Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

La contaminación del aire puede acabar provocando hipertensión
iStock by Getty Images

La contaminación provoca ya 4,2 millones de muertes al año y la Organización Mundial de la Salud la considera el mayor riesgo para la salud.

La exposición crónica a aire contaminado favorece las enfermedades respiratorias y es especialmente perjudicial para la salud cardiovascular porque, según ha demostrado un estudio del CIBERDEM y el IBIMA, favorece la hipertensión a largo plazo.

Contaminación y salud cardiovascular

Los contaminantes del aire más perjudiciales para la salud son el dióxido de nitrógeno (NO2) y las partículas finas (PM 2,5 y PM 10).

Pero las más dañinas son las PM 2,5. Se ha demostrado que cuando inhalamos aire contaminado, estas partículas de menos de 2,5 micras de diámetro pasan de los pulmones a los vasos sanguíneos.

  • Aquí provocan inflamación y estrés oxidativo, es decir, un desequilibrio entre los radicales libres y los antioxidantes del cuerpo que reparan el daño en celular.
  • Este mecanismo daña el revestimiento interno de las arterias (el endotelio), con lo que se estrechan y endurecen.

Calidad del aire e hipertensión

La relación entre el efecto de la contaminación en la presión arterial a corto plazo se ha estudiado anteriormente, pero pocos estudios han analizado cómo influye respirar aire contaminado en el desarrollo de la hipertensión a largo plazo.

Este estudio se ha centrado en ello y ha llegado a la conclusión de que en las estrategias preventivas para abordar una enfermedad tan prevalente como la hipertensión hay que esforzarse en mejorar la calidad del aire.

No basta con hacer ejercicio o llevar una dieta saludable. El aire que respiramos es un factor de riesgo de hipertensión.

La hipertensión es la primera causa de enfermedad cardiovascular. Y las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en el mundo.

Detalles del estudio

Para demostrar el vínculo entre contaminación y desarrollo de hipertensión a largo plazo, los investigadores del CIBER de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM) y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga-IBIMA han contado con 1.103 personas participantes del estudio di@bet.es, de entre 18 y 83 años.

  • No tenían hipertensión al inicio del estudio (2008-2010) y se les hizo un seguimiento hasta 2016-17.
  • Durante las fases del estudio, fueron sometidos a un reconocimiento médico en un centro de salud y se les tomó una muestra de sangre.
  • A través de cuestionarios, se obtuvo información sobre la edad, sexo, nivel educativo, etnia, tabaquismo, consumo de alcohol y otras variables.
  • El consumo de alimentos se evaluó mediante un cuestionario de adherencia a la dieta mediterránea, se analizó también el nivel de ejercicio físico y se calculó el IMC.
  • La presión arterial se midió con un tensiómetro y se determinó como hipertensión si la presión arterial sistólica media era mayor o igual a los 140 mmHg y/o si la presión arterial diastólica media era mayor o igual de 90 mmHg.
  • Mediante mediciones tomadas en estaciones de calidad de aire, se calculó la concentración de partículas contaminantes a las que estaban expuestos.

A lo largo del periodo que duró el estudio, se registraron 282 casos de hipertensión arterial incidente.

Mejorar la calidad del aire

"Nuestros datos son consistentes con una gran cantidad de evidencia que sugiere que la contaminación del aire puede contribuir a la patogénesis de la hipertensión, y también respalda que el componente particulado de la contaminación del aire es la amenaza más importante para el sistema cardiovascular", afirma Gemma Rojo, jefa de grupo del CIBERDEM en el IBIMA y última firmante del estudio.

Dicho de otra forma, el daño en el revestimiento de las arterias que provoca la contaminación favorecería el desarrollo de la hipertensión.

Y las partículas más pequeñas en suspensión (PM 2,5) son las que entrañan más peligro.

El NO2 es un contaminante tóxico procedente principalmente el tráfico rodado; mientras que las partículas en suspensión son una peligrosa mezcla de sulfatos, nitratos, amoníaco, cloruro de sodio y hollín entre otros.

Estas últimas son tan diminutas que pasan de los pulmones a la sangre y a los vasos sanguíneos.

"Nuestros resultados refuerzan la necesidad de mejorar la calidad del aire tanto como sea posible para disminuir el riesgo de hipertensión en nuestra población, ya que incluso niveles moderados como los que aquí registramos aumentan el riesgo de manera significativa", concluye Sergio Valdés, investigador del CIBERDEM en el IBIMA.