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La formación de gas es una parte más del proceso digestivo, un subproducto inevitable que se genera al descomponer los alimentos.

Sin embargo, a veces se convierte en una consecuencia bastante desagradable que ocasiona una incómoda sensación de plenitud abdominal, hinchazón y malestar general que aumenta con el movimiento.

En condiciones normales, llegamos a generar entre 0,6 y 1,8 litros de gas por día que circulan por nuestros intestinos hasta que se expulsan o se reabsorben en el estómago.

de dónde vienen nuestros gases

Principalmente son dos los orígenes de este gas:

  • Del aire que tragamos (se denomina aerofagia).
  • Del gas que producen las bacterias internas (sobre todo del colon) y que han fabricado a raíz de descomponer los alimentos ingeridos. Con esa descomposición (paso necesario para asimilar los nutrientes), los microorganismos generan hidrógeno y metano.

Lo bueno del asunto es que la mayoría de las veces ese gas proviene del exterior, es decir, se genera cuando hablamos alto y fuerte, masticamos deprisa o mantenemos una conversación mientras estamos comiendo.

La mayoría de las veces el gas viene del exterior

Que en su mayor parte provenga del exterior no deja de ser buena noticia porque eso significa que seguramente no existe una alteración interna –como por ejemplo una malabsorción intestinal o una intolerancia concreta– y que con toda probabilidad es más fácil vencer el problema.

Así lo solucionas con un masaje

  • Coloca 4 dedos horizontalmente sobre el ombligo y masajea en círculos 2 minutos hacia la derecha y luego hacia la izquierda.
  • Baja un par de dedos y masajea con presiones suaves moviendo tus dedos en círculo, también hacia un lado y el contrario.
  • Finalmente, masajea 4 dedos por debajo del ombligo con un movimiento circular en ambos sentidos de las agujas del reloj.

Mejor no hacerlo si...

Sospechas (o tu médico te ha advertido) que tienes obstrucción intestinal, si notas un bulto en el abdomen que no se desplaza ni se ablanda al tocarla o si te han realizado recientemente una cirugía abdominal. Tampoco conviene practicarlo inmediatamente después de comer.

5 gases diferentes recorren el cuerpo

El gas intestinal está fundamentalmente compuesto por nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, hidrógeno y metano. Además hay gases sulfurosos que son los culpables del olor.

  • Si los fluidos acumulados en el estómago no se logran expulsar por la boca, permanecen en el saco estomacal durante un tiempo, mientras las enzimas que se encuentran allí van actuando sobre los alimentos ingeridos.

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  • Luego, van pasando en pequeñas cantidades hacia el intestino delgado (es ahí donde el organismo absorbe los nutrientes) y se aprovechan de los movimientos naturales que allí se producen para ir avanzando por el intestino grueso.
  • Hay que decir que los desechos que nuestro cuerpo no ha necesitado sirven “de alimento” a las bacterias y esa fermentación genera más gases.
  • Tras ese recorrido, por fin llegan al final, al ano. En condiciones normales, ese circuito se realizar sin generar ninguna molestia.

El dolor por gases puede llegar a ser muy intenso

  • Sin embargo, en ocasiones se “atrincheran” en el estómago más tiempo del debido (quizá por un estreñimiento ocasional y una disminución de los movimientos del intestino) y es cuando pueden dar lugar a una hinchazón muy molesta (por ejemplo, no es posible abrochar la ropa que horas antes sí cabía o se produce una sensación de “globo”) e incluso dolorosa (con cólicos).
  • De hecho, el dolor por gases puede ser tan intenso que a veces los médicos lo confunden con una apendicitis, con un cólico renal o con un ataque cardiaco, un infarto.

Cuando la causa no es masticar rápido

Se ha comprobado que no todas las causas se deben a la alimentación.

  • Una dentadura postiza que no está bien ajustada, por ejemplo, provoca que no mastiques bien y que entre más aire.
  • Algo similar pasa cuando duermes con la mascarilla anti-apneas del sueño, ya que penetra un exceso de aire en el estómago.

A veces los gases están producidos por un trastorno

  • Otras causas como la enfermedad celiaca, la intolerancia a la lactosa o a la fructosa o una secreción postnasal crónica pueden aumentar la cantidad de aire ingerido.
  • También se relacionan los gases con la presencia de la bacteria Helicobacter pylori, responsable de algunas úlceras estomacales.

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Si consideras que la cantidad de gas que notas últimamente es excesiva o te produce más molestias de lo habitual, deberías hablarlo con tu médico por si se hubiera producido alguno de los trastornos que hemos mencionado.

Pero si esa acumulación es esporádica y coincide con circunstancias “ambientales” o nutricionales que hemos citado, quizá te ayude un masaje abdominal a tiempo.

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