Imma Marín

El poder de la música

La música forma parte de la vida de los niños desde que nacen. Sus primeros juguetes (móviles de cuna, sonajeros, tentetiesos...) suelen incorporar silbidos, tonos, sonidos y músicas, que intentarán imitar. Y de este modo fomentarán su curiosidad, ensayarán su voz, dominarán sus movimientos y enriquecerán su creatividad y comunicación.

Mucho antes de hablar, los niños experimentan con los sonidos: balbucean, se comunican con onomatopeyas, ríen, canturrean... Y no es casualidad, ya que los primeros juegos están vinculados a los ritmos y melodías populares: los dormimos con nanas, les divertimos con juegos de falda, a menudo les hablamos con palabras cantadas...

Disfrutemos de la melodía

Dicen los expertos que la música tiene un poder que va más allá de las palabras y es cierto, la música acerca a las personas, provocando vínculos afectivos. Por suerte, la encontramos en cualquier lugar y al alcance de todos: el silbido del viento, la lluvia al caer, las palmas que hacemos con las manos y, por supuesto, la música que escuchamos y las canciones que cantamos. Además, mediante la música y las canciones, también expresamos emociones y sentimientos.

Sin embargo, antes de pensar en apuntar a los niños a una escuela de música es deseable dejarles que aprendan a sentirla y acariciarla. Desde que nacemos llevamos incorporados los elementos básicos que la constituyen: ritmo, sonidos, vibraciones, pulsación, silencios, repeticiones.

Acostumbrarlos a disfrutar de la música escuchándola, bailando a su ritmo, cantando... será sin duda una experiencia enriquecedora que proporcionará a los niños seguridad emocional y confianza en sí mismos.

Para disfrutar de la música no necesitamos ser grandes expertos, disponemos de todo lo necesario: nosotros y nuestro bebé.

Estas son algunas actividades con las que aprenderán a disfrutar de la música:

  • Los juegos de falda les dan seguridad y afianzarán nuestro vínculo. La melodía entrará a través del mimo y las risas.
  • Bailar libremente por todo el espacio al son de la música, ya sea clásica o canciones populares.
  • Cualquier hora es buena para cantar y cada momento puede tener su canción: levantarse, salir de la bañera...
  • ¿Y escuchar en silencio? Las notas musicales nos penetrarán y así descubrirán el placer de la escucha.

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