La genética también es clave en el comportamiento de los niños

Si tienes hijos o hermanos seguro que te lo has preguntado alguna vez: ¿cómo es posible que dos niños con los mismos padres y que se críen en el mismo entorno pueden ser tan diferentes? La clave puede estar en nuestro particular y único código genético.

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Danielle Dick
Danielle Dick

Catedrática de Genética Molecular y Psicología en la Universidad de Virginia

Eva Mimbrero
Eva Mimbrero

Periodista especializada en salud

La genética también es clave en el comportamiento de los niños
iStock by Getty Images

Los genes definen el carácter los niños así como lo hace la educación que reciben o el ambiente en el que viven.

En "El código del niño" (Planeta), la genetista y psicóloga del comportamiento Danielle Dick explica cómo los genes conforman también el carácter de los niños, un carácter que no solo depende de la educación recibida o del ambiente en el que viven.

  • "No es una cuestión de una o la otra, sino de las dos: una mezcla de influencias en la que tanto la genética como el ambiente repercuten en casi cualquier comportamiento", remarca la especialista. Pero el énfasis suele darse solo a una parte de esta ecuación, al papel de los padres y el entorno.

"Al aceptar la ciencia sobre la que se apoyan las diferencias individuales, podremos crear una cultura de crianza más solidaria y menos crítica"

  • "Así, nos estresamos hasta niveles inconcebibles, creyendo que lo que necesitamos es implicarnos más, cuando lo que hace falta en realidad es una implicación más inteligente", opina.

Los genes influyen, sobre todo, en tres rasgos del temperamento

La genética moldea nuestra conducta, haciendo que interpretemos y reaccionemos al mundo de distintas formas. Por eso es tan importante conocer y trabajar la disposición genética de nuestros hijos, porque al hacerlo podemos ayudarles a moverse mejor por el mundo.

  • "Ser consciente de aquello con lo que es más probable que disfrute tu hijo, de lo que quizá se le dé bien y de lo que podría suponerle un reto o un riesgo puede ayudarte a averiguar dónde has de esforzarte, qué estrategias de crianza podrían ser las más efectivas y cuáles podrían ser contraproducentes", escribe la genetista.

Pues bien, según Dick los rasgos fundamentales influidos por la genética son tres, que ella califica como "Las tres Es": la extraversión (factor "Ex"), la emocionalidad (factor "Em") y el esfuerzo controlado (factor "Ef").

Factor "Ex": ¿Tu hijo disfruta con las cosas nuevas?

Los niños con una Ex alta disfrutan conociendo gente nueva, yendo a sitios que no conocen, probando cosas nuevas... Son habladores, piensan en voz alta, hacen nuevos amigos con facilidad, les gusta ser el centro de atención y necesitan la aprobación de los demás.

En cambio, si su extraversión es baja, prefieren los grupos pequeños, les gusta observar antes de hacer algo nuevo, suelen disfrutar de actividades tranquilas, les cuesta confiar en la gente, no les gusta ser el centro de atención y están satisfechos jugando solos. No hay que confundir, eso sí, introversión con timidez.

  • "Pueden provocar conductas similares, pero la principal diferencia es que los niños de Ex baja disfrutan de la soledad y prefieren grupos reducidos. Los niños tímidos quieren formar parte del grupo, pero la socialización les da miedo. Y aunque la timidez está en parte influida por la genética (como casi todo), no se trata de un rasgo temperamental como tal", aclara la experta.

Ser conscientes de la tendencia natural de tu hijo puede ayudarte enormemente en la crianza. Por ejemplo, los niños de Ex alta pueden ser agotadores si los padres no tienen el mismo nivel de extraversión, mientras que los niños de Ex baja se pueden sentir abrumados ante mucha estimulación social.

  • "Comprender qué situaciones podrían suponer un reto para el temperamento de tu hijo o hija te ayudará a anticiparte y a prepararte para ellas", asegura Danielle Dick.

Factor "Em": ¿A tu hijo le suelen dar rabietas?

La emocionalidad se refiere a la tendencia infantil natural hacia la angustia, el miedo y la frustración, y cuando se tiene alta a los niños les puede costar más gestionar estos estados. En consecuencia, pueden responder a ellas con rabietas y salidas de tono.

  • "A los niños de emocionalidad alta se los califica de desafiantes, manipuladores, dados a llamar la atención, consentidos o malcriados. Y a los padres se los considera demasiado permisivos y poco disciplinados", expone la experta en psicología del comportamiento.

"Perder los estribos no te va hacer sentir mejor, y es probable que perjudique la relación con tu hijo"

  • Pero, en realidad, "al contrario de lo que se suele creer, a estos niños se les aplica más castigos y consecuencias, no menos. Si parece que ese padre es más permisivo con el mal comportamiento de su hijo en público, probablemente se deba a que ha aprendido que aplicar consecuencias solo empeorará su comportamiento y está intentando ahorrarles una escena a todos los presentes", relata.

Para la autora,"la alternativa a castigar el mal comportamiento es promover el buen comportamiento. Las recompensas han de ser entusiastas, específicas, inmediatas y coherentes. Céntrate en un número reducido de comportamientos y premia cada pequeño paso en la buena dirección", aconseja.

Factor "Ef": ¿Tu hijo es impulsivo o se contiene?

El último factor, el del esfuerzo controlado, hace referencia al modo en que los niños pueden regular sus emociones, su conducta y su atención.

  • Para entenderlo de forma sencilla, la autora nos pone como ejemplo una investigación llevada a cabo con una bolsa de golosinas. Mientras unos niños se lanzan a por ellas sin medida, otros se contienen durante un rato. También los hay que con una sola golosina ya tienen más que suficiente.

Hay que tener muy en cuenta que la mayoría de los niños tienen problemas de autocontrol porque la parte del cerebro que regula esta capacidad (el córtex prefrontal) tarda tiempo en desarrollarse.

  • "Recordar que tu hijo o hija no quiere llevarte la contraria, sino que su cerebro está centrado en el aquí y ahora, puede ayudarte a ser más paciente (y a
    practicar un mayor esfuerzo controlado) con la criatura",
    explica la autora.

Tu hijo es único, tenlo siempre presente

Para Danielle Dick, la buena crianza consiste en averiguar qué es lo mejor para el niño –para su singular código genético– a medida que este se va desvelando en las distintas fases evolutivas. Así, ayudándole a entender su temperamento innato, este podrá entenderse mejor a sí mismo y sabrá cómo gestionar sus tendencias naturales.

También es importante tener en cuenta que "lo que te funcionó con tu primer hijo podría no funcionarte con el segundo, y lo que le funciona a la hija de tu amiga puede que no te funcione a ti", expone.

  • "Al igual que con tu pareja o con tu mejor amiga, tu hijo es una persona independiente. Pequeña, claro, por lo que necesita que la ayudes a convertirse en su propia versión de la adultez. Pero es alguien único. Su naturaleza y su calidad dependerán en gran medida de si la aceptas y la quieres tal y como es", remarca.