Cómo restablecer el equilibrio de la piel después del verano

En verano hemos pasado más tiempo al aire libre, hemos ido a la playa, a la piscina… esto hace que nos hayamos expuesta más al sol, pero también a otros factores como el cloro, el salitre, el calor, el viento, los cambios de temperatura por el aire acondicionado, exceso de lavado o jabones agresivos.

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Carmen Bauzá

Farmacéutica especializada en dermocosmética

Saber Vivir

Todos las agresiones típicas del verano repetidas durante meses pueden hacer que nuestra piel se resienta y que se muestre seca y se descame. Se han alterado sus propiedades y funciones naturales por lo que necesitamos que se recupere extremando sus cuidados.

Este cuidado extremo es especialmente importante en quienes tienen afecciones cutáneas como atopia o rosácea para evitar que empeore o un “efecto rebote”.

La capa más externa de la piel es el estrato córneo. Una capa muy compacta formada por células unidas entre sí por lípidos (grasas) que la hace impermeable. De esta manera, puede cumplir su función barrera para evitar la entrada de agentes negativos. Pero también evita la pérdida de agua de capas más profundas al exterior, para que la piel se mantenga hidratada.

Las agresiones que hemos mencionado antes alteran esta capa de la piel y, por tanto, su función barrera. Por ello es normal que después de verano notemos la piel seca - deshidratada - con un aspecto mate, tirante, agrietada e incluso engrosada.

Todo ello se acentúa con lo que se denomina envejecimiento actínico, que es la piel envejecida por el sol y que conlleva, como una de sus consecuencias, esta sequedad cutánea.

Por ello, después de verano debemos usar cosméticos ricos en activos que recuperen la función barrera de la piel. Es decir, el manto hidrolipídico.

Un error común es centrarnos en hidratar la piel y no en nutrirla, porque la pérdida de agua es consecuencia de que los lípidos - la grasita natural de nuestra piel - está alterada.

Por ello, es mucho más efectivo reparar esta película con activos nutritivos como las ceramidas, escualeno o aceites ricos en omegas y ácidos grasos. Estos activos forman una barrera de protección sobre la epidermis y aceleran la reparación del manto hidrolipídico. De esta manera, ayudamos a la piel a recuperar su función barrera.

Si notas la piel engrosada y especialmente seca en zonas corporales como las rodillas o los codos, los alfa hidroxiácidos son especialmente útiles. Además de aumentar la capacidad de la piel para retener agua, actúan como exfoliantes para disminuir el grosor de la capa córnea, como ocurre en la hiperqueratosis. Entre los más comunes se encuentran el ácido glicólico, el láctico o el málico.

Si la piel se muestra irritada podemos usar activos calmantes como la avena, el aloe vera o la camomila.

Además de reparar las capas más externas, no debemos olvidar el daño que supone la radiación ultravioleta del sol para nuestra piel en capas profundas.

El sol daña las proteínas que ejercen de sostén, aportando firmeza y elasticidad. Por tanto, los antioxidantes como la vitaminas C y E son un gran aliado para compensar los efectos de verano de nuestra piel.

Por otro lado, el verano ha podido provocar que aparezcan o que se intensifiquen manchas oscuras. Es el momento de abordar el problema con activos despigmentantes para aclarar las manchas, como el ácido kójico, azelaico o la arbutina.

¿Cómo debe ser la rutina de cuidado de la piel después del verano?

En común, el primer paso es la limpieza. El limpiador debe ser suave y libre de jabón, para que no altere nuestro objetivo: reparar la piel.

Una o dos veces a la semana debemos comenzar la rutina exfoliando. La exfoliación permite eliminar células muertas que obstruyen los poros y quitan luminosidad. En el rostro, conviene insistir en nariz, mentón y frente. En el cuerpo, en las articulaciones y en la espalda. Para ello, podemos usar un scrub o mascarillas con los alfa hidroxiácidos que hemos comentado.

La rutina de limpieza terminaría tonificando la piel. Para reparar y calmar la piel, podemos optar por tónicos con activos calmantes.

Continuamos aplicando un tratamiento específico según necesidad. En pieles sensibles buscaríamos calmar las rojeces y la irritación con activos como la niacinamida;

En pieles con manchas aplicaríamos el tratamiento despigmentante. En este paso también aplicaríamos los antioxidantes y las vitaminas.
Por la mañana, la rutina finaliza con una crema que aporte el grado óptimo de hidratación todo el día y protección solar.

Por la noche, nos decantamos por una crema más nutritiva, que también sería adecuada para su uso por la mañana en piel seca (siempre y cuando se mantenga el uso de protección solar).

Una vez la piel se ha reparado, podemos comenzar a usar activos transformadores de la piel como el retinol, que nos ayudará a mejorar la apariencia de los signos del envejecimiento cutáneo, como arrugas o flacidez, provocados por el sol.