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Una de las bases para dar el pecho con éxito es amamantar a demanda. Eso significa que el bebé toma leche cada vez que lo reclama. Sin límites en el número de tomas ni en su duración.

La lactancia a demanda es imprescindible para que la producción de leche del pecho se adapte a las necesidades del bebé.

¿Cómo dar el pecho?

El pecho no es un “almacén” sino una “fábrica”. Cuanto más mama el bebé, más leche produce. Si le damos el pecho al bebé menos veces o durante menos tiempo de lo que necesita, no sólo se quedará con hambre, sino que para la próxima vez el pecho producirá menos.

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El consejo “diez minutos de cada lado cada tres horas” ha dado al traste con millones de lactancias en todo el mundo. Y es importante puntualizar: siempre que quiera y todo el tiempo que quiera.

Porque la composición de la leche cambia a lo largo de la toma. Al principio es más ligera y al final es más grasa. El bebé necesita esta leche más grasa y nutritiva pero cuando son pequeñitos necesitan su tiempo, no lo consiguen en 10 minutos.

La composición de la leche cambia a lo largo de la toma: al principio es más ligera y al final es más grasa

Para amamantar a demanda es necesario que el bebé y la madre estén juntos en todo momento. Si en la nursery se esperan a que llore para ponerlo al pecho de la madre, estará ya muy contrariado y posiblemente no querrá cogerse. Y se puede llegar a creer que lo rechaza.

Signos de que todo va bien

  • Moja los pañales cinco veces al día.
  • Se suelta del pecho relajado.
  • Tu pecho está menos lleno que al principio.
  • El peso va progresando.
  • Está contento y su aspecto general es bueno.

Los beneficios de la lactancia a demanda

Si el bebé se alimenta a demanda elimina antes el meconio –las primeras deposiciones que tienen un aspecto líquido, negro y pegajoso–, ya que se establece un mayor funcionamiento en el tránsito del intestino. Mamar a demanda desde el principio tiene otras ventajas:

  • El paso del calostro a la leche definitiva es más rápido.
  • Además, al ver que el líquido ya es blanco, dejan de generarse en las madres las dudas sobre si la leche le ha subido o no.
  • Asimismo, el bebé va a perder menos peso.
  • También se ha observado que los niños que maman a demanda cuando llegan al tercer día toman más leche que los que no tienen libre acceso al pecho de su madre.
  • Por otra parte, la frecuencia de la ictericia fisiológica es menor en estos bebés.
  • Finalmente, cuando es el niño quien aprende a regular su propio apetito tiene menor riesgo de sobrepeso al llegar a la edad adulta.

Período intensivo de lactancia

Como un recién nacido tiene pocas reservas, aunque la madre dé el pecho sin limitaciones no puede permitir que en los primeros días el bebé pase períodos largos de tiempo sin alimentarse.

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Si el bebé mama menos de ocho tomas cada 24 horas, está adormecido y no se despierta para comer, se le debe ofrecer el pecho más veces.

Al principio, el bebé suele reclamar a su madre muy a menudo. Pero esta demanda tan alta no se mantiene toda la lactancia. Al cabo de unas semanas de práctica y conocimiento mutuo se llega a un equilibrio cómodopara la madre y para el niño.

Si mama menos de ocho tomas cada 24 horas y no se despierta para comer, se le debe ofrecer el pecho más veces

También es cierto que el bebé puede tomar de un pecho o de los dos. En este caso, cuando acabe el primero, se le ofrece el segundo. Si lo quiere, bien, y si no, también. Se sabe cuándo acaba porque lo suelta.

Sin normas fijas

Existen estudios que confirman la importancia de dar de mamar sin usar el reloj como referencia.

Posiblemente, los profesionales que en su momento decidieron los horarios que eran “normales” lo hicieron tras observar que la mayoría de los bebés tenía unas características similares, y fijaron una norma para todos, sin pensar ni siquiera en la edad.

Cada lactante tiene su propio estilo y su propio ritmo. No intentemos modificarlo: es parte de su personalidad

Así lo único que se logra es que unos niños se queden con hambre, porque necesitan más, que otros niños se empachen, porque necesitan menos, y que las madres se queden sin leche porque no hay una correcta estimulación del pecho.

El ritmo al que los bebés van espaciando las tomas es muy variable. Cada niño es un mundo, tiene su propia personalidad desde muy pequeñito, y eso se refleja también en cómo mama.

Algunos bebés se cogen al pecho poco rato pero muchas veces, otros gozan de él más tiempo y prefieren espaciar las tomas. Cada lactante tiene su propio estilo y su propio ritmo. No intentemos modificarlo: es parte de su personalidad.

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Cuando el niño está prendido al pecho no solo obtiene comida. También recibe calor, contacto físico, cariño, consuelo, seguridad...

En ocasiones, sus requerimientos, quizás acompañados de llanto, no responden únicamente a la necesidad de alimento sino a la de escuchar el latido del corazón de su madre, a la de sentirse abrazado, sostenido y consolado entre sus brazos.

Amamantar: una cuestión de equilibrio

La producción de leche de la madre viene determinada por la extracción que se hace del pecho. Si el niño se alimenta a demanda, ambas están en equilibrio.

Esta armonía se ve alterada en ocasiones durante las llamadas crisis de crecimiento, que no son más que adecuaciones de producción de leche ante episodios de crecimiento del niño: el bebé necesita más leche de la que la madre le puede ofrecer en ese momento y el pecho tarda unos días en acostumbrarse a la nueva situación.

Estas crisis suelen ocurrir a la primera semana de vida, hacia el mes y medio, y alrededor de los tres meses, aunque hay muchas variaciones individuales.

El bebé es quien decide

A demanda también significa que es el bebé quien marca el instante de abandonar la lactancia. Eso puede ocurrir en cualquier momento y de nada sirve desear dar más el pecho para evitar la retirada de la leche.

Al igual que tras el nacimiento la producción se incrementa cuando el bebé recién nacido mama con mayor frecuencia, cuando mama menos ésta disminuye de forma natural, hasta que llega un momento en el que el niño deja de tomar leche.

Claves para saber cuándo quiere mamar

No esperes a que llore. Cuando ocurre así ha habido varios momentos y señales anteriores que te Indican que tu hijo quiere mamar.

Es más fácil ponerlo al pecho cuando está en las primeras fases de demanda que cuando ya está llorando porque tiene hambre “de verdad”. ¿Cómo lo sabrás?

  • Aumento de la actividad.
  • Inquietud.
  • Movimientos rápidos de los párpados.
  • Gestos con los labios.
  • Mover la nariz como si oliera.
  • Intentos de ponerse las manos en la boca y succionar.
  • Gestos y suspiros suaves.
  • Ruidos de succión.
  • Nerviosismo.
  • Llanto.

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