer?”. “¿Cómo hacerle entender las cosas, si no le pego?”, preguntaba la madre de una niña ¡de año y medio! Pues muy sencillo:

Trata a tus hijos como a personas

Por supuesto, los niños no son exactamente iguales a los adultos. Les cuesta comprender las cosas, les cuesta recordarlas, les cuesta dominar sus emociones o renunciar a sus deseos. Y por eso precisamente hay que ser con ellos más comprensivos y respetuosos que con un adulto.

¿Cuándo es la última vez que castigó a su marido a no salir el sábado porque no se había hecho la cama, o que envió a su esposa al sillón de pensar porque había comido chocolate sin pedir permiso?

Sabemos que gritar a los adultos trae conflictos, y con los niños es igual

No castigamos a los adultos. Al menos no castigamos a familiares y amigos, ni a compañeros de trabajo o vecinos, por los pequeños conflictos familiares. A veces sí que gritamos, abroncamos o insultamos a los adultos. Pero todos estamos de acuerdo en que eso no suele dar buen resultado.

Si marido y mujer se intercambian con frecuencia frases como “¡que te estés quieto de una vez, te he dicho!”, “¡es que ya me tienes harta!”, “¡estoy muy enfadado contigo!”, “¡ya lo has vuelto a estropear, es que no te fijas en lo que haces!”... no pensamos que la relación va viento en popa, sino que van a acabar en divorcio si no hacen algo, y rápido.

Mejor pedir las cosas "por favor" que a gritos

Pues bien, gritar, insultar o ridiculizar a un niño es todavía peor. Así podemos conseguir que se calle por puro miedo, pero no podemos conseguir que nos quiera más, que nos respete más o que tenga más ganas de estudiar, recoger la habitación, “portarse bien” o cualquier otra cosa que le hayamos pedido a gritos.

No solemos gritar, y mucho menos castigar a los adultos, pero sí que controlamos su conducta. ¿Cómo conseguir que tu marido haga la cama? Pues simplemente diciendo “cariño, haz la cama, por favor”. Y si tu esposa pone los pies en el sofá, ¿no le dirías algo así como “por favor, no pongas los zapatos en el sofá, que se ensucia”? Pues lo mismo puedes hacer con tu hijo.

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¿Con tu marido no siempre funciona? ¿A veces no se hace la cama? ¿Y bien? ¿Es entonces cuando le castigas o le das un bofetón? No; simplemente se lo vuelves a decir.

Los adultos no siempre obedecemos. Un adulto puede discutir una orden “lo siento, ahora no me va bien”, o puede decir “en seguida”, “en cuanto acabe la peli”, y luego “olvidarse” o incluso olvidarse de verdad.

¿Realmente crees que un niño pequeño va a obedecer siempre, en todo, a la primera, sonriendo y contento? Pues no; ni un niño, ni nadie. Algunas veces se hará el remolón, otras se saldrá por la tangente, otras pondrá mala cara y refunfuñará.

Ellos no quieren ser tiranos

¿Que tu hijo monta una rabieta porque quiere un helado? No pretende decirte dónde tienes que trabajar, ni qué ropa te debes poner. Ni siquiera pretende decidir a qué escuela irá él ni qué ropa se pondrá. No quiere mandar, solo quiere el dichoso helado. Tu seguirás tomando todas las decisiones, incluida la decisión de si le das el helado que pide o no se lo das.

Si no le das lo que quiere, mostrará su frustración y debes saber tolerarlo sin gritar

Pero, si decides no dárselo, más vale que estés dispuesto a tolerar la frustración: tu hijo se enfadará y mostrará su frustración, y tu debes tolerarlo. No gritarle, ni amenazarle, ni castigarle, ni ridiculizarle (“qué feo te pones cuando lloras”). Simplemente “no, lo siento, un helado no”.

Si se lo dices con normalidad y sin gritar, y si usas un poco de diplomacia y le distraes (“lo que podríamos hacer es ir a los columpios” u “ójala tuviera un helado gigante para darte un trozo...), en muchas ocasiones conseguirás incluso evitar la rabieta.

¿Y si pega a otro niño?

Es una situación ideal para educar a tu hijo. Pablito molestó a Sandra, y Sandra (tu hija) le pegó. Ahora Sandra ha hecho algo (pegar) que te molesta. ¿Qué hago? Haz lo que quieras que Sandra le haga a Pablito. Le vas a enseñar a tu hija la manera correcta de responder cuando alguien nos molesta.

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Si le pegas, ella pegará a Pablito. Si le gritas, ella gritará a Pablito. ¿Quieres que tu hija ridiculice a otros niños, les amenace, les abronque, les siente en el sillón de pensar o les castigue sin jugar? Pues adelante, enséñale cómo se hace. Pero no pierdas de vista una cosa: lo que tú le hagas a ella, ella se lo hará a otros.

¿A que no es tan fácil? Pues si a ti le cuesta decidir cuál es la mejor respuesta, imagínate ella, que solo tiene cuatro años.

¿Y si pruebas a explicar las cosas amablemente? Pues tu hija aprenderá a resolver así sus conflictos. No lo aprenderá de hoy para mañana, necesitará años de repetidos ejemplos. Nadie ha dicho que educar a los hijos sea fácil.

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