morder unas

Morderse las uñas es uno de los malos hábitos más comunes entre la población mundial. De hecho, según un estudio publicado en 2016 en PubliMed.com, afecta al 20-30% de las personas sin distinción de sexo o edad.

  • Suele ser un problema relacionado con nervios y ansiedad, ya sea por situaciones sostenidas de estrés o incluso situaciones puntuales como tener hambre o estar realizando una tarea difícil.

MORDERTE LAS UÑAS AFECTA A TU SALUD

Ahora bien, independientemente de la razón que nos lleve a mordisquear insistentemente nuestras uñas, con lo que no hay discusión alguna es acerca de los efectos indeseados que conlleva mantener esta mala costumbre a lo largo de los años.

En este sentido, entre las posibles consecuencias, la doctora Cristina Villegas Fernández, Jefe de servicio de dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja señala las siguientes las más significativas:

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  • Infecciones crónicas en los pliegues ungueales, que pueden traducirse en posteriores deformidades de las uñas.
  • Infecciones agudas con dolor y sangrado.
  • Transmisión de enfermedades como las verrugas víricas periungueales o lesiones en la cavidad bucal, como la aparición de aftas o deformidades en los dientes en el caso de los niños.

Si el hábito no se corrige se puede alterar la matriz de las uñas

  • En cuanto a las infecciones bucales , la doctora advierte que se pueden producir por bacterias o por un hongo como la cándida, que sucede al mantenerse la piel periungueal de forma constante humedecida.
  • Los dientes también sufren ya que se desgastan las piezas, además de afectar a la mandíbula, ya que la posición forzada de la boca al morder la uña puede acabar afectando a esta articulación.

EFECTOS ESTÉTICOS sin solución

Además de las consecuencias relacionadas con la salud, la doctora también señala otras de carácter estético que podrían ser elementos disuasorios para abandonar el hábito de morderse las uñas.

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  • Aunque, "en general hablamos de efectos reversibles, si el hábito no se corrige a tiempo y se mantiene a lo largo de los años, es posible que se altere la matriz de las uñas originando efectos para los que no hay marcha atrás, con deformidades (distrofias) que no se pueden corregir", alerta la experta.

CÓMO RESOLVER el problema

Las personas que sufren onicofagia, que es como medicamente se conoce al hábito de morderse las uñas, suelen padecer estados de estrés o ansiedad crónica, asegura la experta. Y en el caso de los niños, "el miedo también puede desencadenar este problema", añade.

Por esta razón, "lo más importante es canalizar la ansiedad, si es necesario recurriendo a un profesional (psicólogo) que nos ayude a reducir el estrés, la inseguridad, los miedos…", aconseja Villegas.

En los niños el miedo puede ser un desencadenante

  • La edad es un factor importante a la hora de valorar el modo en que se abordará este problema.
  • En este sentido, en el caso de los adultos, "reconocer y afrontar el problema sería el primer paso, y cuando se trata de niños, la prioridad es reconducir el comportamiento de forma precoz".

consejos para dejar de morderse las uñas

Como todos los hábitos, la forma de erradicarlos dependerá de numerosos factores, entre ellos, del arraigo que tengan en nosotros, de su origen o de su propia naturaleza.

Para la onicofagia, la doctora Cristina Villegas Fernández, nos propone ciertas medidas para dejar de mordernos las uñas, tanto en el caso de los niños, como cuando se trata de personas adultas.

  • En el caso de los niños, es importante no permitir que se convierta en un hábito arraigado y atajar la causa (ansiedad, miedo, inseguridad…) de forma precoz.
  • Cuando se trata de adultos, debemos darnos cuenta de la mala impresión que causamos ante los demás, ya que, esta conducta nos mostrará como personas inseguras y ansiosas, aunque no siempre sea así.

Hay que tener fuerza de voluntad para cambiar un hábito arraigado

  • Hay que tener paciencia ya que cambiar por completo un hábito arraigado no es de un día para otro y requiere fuerza de voluntad.
  • Un profesional puede ayudar a resolver el problema de fondo que realmente causa este mal hábito.
  • Realizar otras maniobras desestresantes como sustitutivos. Por ejemplo, podemos apretar una pelota de goma o tener a mano algo que podamos agarrar cuando queramos morder las uñas.
  • Aplicar sobre las uñas aceites de té o frotar un limón puede funcionar en el caso de los más pequeños.
  • Los esmaltes de sabor desagradable pueden ser de utilidad en los niños, pero si el hábito está muy arraigado, no son eficaces, puesto que terminan acostumbrándose al sabor, y se mantiene el problema.
  • Utilizar guantes de algodón cuando comenzamos a tener “necesidad “de mordernos las uñas o la zona periungueal.

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