Qué efectos psicológicos puede tener el fin de la mascarilla

El uso de la mascarilla va a dejar ya de ser obligatorio para la mayoría de la población. Algunos lo verán como un alivio y para otros será un motivo de angustia. Después de dos años de tenerla siempre a mano, ¿cómo nos afecta psicológicamente? Los expertos nos revelan que hay menos problemas de los que parece.

Actualizado a
Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Efecto psicológico de sacar la mascarilla covid
iStock by Getty Images

Si no eres un trabajador sanitario o de residencia, o una persona de riesgo, es muy probable que dejes de usar la mascarilla. O quizá tú no. ¿Va a tener impacto psicológico el final de las mascarillas en una parte importante de la población? Los psicólogos creen que poco.

Puede darse una sensación de desprotección. De que no nos sintamos a gusto si tenemos una conversación muy cercana, como a medio metro, con extraños con un dependiente en una tienda por ejemplo”, nos explica Enric Soler, profesor de Psicología de la UOC.

En todo caso la primera sensación va a ser de liberación para la mayoría, porque llevamos mucho tiempo con la mascarilla puesta”, añade.

No hay síndrome de cara descubierta

¿Vamos a tener miedo de volver a enseñar la cara? La retirada de las mascarillas se ha estado haciendo de modo gradual. Ya no la usábamos ni en la calle ni en bares o restaurantes. Por eso el impacto tampoco va a ser el mismo que la primera vez.

Hemos incorporado la mascarilla como un objeto más de nuestra vida y conviviremos unos llevándola y otros no

Al final de la primera ola de la pandemia, en junio de 2021, sí se empezó a hablar del “síndrome de la cara vacía”, cuando nos reencontrábamos después del confinamiento.

Solo pasó con respecto a la gente que habíamos conocido en esas semanas y que habías visto siempre con la cara tapada. No con los que ya conocías”, explica el profesorSoler. Se produce un hecho característico. Cuando solo ves una parte de la cara, tenemos tendencia a imaginar que la cara no visible resulta más perfecta de lo que es en realidad.

Eso llevó a algunas decepciones. Lo que no deja de ser anecdótico. Los psicólogos creen que no hay que dramatizar ese impacto. No ha habido ningún estudio científico que se haya hecho eco de su existencia. Para la ciencia ese síndrome no existe.

Quién tendrá más problemas

Las personas especialmente sensibles al riesgo de enfermedad, los hipocondríacos, aquellas personas que han sido más rigurosas en el seguimiento de las medidas de protección, pueden acusar más el cambió. Si además han conseguido esquivar el virus, habrán visto reforzada su conducta.

  • Estas personas pueden seguir llevando mascarilla. Nadie les va a decir nada por ello”, aconseja el psicólogo.

Hay que normalizar las dos conductas y desestigmatizar a la gente la lleve o no la lleve. Convivirán unos y otros con normalidad. “Hemos incorporado la mascarilla como un objeto más de nuestra vida cotidiana”, recuerda Soler.

También las personas muy tímidas o que tuvieran problemas previos por mostrar algún defecto pueden verse más afectadas transitoriamente por el cambio.

Cómo afectará a niños y adolescentes

Si hay un colectivo en el que se ha puesto más el foco a la hora de defender el fin de las mascarillas es el de los niños. Muchas voces médicas, desde consejeros de sanidad a pediatras, pedían desde hace tiempo que se quitara la mascarilla de los colegios a la vista de que los estudios reflejaban que no había más contagios por sin ella.

¿Para ellos tiene algún impacto negativo verse la cara? Ninguno. “Los niños son como esponjas. Se adaptan a todo. Pero lógicamente será más fácil y agradable poder atender al profesorado con la cara descubierta”, opina el psicólogo.

Debemos aprender y asumir que igual que nos la quitamos podemos volver a necesitarla

Tampoco hay evidencia científica de que la mascarilla ha perjudicado el desarrollo cerebral de los bebés, como se dijo. Los bebés no han convivido con padres con mascarilla todo el rato. En casa se la quitaban. Así que se habrán podido ir acostumbrando a ver gente que lleva o no, como quien se cambia de ropa.

Tampoco en esa etapa tan difícil como es la adolescencia. “Como su papel es desafiar a los adultos, los adolescentes creo que se vieron más afectados cuando se vieron en la obligación de llevar mascarilla. Ahora se quitan un peso -dice Soler-. A algunos les ha ido bien porque les ocultaba unos granos, y a otros les habrá molestado. No creo que sea un colectivo especialmente afectado."

¿Y si vuelven las mascarillas?

Hemos aprendido que tenemos que ser muy ágiles en adoptar medidas, que no somos individuos solos, que estamos interconectados, que hemos de informarnos de fuentes fiables y contrastados. Hemos aprendido muchas cosas.

Debemos tener apertura de mente para volver a responder con rapidez a posibles nuevos retos que nos plantee el virus, y estar preparados por si hay que volver a tomar medidas”, recomienda el psicólogo.

No hemos de temer esa posibilidad. Asumirla como una realidad posible. Está pasando en Asia, que viven ahora época de confinamientos.