Sobrevivir a una crisis de pareja

El siguiente artículo ha sido adaptado del libro De Pareja a Trío - Crisis de pareja tras el nacimiento de un hijo de Mónica Felipe Larralde (Ob Stare).

Presenta el camino hacia una relación de pareja basada en el amor más puro, real y generoso, en primer lugar con uno mismo, y, a partir de esa experiencia, comenzar a integrar al otro.

Volver a conocer a nuestra pareja

Lo realmente extraordinario es que la llegada de vuestro hijo no os sacudiera como personas primero, y como pareja después. A esta sacudida —a esta necesidad de repasar quién somos y cómo somos, en qué estamos de acuerdo y en qué no— la llamamos crisis de la pareja tras el nacimiento de un hijo.

Durante los años previos hemos ido construyendo un equilibrio más o menos estable en el que ya sabíamos qué cosas podíamos esperar de nuestra pareja. Creíamos que la conocíamos y, de repente, parece que nos levantamos cada mañana al lado de un desconocido.

La llegada de un hijo puede sacudirnos como personas primero y como pareja después

¿Quién es esa mujer malhumorada que constantemente me dice que lo que hago está mal? ¿Quién es ese hombre tan insensible que no se da cuenta de nada?

Debemos entonces volver a conocernos de nuevo, reparar lo que ya no sirve, crear nuevas estructuras para encontrarnos desde otro lugar y construir una nueva relación basada en valores más elevados que la anterior.

Confrontaciones por el modo de crianza

Pero vayamos por partes. Pareciera como si hubiera un eterno dilema entre cómo criamos a nuestros hijos y las consecuencias de esa crianza en nuestra relación de pareja. Un ejemplo típico de esto sería el clásico debate sobre si dormir con el bebé pone en peligro la vida sexual de la pareja.

Las personas partidarias del colecho aseguran que se puede tener relaciones en cualquier otro lugar de la casa; mientras que las personas detractoras aseguran que es una excusa, a veces inconsciente, que ponen muchas mujeres para dejar de tener relaciones sexuales con sus parejas.

A veces existe un problema de inmadurez inconsciente: tenemos al bebé y al hombre rivalizando por las atenciones de la madre

Sin embargo, si el colecho es la solución para que todos descansen mejor, es probable que la pareja se encuentre mejor y queden ganas de tener relaciones sexuales. Por otro lado, es poco probable que haya sexo después de dos semanas de llantos nocturnos y visitas a la habitación de al lado cada dos horas.

A veces pareciera que la mujer tiene que elegir entre la pareja y la cría. ¿A quién le da su compañía nocturna? ¿Por quién demuestra más amor? Realmente nos encontramos con un problema de inmadurez, muchas veces inconsciente. Tenemos al bebé y al hombre rivalizando por las atenciones de la madre.

Suena tan ridículo que pocas parejas se reconocerán en esta descripción, pero ocurre.

cuando hay resistencia a los cambios

En general, los cambios en sí no son los que provocan las crisis. Lo que provoca la gran crisis de pareja es la resistencia a los cambios.

La idea infantil de que podemos frenar el impulso de evolución y maduración de nuestra vida o los cambios que en ella acontecen es lo que más sufrimiento nos causa. Pero si lo miras bien, lo único que hay en tu vida es un cambio después de otro cambio o una crisis después de otra crisis, si te has estado resistiendo a cambiar.

En este momento, la crisis de pareja puede desencadenarse por casi cualquier cosa.

Lo que provoca la gran crisis de pareja es la resistencia a los cambios

He asistido semana tras semana a largos debates sobre el cansancio. Dormir bien es un factor fundamental para tener una buena maternidad y paternidad, para disfrutar del bebé y tomarte la vida con alegría.

Pero si cuando el padre se echa un siesta, nosotras montamos en cólera o si él no admite bajo ningún concepto que el niño duerma en la cama, creo necesario averiguar qué más cosas están ocurriendo en la pareja.

La dificultad de decir "no"

Quizá una de las peores herencias educacionales que las mujeres hemos recibido es la dificultad para decir «no». Nos da miedo la reacción de los demás o rehuimos el conflicto o necesitamos ir por la vida complaciendo a los otros.

A la larga, esta forma de funcionar genera graves desencuentros. A veces lo que ocurre es que la mujer se ha creído que la maternidad es un estado natural de renuncia y abnegación y no se permite expresar las necesidades que está teniendo.

La mujer ha creído que la maternidad es un estado natural de renuncia y abnegación

No eres menos madre por pedir a otra persona que atienda al niño dos horas de vez en cuando para dormir una siesta en condiciones, si es eso lo que necesitas. El niño te lo agradecerá en cuanto te vea regresar con una gran sonrisa y tus niveles de oxitocina repuestos.

