tipos grasa corporal

Conocer los diferentes tipos de grasa corporal que tenemos, cuál es más beneficiosa para la salud y cuál resulta más dañina, y qué podemos hacer para lograr un equilibrio resulta de gran ayuda para mantener a raya la obesidad y otros trastornos como la diabetes tipo 2.

Jonatan Ruiz, profesor del departamento de Educación Física y Deportiva de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada, y uno de los mejores investigadores en el ámbito de las Ciencias del Deporte según el último ránking Webometrics del CSIC, nos da los detalles sobre el tema.

Grasa blanca y grasa parda

Como el resto de mamíferos, tenemos principalmente dos tipos de tejido adiposo: el blanco y el marrón o pardo.

Y lo curioso o interesante es que tienen dos papeles totalmente opuestos en el metabolismo energético. De ahí la mala fama de la grasa blanca y la buena fama de la grasa parda. Tal y como nos explica Jonatan Ruiz:

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  • La grasa blanca tiene la capacidad de almacenar energía en forma de triacilgliceroles (moléculas de ácidos grasos, popularmente conocidos como triglicéridos) y de liberarla en forma de ácidos grasos libres y triacilgliceroles. En realidad, es una reserva de energía del cuerpo y, de hecho, supone el 20-25% de la grasa corporal.

La blanca es una reserva de energía, la parda produce calor quemando glucosa

  • La grasa parda, por su parte, tiene la capacidad de oxidar glucosa y lípidos para convertirlos en calor.

Lo bueno de la grasa parda

Su principal función es termorreguladora, es decir, protegernos del frío cuando nos exponemos a bajas temperaturas.

  • Se sitúa sobre todo en la zona del cuello, la parte superior de la espalda y las arterias renales.

Tradicionalmente, explica el investigador de la Universidad de Granada, se creía que la grasa parda estaba presente única y exclusivamente en recién nacidos, y que era la responsable del proceso de termogénesis no dependiente de la tiritona, pero que no tenía ningún papel relevante en adultos.

Esta grasa consume glucosa y lípidos, así que es la que ayuda a adelgazar

Sin embargo, la ciencia ha demostrado que este tipo de tejido adiposo tiene una función importante en adultos a nivel metabólico. Y es que, al consumir glucosa y lípidos, podría ser un buen aliado para combatir la obesidad y la diabetes.

La grasa blanca también es necesaria

Como decíamos, el blanco es el tejido adiposo más abundante en el organismo (20-25%).

En los hombres se acumula sobre todo en la zona abdominal; y en las mujeres en las caderas y los glúteos.

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  • "Además de servir de reservorio de energía cumple funciones metabólicas muy importantes. Sin grasa blanca, por ejemplo, la función reproductora de la mujer se vería seriamente afectada", afirma Jonatan Ruiz, co-director del Grupo de Investigación PROFITH (Promoting Fitness & Health through Physical Activity).

El problema, obviamente, es un exceso de este tipo de tejido adiposo. Y la principal causa de ello es una dieta rica en hidratos de carbono simples y grasas y la falta de ejercicio.

¿Es posible aumentar la grasa parda?

Este tipo de grasa se activa cuando sentimos frío a través del sistema nervioso simpático para producir calor y aumentar la temperatura corporal.

Pero, además del frío, se están estudiando otra formas de activar este tipo de grasa para convertirla en un aliado y combatir trastornos como la obesidad.

  • Un forma de hacerlo sería mediante el ejercicio, aunque todavía se desconoce si es la única o la mejor.

Grasa visceral, capítulo aparte

En realidad, se trata de grasa blanca que se acumula alrededor de los órganos abdominales. Y es mucho peor que la que se concentra en los glúteos o los muslos.

El Dr. Francisco López-Jiménez,Jefe de la División de Prevención Cardiovascular y Profesor de Cardiología y Medicina Interna de la Clínica Mayo en Rochester (EE. UU.), explica a Saber Vivir que:

  • Esta grasa está"pegada"a los órganos y tiene unas características metabólicas diferentes a las del resto del cuerpo que la convierten en más dañina.
  • Hace que suba el colesterol malo y baje el bueno, aumenta la presión arterial, y por lo tanto el riesgo de hipertensión, y afecta al metabolismo del azúcar favoreciendo la diabetes.

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  • La combinación de todo esto dispara el riesgo de infarto y de embolia cerebral.
  • Y aunque los valores de glucosa, colesterol o tensión sean normales, no hay que fiarse porque provoca cambios metabólicos en el hígado que generan inflamación y hacen que circulen en la sangre sustancias tóxicas como los llamados ácidos grasos libres, que son perjudiciales para el corazón.

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