Los niños también pueden sufrir el síndrome de las piernas inquietas

Un 2 % de los niños en edad escolar presentan este síndrome, considerado un trastorno del sueño. Las personas que lo padecen notan una sensación molesta en las piernas cuando están en reposo y tienen la necesidad imperiosa de moverlas. Este síndrome provoca un sueño nocturno fragmentado que hace que el niño esté fatigado durante el día o, por el contrario, demasiado activo.

Actualizado a
Nuria Blasco

Periodista

Piernas inquietas niños
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Hay una creencia generalizada de que el Síndrome de las Piernas Inquietas (SPI) es una enfermedad de adultos, pero la realidad es que, aunque es más frecuente que aparezca a partir de los 40 años, hay niños que también la sufren.

Se presenta en alrededor del 2 % de los niños en edad escolar y está considerado como un trastorno del sueño. Se percibe porque, entre otros síntomas, el niño tiene una sensación molesta en las piernas que le dificulta quedarse o permanecer dormido.

Su diagnóstico es complicado ya que los niños no saben explicar bien qué les pasa y en muchos casos se lleva a pensar que la inquietud del niño se debe a un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), dolores musculares, tics motores u otros trastornos.

Qué es el síndrome de las piernas inquietas

El síndrome de las piernas inquietas, también conocido como la enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno de origen neurológico que se caracteriza porque la persona que lo padece siente la necesidad imperiosa de mover las piernas cuando está en reposo, y nota una incomodidad o sensación desagradable en estas extremidades, generalmente por debajo de las rodillas.

En los niños, los síntomas pueden aparecer pronto, hacia los 5 o 6 años de edad.

Sus posibles causas

No se conoce la causa exacta, aunque se ha podido constatar que la deficiencia de hierro y las causas genéticas son los factores de riesgo más comunes de este síndrome.

Existe una estrecha relación entre el hierro y la dopamina (una sustancia del cerebro que tiene que ver con el movimiento de los músculos) y su carencia puede tener relevancia en este tipo de trastorno.

En el 70% de los casos de niños y adolescentes con síndrome de piernas inquietas tienen un familiar de primer grado que también lo padece. Además, si existen antecedentes familiares, los síntomas suelen aparecer antes de lo habitual.

¿Cuáles son los síntomas?

Los principales síntomas que produce este trastorno son:

  • Necesidad irresistible de mover las piernas (o de los brazos con menor frecuencia), acompañada o no de molestias en las piernas.
  • Los síntomas suelen aparecer en reposo (al estar sentado o acostado).
  • Al moverse, las molestias se alivian o desaparecen.
  • Durante el día las molestias pueden mejorar o incluso desaparecer pero al final del día, se da un empeoramiento de los síntomas.

En los niños, las sensaciones molestas en las extremidades pueden aparecer en cualquier momento del día, especialmente cuando están sentados en clase, en el coche o viendo la televisión.

Pueden describirlas como cosquilleo, hormigueo o picor y un deseo intenso y urgente de mover las piernas.

La forma de aliviarse es moviéndose, levantándose, caminando... aunque estas medidas son eficaces durante un periodo breve de tiempo.

Es frecuente que los síntomas varíen en intensidad y, a veces, desaparecen durante una época y luego vuelven a aparecer.

¿Qué consecuencias tiene?

Este síndrome suele provocar alteraciones del sueño como:

  • Insomnio al comienzo de la noche, causada por los síntomas sensitivos y motores.
  • Sueño nocturno fragmentado e inestable provocado por las molestias y consecuentes movimientos en las extremidades, que provocan micro-despertares que interrumpen el sueño.
  • Esto provoca que el niño esté fatigado y somnoliento durante el día o, por el contrario, demasiado activo.
  • Esta falta de descanso también puede alterar la capacidad de atención.

El trastorno de déficit de atención con hiperactividad puede coexistir en alrededor del 30 % de los niños que presentan el síndrome de las piernas inquietas.

¿Cómo se diagnostica?

Esta patología es difícil de diagnosticar porque los niños describen los síntomas de forma imprecisa.

El médico hará al paciente una historia clínica para valorar si los síntomas del niño coinciden con el síndrome y si existen antecedentes familiares, y también realizará una exploración para evaluar su estado general.

Puede solicitar un estudio hematológico (hemograma, glucemia, transaminasas, parámetros de función renal y ferritina) y de orina.

Además, el médico puede solicitar un diario de sueño o un registro con vídeo recogido por los padres. Si fuese necesario, para profundizar en las alteraciones del sueño, se podría realizar un estudio del sueño con una videopolisomnografía o una actimetría en una Unidad de sueño hospitalaria.

Muchas veces se da una coexistencia de este síndrome con diferentes alteraciones del sueño como terrores nocturnos, bruxismo, calambres musculares, etc. lo que dificulta aún más su diagnóstico.

El tratamiento para el SPI

El tratamiento del síndrome de las piernas inquietas se enfoca en calmar los síntomas.

Algunas de las siguientes medidas de higiene del sueño pueden ayudar a aliviarlos:

  • Horarios adecuados y regulares de sueño.
  • Tomar un baño en agua tibia poco antes de ir a dormir.
  • Masajear las piernas y aplicar compresas frías o calientes.
  • Consumir estimulantes como chocolate o refrescos con cafeína puede desencadenar o empeorar los síntomas.
  • Evitar algunos fármacos (por ejemplo, antihistamínicos).

Si un niño padece este síndrome es importante informar en el colegio para que le permitan moverse, dar un paseo de vez en cuando o cambiar de postura durante las horas de clase si lo necesita.

En el caso de que las analíticas indiquen déficit de hierro, el médico le dará un tratamiento adecuado.

Si el problema persiste o se agrava (generalmente es progresivo), sería recomendable acudir a un especialista en alteraciones del sueño para que indique si es necesario iniciar un tratamiento farmacológico.