Sin embargo, no terminamos de hacer lo que necesitamos pero esperamos a cambio que la pareja nos agradezca eternamente esa renuncia que, seguramente, ni siquiera sabe que estás haciendo.

En muchas ocasiones, las mujeres con las que hablo se ofenden porque los hombres se quejan de cansancio. Y también he escuchado de las mujeres quejas y quejas y más quejas. Parece que nada de lo que hace el padre puede satisfacer mínimamente a la mujer en esta etapa de la vida.

Es desolador recibir únicamente críticas cuando se está intentando ayudar, colaborar o criar como padre

Es verdaderamente desolador recibir únicamente críticas cuando se está intentando ayudar, colaborar o criar como padre; esas críticas deben de ser revisadas profundamente por las mujeres pues provocan enormes conflictos y un desgaste de fondo en la pareja.

Los cambios no son iguales para los dos

Recuerdo a una mujer, profesional e inteligente, que se quejaba de lo que su vida había cambiado y lo poco que había cambiado la de él: de alguna manera, quería que él se viera enfrentado a vivir una transformación similar a la que ella había experimentado.

Algunas mujeres se encuentran con una maternidad mucho más exigente de la que imaginaban y culpan al hombre

Parece que la mujer no pudiera expresar su malestar o cansancio más que a través de una crítica continua dirigida al padre de la criatura. Mi percepción es que algunas mujeres, que se encuentran con una maternidad mucho más exigente de la que habían imaginado, expresan continuamente la falta de aceptación de su rol culpando constantemente al hombre.

Durante mi juventud fui una feminista convencida de que la maternidad y la paternidad debían ser iguales, con las dos partes de la pareja ocupándose exactamente del cincuenta por ciento de la crianza. La realidad se encargó de hacerme notar que en los primeros tiempos los roles no son los mismos, aunque esto no significa que la madre desempeñe exclusivamente el rol de cuidadora, y el hombre exclusivamente el de proveedor.

Debimos reajustar la relación con mucho esfuerzo por ambas partes y no pocos conflictos

Pero es indudable que si deseo que mi hijo se desarrolle de manera sana, deberá contar con un vínculo estable y sólido con una figura principal de apego que, en mi caso, quería ser yo. Así que debimos reajustar la relación con mucho esfuerzo por ambas partes y no pocos conflictos.

Lo que significa cuidar a un bebé

Cuidar a un bebé no significa solo darle de comer o bañarlo o dormirlo. Significa cuidar de la persona que crea el vínculo principal con él para que así pueda entregarse sin demasiado agobio; significa acompañarlo con cariño; significa estar presente mientras el bebé se permite aventurarse en el mundo; significa sostenerlo en brazos cuando lo necesite; significa jugar…

Sin embargo, muchas mujeres nos sentimos desbordadas cuando el bebé exige nuestra presencia y ningún otro adulto puede sustituirnos. Un bebé es un ser profundamente dependiente en proceso de individualización. Y esto parece ser que es lo que no terminamos de comprender muchos adultos.

Una mujer puede sentirse desbordada por la experiencia de estar a disposición de otro ser humano veinticuatro horas al día

La mujer que llega a la maternidad sin haber entendido y aceptado este proceso natural puede sentirse desbordada por la experiencia de estar a disposición de otro ser humano veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

Surgen en nosotras los miedos, las resistencias y las ideologías que nos impulsan a escapar de la realidad de que el bebé nos necesita.

El hombre que acompaña a una mujer que está pasando por esta experiencia, que puede ser realmente dura, no termina de comprender cuál es el problema ni cómo se siente la mujer.

Nosotras tampoco acertamos a explicarnos qué nos pasa: lloramos cuando no queremos, nos enfrentamos a nuestras madres, no soportamos a la suegra... Pueden ser las hormonas, es cierto, pero no solo. Es posible que también nos sintamos víctimas de una presión social sobre quienes somos y quienes deberíamos ser que puede ser realmente incómoda.

El momento de la vuelta al trabajo

Sean cuales sean las decisiones que tomes como madre y mujer, siempre deberás pagar un precio. Si dejas de trabajar temporal o completamente para cuidar de tu hijo, sentirás sobre tu cabeza las palabras y estereotipos sociales que describen a una mujer que se ocupa de sus hijos: maruja, ama de casa, mantenida…

Y al contrario, quizá estés considerando que no eres una buena madre por ir a trabajar y dejar a tu hijo al cuidado de otros. Querer vivir el mundo laboral con sus exigencias y saber las necesidades del bebé y querer cubrirlas en el tiempo en el que se está con él a menudo nos deja exhaustas y estresadas.

El malhumor nos invade, y la sensación de vivir al límite, durmiendo poco, ocupándose veinticuatro horas al día de multitud de detalles, pretendiendo llegar a todo y a todos, es un excelente caldo de cultivo para una crisis de pareja… sobre todo si tu compañero quiere dormir la siesta.

