Jugar con una pelota

¿Existe un juguete más universal que la pelota? Es poco probable.

La pelota acompaña nuestros juegos desde el principio de los tiempos. Las primeras referencias nos llegan a través de la cultura olmeca, que se desarrolló en el Golfo de México hacia el 1500 a.C.

Las hay de tela, plástico, caucho, goma, cuero... incluso de cristal, como las canicas. ¡Con un papel de periódico arrugado conseguimos una pelota!

Grandes o pequeñas, pesadas o ligeras, duras o esponjosas, quizá es uno de los pocos juguetes que nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida. Siempre hay un juego de pelota apropiado a cada edad y momento. Mágico, ¿no?

Los beneficios de jugar con una pelota

Sin duda, no es casualidad que la pelota se haya convertido en uno de los juguetes por excelencia.

Por una parte, desde bebés despierta la curiosidad, poniendo en marcha nuestro cuerpo y nuestra mente: ¿Adónde irá a parar? ¿Por qué algunas botan y otras no? ¿Hacia dónde saldrá despedida?

Desde bebés despierta la curiosidad, poniendo en marcha nuestro cuerpo y nuestra mente

Por otra, propone múltiples retos: tirarla más alto, más lejos, hacia un lugar preciso, haciendo puntería, esquivando algo o a alguien...

Así se ejercitan habilidades y capacidades, como la precisión, la fuerza o la coordinación de movimientos, y también la observación, el razonamiento, la estrategia y la perseverancia.

Es todo un reto

Conseguir que la pelota haga lo que deseamos no es fácil; antes deberemos practicar. Lo que hace que los niños tengan la motivación de mejorar y aprendan que las cosas se aprenden y se consiguen con esfuerzo.

De ahí su componente afectivo-emocional: aprendemos a desarrollar defensas contra la frustración e incentivamos el aumento de la autoestima al superar el reto.

Los niños aprenden que se mejora a partir de la práctica y el esfuerzo

Para jugar con una pelota trabajamos la coordinación ojo-mano o pie, las habilidades motoras gruesas y finas, la conciencia espacial, las habilidades de agarre, el equilibrio, la coordinación de nuestro cuerpo, nuestras habilidades para resolver problemas, entre otras.

Juegos para jugar con una pelota

Todos conocemos infinidad de juegos para disfrutar al aire libre. En casa quizá resulta algo más difícil, pero no es imposible.

  • A pasarla: Jugamos sentados y con las piernas abiertas. Si la pelota no es perfectamente redonda, su trayecto es más imprevisible y sorprendente.
  • A seguirla: La pelota es un gran incentivador del gateo. Y si acaba detrás de una cortina, descubrirla será un placer.
  • A encestarla: Solo necesitamos una papelera y pelotas ligeras. Dependiendo de la edad y habilidad de los niños, podemos variar el tamaño del recipiente y las pelotas.
  • A colarla: Se trata de recortar diversas aberturas en una caja de cartón para colar las pelotas.