Por

Pablo Cubí del Amo

periodista

Así nos organizamos en casa cuando mi hijo dio positivo
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Una mañana mi hijo de 12 años se levanta cansado y diciendo que le duele la garganta. Ponemos el termómetro: tiene 38 de fiebre.

Llamada al pediatra, que te pide que le controles si tiene manchas en la piel. Ninguna. Da igual, es sospechoso. Te cita a las cinco para una prueba rápida de antígenos, que confirma que es coronavirus.

ACTITUD POSITIVA: NI VERGÜENZA NI VENGANZA

Lo primero que se te pasa por la cabeza es cómo puede haber pasado. Apenas salimos. No quedamos con nadie ni en Navidad… Ha tenido que ser en el colegio por fuerza.

Es mejor enfocarse en el problema, no el quién puede haber sido el culpable

Indagar no es un buen consejo. De nada va a servir encontrar tú el contagiador. Ya se encargan los sanitarios de hacer cribado en la clase.

  • La rabia no resuelve nada. Nos fue bien pensar en positivo y enfocar el problema no el culpable.

Otro sentimiento lógico e injusto: la sensación de vergüenza al ver que por vuestra “culpa” toda una clase se ve obligada a confinarse.

Los niños son niños. Es imposible saber cuándo o cómo se equivocó en las medidas preventivas. Quizá ni siquiera se equivocó. No hay garantías totales en ningún espacio cerrado.

PRIMERO: ACTUAR COMO SOSPECHOSOS

Los estudios sostienen que el contagio ya empieza dos días antes de los síntomas. Nosotros actuamos como si cualquiera de los otros tres de familia estuviéramos ya contagiados.

Por tanto, lo primero fue habilitar el salón como dormitorio y cada uno tener su propio espacio delimitado. No significa que no saliéramos de nuestro cuarto. Solo pasábamos más tiempo allí.

  • Mi hijo enfermo se quedó la habitación más grande y solo salía para ir al baño.

También comíamos por separado y nos poníamos mascarilla para preparar alimentos frescos, como ensaladas.

SEGUNDO: ASEGURAR la VENTILACIÓN

La ventilación me lo tomé como una obligación. Es invierno y no es fácil. Fue el gran sacrificio.

No le dejamos una ventana abierta al enfermo, pero la habitación junto a la suya siempre tuvo la ventana abierta dos dedos. La de la cocina también estaba abierta para asegurar la corriente.

Pese al frío mantuvimos un poco de ventilación siempre

Se puede conseguir. Íbamos más abrigados y por la noche justo era un pequeño espacio para asegurar movimiento de aire. Una cuerda impedía que la ventana se abriera más de unos centímetros.

  • Mi cuarto era el de la ventana abierta y ni pasé frío ni me resfrié.

A los cuatro días teníamos el resultado de nuestras PCR. Los tres negativos. Hicimos algo más de vida en común. Pero siguió la prudencia.

EL CUARTO DEL ENFERMO

El otro gran reto es cómo actuar con tu hijo enfermo. ¿Le aíslas del todo? Supongo que dependerá de las edades. Por suerte, en nuestro caso, a su edad las pantallas ya llenan su vida y no nos echó mucho de menos.

Cuando se despertaba e iba al baño, entraba en seguida en su habitación para abrir la ventana de par en par al menos cinco minutos. Lo hacía sin respirar, como quien se sumerge en el agua. Para mí esa habitación era un mar de virus.

Cada vez que salía iba con mascarilla. Nosotros por la casa no, solo si entrábamos en su habitación.

No nos obsesionamos con sus cosas. Limpiábamos su habitación con normalidad. El consejo es lavar sus platos y ropa por separado. No lo seguimos, aunque sí lavamos a altas temperaturas.

En los traslados, no abríamos las puertas con las manos, sino con el antebrazo y luego higiene de manos.

¿CUÁNDO DEJA DE CONTAGIAR LA COVID?

La gran duda es cuándo podíamos empezar a suavizar las medidas. Los síntomas se alargaron cinco días.

Un estudio recopilatorio de trabajos previos publicado en The Lancet concluye que a partir del quinto día del inicio de síntomas baja el riesgo.

Los mocos en nuestro caso fueron los protagonistas

Mi hijo aún estuvo dos días más con mocos. Se habla poco de los mocos y también son un factor de contagio. Usaba con frecuencia pañuelos para sonarse. Por eso no estuvimos tranquilos hasta que se acabaron.

  • A los siete días, ya hizo vida por toda la casa con mascarilla. Se le veía bien, animado. Empezó a comer más.

Su profesora nos dijo que lo más habitual en su experiencia en el colegio es que los niños lo pasan casi sin síntomas. En realidad, no ha sido nuestro caso.

SIRVE PARA LA VARIANTE BRITÁNICA

Acabó la cuarentena. No sé si hemos exagerado, lo hemos hecho bien o hemos tenido suerte. El resultado es lo que cuenta.

Una última sospecha. Mi hijo puede haber tenido la variante británica, mucho más contagiosa.

Según un estudio estadístico del Reino Unido, los síntomas más habituales son dolor de garganta, cansancio y no tanto la pérdida de olfato.

Fue el caso de mi hijo. No lo sabremos seguro, pues no secuenciaron sus muestras. Pero de haber sido esta variante, confirmamos lo que dicen las autoridades sanitarias. Las medidas de protección son las mismas y funcionan: distancia, higiene, mascarilla y ventilación.