Por Imma Marín, asesora de la Fundación Crecer Jugando y miembro del Observatorio del Juego.

Jugar juntos con la naturaleza

La naturaleza nos ofrece múltiples posibilidades de juego ¡y de juguetes! Jugar al aire libre es, en sí mismo, liberador y enriquecedor.

El aire que respiramos, la brisa que nos envuelve, el sol y la sombra, el crujir de las hojas bajo nuestros pies, la recolección de frutos y semillas, los pequeños insectos que encontremos...

Fuente de juego y diversión

La naturaleza se nos brinda como una fuente inagotable de juego y diversión. Además, cada estación nos muestra distintas opciones.

Por ejemplo, en otoño es momento de identificar y contar los diferentes colores de las hojas. ¿Cuántos verdes hay? ¿O son marrones y rojizos? Y los sonidos... ¿Oímos a los pájaros? ¿Qué deben estar diciéndose? ¿Intentamos imitarles? ¡Qué difícil! Ah... y el placer de saltar sobre las hojas secas... ¡Cómo crujen! ¿Habéis probado a esconderos debajo? ¿Y a quién deben corresponder esas huellas?

Podemos aprovechar aquello que nos brinda cada estación para hacer diferentes actividades

Lo mismo sucede con el invierno y sus nevadas, el despertar de las flores en primavera o el calor del verano, momento en que podremos disfrutar con más intensidad de ríos y lagos.

Los que seáis más atrevidos podéis aprovechar para salir después de una buena lluvia. Ponerse el impermeable y las botas de agua ya es, en sí misma, una actividad extraordinaria para los niños.

No olvidéis coger una toalla, e incluso ropa de recambio, así podréis disfrutar mucho más relajadamente de todas esas acciones habitualmente prohibidas, que en ocasiones pueden convertirse en placenteras actividades de juego compartido en familia: saltar charcos o chapotear en ellos, mover las ramas mojadas de los árboles y hacer que la lluvia reaparezca por arte de magia, construir ríos y presas para unos troncos que se deslizan...

Los beneficios de acercarnos a la naturaleza

Acercando nuestros hijos a la naturaleza les ayudamos a desarrollar su curiosidad, motor de aprendizajes: aprenden a jugar de manera creativa y, por supuesto, les enseñamos a respetarla y quererla.

Es una excelente actividad para ellos y también para nosotros, ya que, en el bullicio propio de los juegos infantiles, incluso los conflictos se viven más relajadamente.

Disfrutando de la naturaleza desarrollan su curiosidad y aprenden a respetarla y a quererla

Jugar al aire libre es una gran ocasión para avivar la complicidad, la creatividad y la capacidad de observación.

  • Antes de salir pensad qué os llevaréis. El kit de explorador incluye calzado seco para la vuelta y una bolsa para los tesoros encontrados.
  • Esta vez no es necesario ir cargados con juguetes. La naturaleza atesora muchas posibilidades creativas.
  • Tener pensados algunos juegos puede ser útil: las cuatro esquinas usando troncos, las mil y una versiones del escondite, abrazar árboles...
  • La naturaleza también nos regala materiales con los que jugar en casa: las hojas caídas pueden decorar las ventanas de la habitación, las cortezas o las cáscaras siguen siendo magníficas para hacer barquitos o para construir casitas y ciudades para nuestros pequeños muñecos...