Es entonces cuando ese hombre tranquilo de natural disposición a la relajación del que nos enamoramos nos saca de nuestras casillas. El conflicto está servido.

La gestión de las emociones

Observo que estas situaciones no se plantean de forma racional. Nos resulta muy difícil averiguar qué está sucediendo en nuestra relación y damos por sentado que las cosas no están funcionando porque el otro tiene la culpa.

En el conflicto que surge tras el nacimiento del niño surge un elemento nuevo que aún nos descoloca más: las emociones.

Nuestra generación no está familiarizada con la gestión de las emociones, y eso es caótico

Creo que, en general, nuestra generación no está familiarizada con la gestión de las emociones, y eso es caótico, porque juegan un papel crucial para la supervivencia. Haber crecido reprimiendo emociones y desconociendo su importancia nos ha hecho especialmente vulnerables a ellas.

Es común en los hombres que cualquier sensación de malestar se traduzca en enfado o ira, ya que esas han sido las emociones que se les han permitido expresar. Las demás: vulnerabilidad, miedo, alegría, sorpresa… se quedan ocultas en el cajón.

El caso es que así, la comunicación se resiente, porque es muy difícil interpretar que ese enfado es en realidad miedo, por ejemplo. Y lo mismo nos ocurre a nosotras. A veces solo podemos llorar, gritar o culpar al otro sin que haya una intención de resolver la situación que está ocurriendo ahora.

Las emociones nos permiten ponernos en marcha, actuar, movernos, modificar las circunstancias para recuperar el equilibrio corporal u homeostasis...

En los hombres que cualquier sensación de malestar se traduzca en enfado o ira

Si de pequeños hubiésemos actuado de acuerdo a las emociones que estábamos experimentando en cada momento, ahora no tendríamos toda esa carga emocional presionándonos para salir en cada momento.

La presión del hombre como proveedor

De igual manera, asumir la responsabilidad de la nueva vida como proveedor económico puede poner al hombre contra las cuerdas, generando mayor estrés, sobre todo si se tiene un revés en el campo profesional o este no se ha desarrollado conforme a las expectativas que se tenían previamente.

El estigma de hombre fracasado profesionalmente puede provocar una crisis muy intensa en ellos, sobre todo si le acompaña la paternidad. Y es que las construcciones identificativas de los hombres están profundamente enraizadas en su labor profesional.

Ahora han de demostrar lo hombres que son: profesionales, solventes y fuertes. Ante esta presión, puede manifestar su malestar interior con estallidos de ira, que es de las pocas expresiones emocionales que se le ha permitido exteriorizar. También pudiera manifestarse a través de síntomas físicos: lesiones, enfermedades más o menos leves, etc.

Distintos criterios en la crianza

La pareja puede tener modos muy diferentes de ver, hacer y percibir la crianza. Este es un elemento central de la relación, y muchas de las discusiones vienen motivadas por los desacuerdos en torno a la educación de los niños.

Una discusión clásica en un primer periodo de la crianza gira en torno a cuándo coger en brazos al niño, si al primer indicio de llanto o después de unos minutos. Y aquí hay que hacer gala de un enorme respeto para todos y de unas habilidades de negociación que ya las quisieran para sí los representantes políticos internacionales.

El que nuestra pareja no acepte o comparta la visión de la educación de los hijos puede provocar conflictos de enorme magnitud

En este caso, aconsejo a la parte más informada que se llene de paciencia para ir trasladando la información a la otra parte. Y le pase algún que otro texto (breve y claro) sobre el tema en cuestión para propiciar después un debate entre ambos.

Sin embargo, no se necesitan manuales para criar ni educar a un niño. Se necesita más bien escucha honesta para saber qué está necesitando el bebé en este momento, empatía emocional para ponernos en su lugar y presencia sincera, y eso, por más que nos empeñemos, ningún libro puede proporcionárnoslo.

Cuando las diferencias son insalvables

Muchas veces, las mujeres se preguntan, en plena crisis, cómo es posible que hubieran elegido a esa persona para que fuera el padre de sus hijos.

Y estoy segura de que muchos hombres se preguntan también cómo no vieron en ella a la mujer controladora, crítica y despectiva en la que se ha convertido.

A veces, cuando las diferencias son imposibles de salvar, se hace necesario revisar la viabilidad de la pareja

La única respuesta posible es que nos toca pasar del enamoramiento al amor consciente. Aquel que emerge como una respuesta natural al proceso de aceptar al otro…

Alguno se estará preguntando: ¿He de aceptar todo de la otra parte? No, todo no. No creo que sea necesario ni conveniente ni beneficioso aceptar las faltas de respeto, las agresiones o las violencias emocionales, vengan de donde vengan. Ni siquiera las nuestras.

A veces, cuando las diferencias son imposibles de salvar, se hace necesario revisar la viabilidad de la pareja.