Por Jordi Fernández-Castro - Director del Dep. de Psicología Básica, Evolutiva y Educación de la UAB

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Las fuentes de estrés desencadenan cambios fisiológicos y conductas de afrontamiento que están encauzadas por las emociones, y esto es en principio un proceso adaptativo necesario para la supervivencia del individuo.

Si las personas no tuviésemos la capacidad de estresarnos, no podríamos hacer esfuerzos extras cuando las circunstancias externas lo requieren. Pero que sea necesario o adaptativo no significa que sea agradable, divertido o relajado. Una cosa no tiene que ver con la otra.

Estrés adaptativo y desadaptativo

Si realmente el estrés es un proceso adaptativo, ¿por qué lo vemos como un problema y la Organización Mundial de la Salud advierte de sus peligros?

El proceso de estrés es un proceso natural y adaptativo ante las demandas, las amenazas y los retos, pero que en determinadas circunstancias puede tener efectos negativos sobre la salud y sobre el rendimiento. Veamos dos ejemplo concretos.

El estrés que perjudica

  • Primero pongamos una persona que pasa por una temporada con una gran cantidad de trabajo acumulado, si los clientes acuden a la vez, no puede decirles que no puede atenderles, tiene que esforzarse.

El estrés es un proceso natural y adaptativo ante las demandas, las amenazas y los retos

Durante un cierto tiempo es posible que duerma mal y no se alimente bien del todo, y si además en ese momento hay una oleada de gripe, esta persona es mucho más probable que enferme que otra que no ha sufrido estrés. Por lo tanto, tenemos un proceso de estrés para hacer frente a una circunstancia que ha tenido unas consecuencias negativas en la salud.

  • Otro ejemplo: hay una persona que se está preparando unas oposiciones y, como en el caso anterior, se esfuerza para hacer un buen examen. Está muy preocupada porque sabe que se van a presentar muchos candidatos y el examen será muy competitivo. Intenta hacer un sobreesfuerzo y tiene mucha ansiedad cuando piensa que todo el tiempo invertido puede ser que no sirva para nada.

Es tal la tensión que le provoca esta situación, que finalmente no hace un buen examen porque no está concentrada y no pasa las oposiciones. En este caso la tensión necesaria para esforzarse en la preparación le ha jugado una mala pasada y ha sido excesiva: un estorbo, más que una ayuda. Por lo tanto, tenemos un proceso de estrés que ha tenido un efecto negativo sobre el rendimiento.

  1. Vemos que cuando el estrés se hace crónico y se prolonga en el tiempo, es cuando se convierte en un gran problema, es desadaptativo.
  2. Mientras que, cuando el estrés se limita a un esfuerzo intenso durante períodos cortos de tiempo, es una ayuda para la adaptación.

Diferencias entre estrés agudo y crónico

Es importante distinguir entre las fuentes de estrés agudas, o sea, puntuales o que duran un tiempo corto, y las crónicas, que se prolongan en el tiempo.

  • El estrés agudo se desarrolla en dos fases: primero la activación y después, una vez acabado el estrés, la recuperación, que implica volver al estado de reposo inicial y reponer la energía gastada.
  • En el estrés crónico hay más fases: tiene igualmente la fase de activación, le sigue la de resistencia y, cuando se acaba el estrés crónico, la recuperación es más larga y difícil que la del estrés agudo. Y, si el estrés es muy prolongado, puede acabar en agotamiento.

Recuperarse de un periodo de estrés puede causar agotamiento que afecta a la salud

Hay algunas fuentes de estrés que podríamos llamar agentes físicos que afectan por igual a personas y animales.

  • Una pelea con otro animal que produce algunas heridas puede ser un ejemplo de estrés agudo: hay un peligro grande, pero una vez pasado el animal se recupera.
  • Una sequía podría ser un caso de estrés crónico: no llueve, no hay agua, falta alimento... Eso es estrés crónico tanto para animales como para las personas.

Pero las personas, aparte de los estresores físicos como heridas, daños, falta de comida o agua, también están expuestas a otro tipo de estresores:

  1. Por ejemplo, si se nos estropea el coche durante un viaje, es un problema que, de mejor o peor manera, se puede solucionar. Este sería también un caso de estrés agudo.
  2. Por otro lado, padecer acoso laboral podría ser un ejemplo de estrés crónico.

Otros tipos de estrés

A partir del estrés agudo y del crónico, podemos distinguir otros tipos. Puede haber una acumulación de estresores agudos:

  • Tienes trabajo extra, tu hijo se pone enfermo y, además, aparece un escape de agua en casa. Estos tres estresores agudos se pueden afrontar por separado y, una vez superados, podemos recuperarnos.

Ante un caso de acumulación de situaciones de estrés agudo aparece el riesgo de enfermar

Pero si coinciden en un corto período, no hay tiempo para recuperarse y aparece el riesgo de llegar al agotamiento e incluso de enfermar.Entonces estamos ante un caso de acumulación de situaciones de estrés agudo.

El estrés crónico puede ser continuo, pero muchas veces aparece de forma intermitente:

  • Los problemas económicos brotan a final de mes, pero nos dan un respiro cuando empieza el siguiente.
  • Las malas relaciones con la familia acaban en discusiones durante las reuniones familiares, pero no ocurren todos los días. En este caso se trataría de estrés crónico episódico, es decir, que se repite.

No estamos diseñados para aguantar el estrés

Podemos plantearnos otra cuestión importante: si el estrés es un proceso adaptativo y necesario, ¿por qué entraña el riesgo de enfermar y sufrir todos esos efectos negativos?, ¿por qué sucede en una sociedad como la nuestra en la que, por suerte, ya no tenemos que salir corriendo perseguidos por lobos?

  1. La primera respuesta es que, tanto los animales en general como las personas en particular, estamos preparados para sufrir estrés agudo y recuperarnos, pero los problemas surgen cuando aparece el estrés crónico.
  2. El segundo aspecto es que, como el hipotálamo no valora si la señal responde a algo tangible o a procesos psicológicos, pone en marcha siempre la misma respuesta de alarma.

Por lo tanto, si las personas estamos preocupadas durante largos periodos de tiempo –por los pagos de la hipoteca, por relaciones personales, por miedo a ser despedidos...– ponemos en marcha un sistema fisiológico que surgió para hacer frente a emergencias agudas de tipo físico, pero no para afrontar problemas psicológicos.

Cuándo el estrés afecta a la salud

En resumen, estamos preparados para una activación aguda y una recuperación posterior sin perjuicio para la salud. Pero, si tenemos que enfrentarnos a una nueva dificultad cuando aún no nos hemos recuperado de la anterior, la recuperación se retrasa y ese estado de activación urgente y momentáneo se hace permanente, se cronifica.

Estamos preparados para reaccionar ante emergencias, pero no podemos estar continuamente en estado de alarma

  • Las repuestas agudas del estrés relacionadas con las emociones negativas son adaptativas, nos ayudan a afrontar la situación y fortalecen el sistema inmunitario pero si se prolongan en el tiempo, se produce justo el efecto contrario.

Esto es lo que llamamos desregulación: cuando las reacciones corporales no son proporcionales a las agresiones, entonces se produce un efecto no deseado, se altera el metabolismo, se sobrecarga el sistema cardiovascular y disminuye la eficacia del sistema inmunológico.

Dicho de otro modo, nuestro cuerpo está preparado para reaccionar ante emergencias, pero no puede estar continuamente en estado de alarma, esto es lo que le lleva al agotamiento y pone en riesgo nuestra salud.

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