Por Eva Mimbrero, periodista especializada en salud

PIEL

La función de la piel –que es el órgano más grande que tenemos– es similar a la de un vigilante de seguridad.

  • Está atento y deja pasar o no a quien viene de fuera del edificio (que sería nuestro cuerpo).
  • Al mismo tiempo, se encarga de que el inmueble esté bajo control y, en caso de que ocurra algo, da la señal de alarma (en forma de diferentes síntomas como heridas, manchas, picor...).

La piel tiene unos 2m2 de extensión aproximada

Por eso es tan importante prestar atención a la piel y a las alertas que nos envía. Porque, a veces, el origen de los síntomas está en otros órganos. Repasamos los más frecuentes y qué trastornos pueden estar detrás.

1. ¿te pica todo el cuerpo?

La piel se vuelve más seca con el paso de los años. Por eso es relativamente frecuente no darle importancia, pensando que es cosa de la edad. Pero en ocasiones el prurito alerta de que algo anda mal en...

La tiroides

Es uno de los síntomas probables cuando esta glándula está alterada, ya sea porque trabaja más de la cuenta (hipertiroidismo) o porque va a un ritmo muy lento (hipotiroidismo, que además puede provocar que las heridas tarden en cicatrizar).

  • Tenlo en cuenta si, además, te notas muy acelerado e irritable, tienes palpitaciones y estás perdiendo peso sin motivo aparente (signos típicos del hipertiroidismo). O si, por el contrario, estás siempre cansado, has ganado peso y tu pelo y tus uñas parecen más débiles (posibles consecuencias del hipotiroidismo).

El riñón

Cuando no trabaja bien, su función de filtro se ve alterada. Esto provoca que haya un exceso de ciertas sustancias en el organismo, como por ejemplo el magnesio, el calcio, el fósforo o la histamina. Y se sospecha que esto contribuye a la aparición del picor.

El hígado

En él se fabrica la bilis, que luego se almacena en la vesícula biliar. Cuando el paso entre ambos órganos se obstruye puede aparecer el prurito, normalmente intenso.

2. ¿Te han salido manchas rojizas?

Las causas que están detrás son numerosas, desde una reacción alérgica a la dermatitis atópica, pasando por la psoriasis. Pero hay otros factores que, a simple vista, no están tan ligados a la piel y que es posible que provoquen su enrojecimiento.

Una diabetes mal controlada

Cuando los niveles de azúcar en sangre son muy altos, los capilares sanguíneos se dañan y debilitan, y esto facilita la aparición de manchas rojizas, normalmente en las piernas, capaces de alcanzar el diámetro de una canica y que, con el tiempo, adquieren un tono marronoso.

Este trastorno se conoce médicamente como dermopatía diabética.

  • No es la única señal que la diabetes suele provocar en la piel: es posible que tus heridas tarden en curarse o que aparezcan otro tipo de manchas, de un rojo no tan subido, planas y que, con el tiempo, se vuelven amarillas.

Unos vasos sanguíneos inflamados

Es lo que los especialistas llaman vasculitis: provoca que los vasos se debiliten y que a la sangre le cueste más pasar por ellos. Esto favorece la aparición de pequeñas y numerosas manchas de un rojo intenso, sobre todo en las piernas.

  • Aunque la alteración no es frecuente, son varios los factores con capacidad para provocarla: una infección, trastornos autoinmunes como la artritis reumatoide o incluso a una reacción alérgica por la toma de fármacos (ciertos analgésicos, algunos antibióticos...).

3. ¿muchas ronchas en un área concreta?

Lo primero que puede venirte a la cabeza si te ocurre es que eres alérgico a algo (polvo, polen, látex, ciertos alimentos...), o incluso que un insecto te ha picado varias veces. Pero las ronchas no siempre se deben a estas causas:

Tal vez eres intolerante al gluten

Aunque no es un síntoma muy frecuente, la celiaquía a veces provoca la aparición de pequeñas ron- chas o ampollas agrupadas –una erupción que recuerda a la de la culebrilla, o herpes zóster– que acostumbran a picar mucho.

  • El nombre de este trastorno es dermatitis herpetiforme, una alteración que se estima padecen entre un 15 y un 25% de las personas con celiaquía.

Puede ser síntoma de una infección

La histamina que genera el cuerpo para avisar a nuestras defensas de que deben ponerse en marcha y luchar contra virus y bacterias puede acabar provocando esta reacción.

  • Es uno de los posibles síntomas, por ejemplo, de la enfermedad del beso (o mononucleosis) y de la COVID-19. Sospecha si, además de las ronchas, tienes fiebre.

4. ¿Te suelen salir llagas en la boca?

Estas pequeñas lesiones que afectan a la mucosa de la boca son relativamente frecuentes.

Se calcula que 2 de cada 10 personas las sufren a menudo

  • Es común que se general morderse o tomar algo muy caliente, después de haber estado enfermo, en periodos de estrés, como reacción alérgica a algún alimento o incluso tras unos días tomando antibióticos.

Asimismo, pueden ser signo de trastornos crónicos como los siguientes.

Enfermedades inflamatorias intestinales

La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn no solo perjudican a las mucosas del intestino. En ocasiones debilitan las de otras zonas, como la boca.

De hecho, en algunos casos las llagas o aftas son el primer signo de alerta de ambos, que suelen provocar también dolor abdominal, diarreas y pérdida de apetito.

El lupus

Este trastorno autoinmune, que provoca que las defensas del cuerpo ataquen a nuestras propias células, afecta a muchas partes del cuerpo, y una de ellas es la boca.

Por eso, no hay que descartar que sea el origen de las aftas, sobre todo si se sufren con frecuencia y sin una causa aparente.

5. ¿Hay pequeños puntos bajo tu piel?

Se conocen como petequias, y se originan por la ruptura de los diminutos vasos sanguíneos que tenemos bajo la piel. A veces se generan tras un esfuerzo intenso (vomitar, un ataque de tos...) y el paso de los años los favorece. Pero también es posible que se formen por:

  • Un nivel bajo de plaquetas. Son las que hacen que la sangre coagule y su nivel puede alterarse por enfermedades como la anemia o por una falta de vitamina B12 (presente en alimentos de origen animal).

La psoriasis no solo afecta a la piel

Manchas rojas y escamas son su signo más visible. Pero se ha comprobado que, además, este trastorno inflamatorio crónico facilita la aparición del síndrome metabólico (que aumenta el riesgo cardiovascular).

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