Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Disgrafía o dificultad para escribir: causas, síntomas y tratamiento
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Los trastornos del aprendizaje pueden afectar en gran medida al rendimiento del niño si no se tratan adecuadamente. Y uno de los más comunes es la disgrafía. Aunque puede presentarse junto a otros trastornos como la dislexia o el trastorno por déficit de atención, también puede aparecer de forma aislada.

Consiste en la dificultad específica para aprender el grafismo correcto de las letras y para escribir de forma legible. Una definición que se traduce en "mala caligrafía" o, literalmente, en que no se "entiende lo que escribe".

El problema es que esta mala caligrafía que detectan los padres y educadores suele confundirse a veces con una falta de habilidad de tener buena letra, con pereza o incluso con una inteligencia inferior.

Sin embargo, tal y como alertan los especialistas de Mejor Visión, esto es un gran error ya que en los niños con disgrafía tienen dificultades reales que les impiden el proceso de escritura.

Mucho más que mala letra

Como en otros trastornos del aprendizaje, los niños afectados que no están diagnosticados lo pasan francamente mal.

  • "Los niños con disgrafía luchan con la expresión escrita e incluso sostener un bolígrafo puede ser una tarea difícil para ellos", señalan.

El problema se empieza a hacer patente a partir de los 6-7 años y hay que remarcar que se da en niños con capacidad intelectual normal que han recibido una estimulación ambiental adecuada y que no sufren trastornos neurológicos, sensoriales o afectivos.

Simplemente tienen disgrafía, o dificultades con la expresión escrita, que no hay que confundir con la dislexia (dificultad para vincular un sonido o fonema con un símbolo o letra de manera automática), aunque a veces puedan aparecer a la vez.

Es muy importante detectarlo cuanto antes y tratarlo de la forma adecuada para que no afecte al rendimiento del niño y sufra lo menos posible.

Cuáles son las causas de la disgrafía

En la disgrafía, el cerebro del niño presenta problemas a la hora de organizar los pensamientos para escribir.

También puede deberse a una mala coordinación de los ojos con la mano, por lo que en tareas como la escritura, en las que se utilizan las manos y los ojos al mismo tiempo, habrá dificultades.

La disgrafía no solo se refleja en la mala letra. También puede provocar otros problemas que pueden hacer sospechar de ella:

  • Dificultad a la hora de realizar algunos deportes porque se confunde la izquierda con la derecha.
  • Problemas a la hora de pintar ya que se salen de la línea por la mala coordinación ojo-mano.

Síntomas de la disgrafía al escribir

La disgrafía presenta una serie de síntomas habituales que aparecen durante la primera etapa de escolarización. Según señala la Universidad de Nebrija, son los siguientes:

  • Problemas en la motricidad fina.
  • Lentitud a la hora de escribir respecto del resto de sus compañeros de aula, así como excesiva rigidez y tensión en el trazo.
  • Trazos no uniformes y caligrafía irregular.
  • Letras escritas al revés, es decir, escritura en espejo.
  • Diferencias de tamaño y grosor de letras.
  • Espacios desiguales entre líneas, palabras o frases. Dificultad para escribir sobre una línea.
  • Incapacidad para ajustarse a los márgenes.
  • Mala postura a la hora de realizar el gesto de pinza con lápices o bolígrafos, o a la hora de sentarse para escribir.
  • Problemas para deletrear.

En edades más avanzadas la disgrafía puede provocar errores gramaticales, de acentuación o puntuación.

Cómo se puede detectar la disgrafía

La figura del docente, incluso más que los padres, es clave para detectar la disgrafía.

La caligrafía del niño es lo que da más pistas sobre el trastorno, pero para también hay otras señales que ayudan a detectarlo de forma temprana.

Además de los síntomas descritos anteriormente con respecto a la escritura, cabe estar atento a las siguientes señales:

  • El niño tiene dificultad para recoger un objeto del suelo (debido a la falta de coordinación ojo-mano).
  • Le cuesta seguir las instrucciones de un juego.
  • Tiene problemas para explicar una historia o evita escribir.
  • Sus trabajos son sucios con palabras tachadas, o bien escribe tan suave que apenas puede leerse.

Cómo se trata la disgrafía

La escritura es una competencia básica, por lo que conviene trabajar la disgrafía para evitar el fracaso escolar.

Hay muchas estrategias para hacerlo y el consejo de un profesional es básico en este sentido.

Educadores, psicólogos especializados en trastornos del aprendizaje, psicopedagogos o logopedas pueden ayudarte.

En la red hay múltiples recursos y ejercicios para trabajar la motricidad fina, la coordinación ojo-mano o la postura corporal que ayudarán al niño a superar el trastorno, pero siempre conviene asesorarse por un profesional.