Calmar el llanto de los niños

"Hasta ahora no logro comprender por qué los niños pequeños no se ríen con la misma asiduidad con la que lloran.” A esta pregunta de Georg Christoph Lichtenberg, filósofo, matemático y “humorista” alemán, respondía Charles Darwin algunas décadas después:

“El arte de chillar se desarrolla perfectamente en los niños desde los primeros días debido a que les es de gran utilidad”.

El llanto es, efectivamente, el principal medio por el que el recién nacido puede comunicarse. Como todos los padres hemos observado, las expresiones de disgusto con gritos similares al sonido de las vocales son más precoces que las que manifiestan placer, con sonidos que adoptan la forma de consonantes (gorjeos, risas). Con respecto a estos primeros llantos, ¿cuánto lloran los recién nacidos? ¿Cuándo o cómo lloran más o, mejor, menos? ¿Se puede aliviar el llanto?

Una petición de ayuda

Hace unos años, en un hospital madrileño se realizó un estudio con recién nacidos durante sus primeros 90 minutos de vida. Comprobaron que los que permanecieron en contacto íntimo con sus madres (piel con piel) lloraron mucho menos que aquellos que estuvieron en sus cunas al lado de la cama de sus madres. De hecho, excepto uno, los niños que permanecieron con sus madres no lloraron en absoluto. Los que fueron colocados en sus cunas dejaron de llorar cuando se los puso en el regazo materno. Además, los recién nacidos que permanecieron en contacto con sus madres tuvieron mejor adaptación metabólica (glucemias medias más altas) y térmica (temperaturas medias más altas).

Los autores del estudio concluyeron, lógicamente, que el lugar más adecuado para los recién nacidos sanos es en íntimo contacto con sus madres. Afortunadamente, estas y otras contundentes pruebas van llevando, poco a poco, a un cambio en las rutinas hospitalarias. Por ejemplo, se ha demostrado que el contacto íntimo del recién nacido con su madre es eficaz en la disminución del llanto, las muecas de sufrimiento y la frecuencia cardiaca causados por maniobras dolorosas.

Los autores de este estudio hicieron también algunas consideraciones acerca del parecido de este llanto con la “llamada de angustia de separación” presente en muchos mamíferos recién nacidos, que se calma al reunirse con su madre, situación que denominaron “respuesta de confort”. En definitiva, este llanto provoca una actividad materna de recuperación de la cría y tendría, por lo tanto, gran importancia en la supervivencia.

Abrazos que alivian

Una vez pasados los primeros días, los niños siguen llorando con más o menos asiduidad. El modelo “normal” del llanto en los lactantes sanos de las sociedades industrializadas se caracteriza por su aumento hasta las seis semanas, seguido por una disminución hasta llegar a los cuatro meses, con predominio a última hora de la tarde.

En ocasiones se ha considerado que los niños de otras culturas que son llevados en brazos lloran menos. En un estudio llevado a cabo por pediatras canadienses se encontró que en el período del supuesto máximo llanto, es decir, a las seis semanas, los lactantes a los que se cogía más en brazos (cuatro horas al día en lugar de dos) lloraban la mitad de tiempo tanto a lo largo del día como por la tarde. Los autores concluyeron que la falta relativa de estar en brazos en nuestra sociedad puede predisponer al llanto.

Por otra parte, y sin necesidad de recurrir a estudios y libros, cuando vemos a un ser querido sufriendo –nuestra pareja, nuestro amigo, nuestra madre...–, tratamos de aliviarlo y confortarlo, ¿no? Y hablamos de adultos. ¿Qué razonamiento justifica que haya que dejar llorar a un bebé sin tratar de consolarlo?

Cólico del primer trimestre

Hay bebés que lloran más que otros y los hay que lloran mucho. Es lo que los pediatras llamamos cólico del lactante. Sobre el cólico han corrido ríos de tinta. Con frecuencia, cuando se escribe y se teoriza mucho sobre algo es porque se sabe poco al respecto. Que si los gases, que si la alergia a la leche de vaca, que si la ansiedad de las madres (pobres, que yo sepa no se ha escrito nada acerca de la ansiedad de los padres como causa del cólico)... Lo que sí sabemos es que suele ceder a los do sus propias herramientas tres meses, y eso es tranquilizador.

El Dr. William Treem, un pediatra norteamericano, hace dos consideraciones en una sensata revisión del tema:

  • El cólico es un síndrome que abarca un grupo diverso de trastornos de los que una minoría corresponde a problemas digestivos específicos. Esta minoría puede identificarse a través del cuadro clínico o por res- puesta a intervenciones terapéuticas concretas.
  • Muchos lactantes con cólico se calman cuando sus padres cambian la forma de responder al llanto.

La importancia del contacto

Respecto a esta segunda consideración, son esclarecedores los trabajos del Dr. Bruce Taubman. Este pediatra trató de comparar dos hipótesis con dos grupos de niños:

  1. El llanto en los lactantes sanos carece de finalidad y es inevitable. Así, el llanto continuado podría ser el resultado de la sobreestimulación producida por los intentos inútiles de los padres por calmar el llanto. El tratamiento consistiría en dejar que el niño llorase.
  2. Los lactantes sanos lloran para comunicar su deseo y continúan llorando si este no es satisfecho. En este caso, el llanto continuo podría deberse a que los padres, inadvertidamente, no responden a las necesidades del niño. Por tanto, el tratamiento debería consistir en ayudar a los padres a desarrollar respuestas más apropiadas.

A los padres de los lactantes del primer grupo se les aconsejó disminuir la estimulación. Era el método que el autor recomendaba antes de iniciar el estudio. A los padres de los niños del segundo grupo se les aconsejó hacer lo posible para que el niño no llorase mediante las siguientes recomendaciones:

  • Haga lo posible para que su niño nunca llore.
  • Considere como posibles causas: hambre, deseo de succionar, necesidad de ser cogido, aburrimiento y fatiga, y dé respuestas adecuadas.
  • Si el llanto persiste más de cinco minutos, intente otra respuesta.
  • No le preocupe dar demasiado alimento al niño. Eso no sucederá.
  • No le preocupe que pueda malcriar a su hijo. Eso tampoco sucederá.

En el primer grupo no hubo cambios relevantes en la duración del llanto. En el segundo, este disminuyó en un 70%. Explica el autor que, aunque hubiese sido preferible tener más bebés en el primer grupo, los paupérrimos datos obtenidos en los primeros seis niños lo convencieron de que no podía persistir en ese enfoque. Por otra parte, en el segundo grupo observó que cuanto más acusado fue el llanto, más impresionante resultó la mejoría. Conclusión: la interacción padres-hijo es un factor en el cólico; modificándola, el cólico puede ser tratado.

Así pues, la actitud más adecuada ante el llanto es tratar de tranquilizar al niño mediante el abrazo, el balanceo, el paseo... No está indicado el uso rutinario de medicamentos por su dudosa eficacia y sus posibles efectos secundarios. Y está especialmente contraindicado el uso de “anises”, porque pueden provocar una grave intoxicación, con irritabilidad e incluso convulsiones.

En definitiva, tratemos de consolar a los niños cuando lloran. Nada mejor que el regazo y los brazos de sus padres.

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