tratamientos espalda

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El dolor de espalda, sobre todo lumbar, afecta a muchísimas personas. En un reducido número de casos se debe a una alteración de la estructura de la columna o a una enfermedad.

Pero muchas veces corresponde a lo que se denomina un síndrome mecánico inespecífico y resolverlo es todo un reto. Por fortuna, la ciencia no deja de avanzar y son muchas las investigaciones abiertas en este campo.

De todo ello hemos hablado con el Dr. Francisco Kovacs (Unidad de la Espalda Kovacs Hospital HLA-Moncloa y director de la Red Española de Investigadores en Dolencias de Espalda –REIDE–).

¿Por qué el dolor de espalda es tan común?

A lo largo de la historia ha sido un problema recurrente. La frecuencia es muy alta, pero en realidad no es significativamente superior a la de hace unos años.

La falta de ejercicio es uno de los grandes culpables

  • Probablemente, hoy el principal motivo es la falta de ejercicio. No debemos olvidar que nuestra espalda necesita un cierto grado de tono muscular para funcionar sin dolor.
  • Por otra parte, el sobretratamiento a veces causa más problemas que beneficios. Aplicar tratamientos muy agresivos o considerar pacientes a personas que no lo son hace que quienes sufren dolor de espalda eviten ciertas actividades o realicen otras. Y esto puede provocar que esas personas se conviertan finalmente en afectados.

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Por ejemplo, observar desgaste en el disco y la vértebra en una radiografía o resonancia magnética es normal por encima de cierta edad, y no es causa de dolor; los estudios científicos han demostrado que el grado de desgaste es el mismo entre personas sanas y personas con dolor crónico.

  • Sin embargo, decirle a alguien que tiene muy mal la columna puede inducirle a ser sedentario y evitar la actividad física, y eso sí que es perjudicial.

Cómo funcionan los tratamientos intervencionistas

El Dr. Kovacs nos explica cuáles son los más importantes, en qué consisten y cuándo conviene recurrir a ellos.

Intervención neurorreflejoterápica (NRT)

Cuando el dolor dura más de 14 días, nuestro cuerpo libera unos neurotransmisores que desencadenan mecanismos que pueden hacer que el dolor, la inflamación y la contractura muscular se mantengan indefinidamente.

  • La NRT consiste en implantar un pequeño material (“grapas” quirúrgicas) sobre ciertas terminaciones nerviosas, que al ser estimuladas impiden la liberación de esos neurotransmisores.

La NRT es útil en caso de dolor crónico

  • Las grapas quirúrgicas se implantan de forma ambulatoria (no requieren anestesia) y se dejan unos 90 días. Se ha demostrado que es una técnica útil para resolver el dolor crónico en un gran número de casos.

Las Infiltraciones

Consisten en inyectar un fármaco (habitualmente un antiinflamatorio) en zonas relacionadas con el origen del dolor –interior de las articulaciones, ligamentos, puntos gatillo, espacio epidural (alrededor de la médula y las raíces nerviosas)–.

  • Solo las infiltraciones “epidurales”, y específicamente en unos casos muy concretos de hernia discal, han demostrado científicamente tener algún efecto, aunque solo de manera transitoria.

Estimulación eléctrica transcutánea (TENS)

Consiste en aplicar una corriente eléctrica suave sobre la piel, mediante unos electrodos, para estimular fibras nerviosas que transfieren el dolor.

La TENS puede aplicarse en el propio domicilio

  • Los estudios científicos reflejan que su efecto es transitorio, pero puede ayudar a algunos pacientes. En esos casos se lo aplican ellos mismos en sus domicilios.

Neuroestimulación eléctrica percutánea (PENS)

Consiste en implantar un electrodo que estimula zonas de la médula que bloquean la transmisión del dolor. Suelen implantarlos especialistas de Unidades del Dolor, o a veces neurocirujanos.

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  • Se ha demostrado que en los casos en los que la cirugía de columna ha fracasado y el paciente sufre dolores muy intensos, que no mejoran con ningún otro tratamiento y en los que volver a operarle suele empeorar su situación, implantar un neuroestimulador es más eficaz.

Los fármacos no son la solución

Así como en otras enfermedades (por ejemplo en el caso de hipertensión), los fármacos pueden bastar por sí solos para controlar la enfermedad, en la espalda no es así.

  • Las investigaciones apuntan a que los medicamentos pueden aliviar transitoriamente la intensidad del dolor, especialmente al principio o cuando hay exacerbaciones, pero no pueden resolver el problema por sí mismos, ni mucho menos prevenirlo.
  • Los estudios realizados sugieren confiar en otro tipo de medidas, más que en los fármacos, para prevenir o resolver la mayoría de los casos de dolor de espalda, como hábitos que puede adoptar el propio paciente o tratamientos no farmacológicos.

Los buenos hábitos pueden aliviar mucho más que un fármaco

  • Para los pacientes crónicos resistentes a muchos tratamientos, que habitualmente se visitan en una unidad del dolor, sí se están investigando nuevos fármacos que con frecuencia no son específicos para el dolor de espalda sino para el dolor crónico en general. Pero eso afecta a un porcentaje muy bajo de personas.

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