cambios flujo vaginal

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Tener flujo no solo es algo complemente normal, sino que resulta necesario para que la vagina esté nutrida e hidratada. En esta zona hay glándulas que, estimuladas por los estrógenos, segregan fluidos. Por eso, cuando descienden en picado estas hormonas al llegar la menopausia, una de las consecuencias indeseadas es la sequedad vaginal.

  • Un flujo normal es transparente, fluido y no huele. También entra dentro de la normalidad que cambie a lo largo del ciclo por el influjo de las hormonas, por eso durante la ovulación es más espeso.

Los cambios en el color, la textura y el olor del flujo deben alertarte

Pero cuando hay cambios en este sentido, puede ser indicativo de algún trastorno. Laura Cortés, ginecóloga de Women's Carmona Dexeus asegura que hay que estar especialmente atenta a tres señales:

  • Si el color se vuelve grisáceo o verde-amarillento.
  • La textura es cremosa, grumosa o arenosa.
  • Y sobre todo si el olor es intenso y desagradable.

La ginecóloga asegura que normalmente estas señales no vienen solas, sino que suelen acompañarse de molestias en la zona como picor, irritación o escozor. En estos casos, conviene acudir al ginecólogo para averiguar y tratar lo que está alterando el flujo.

la causa más habitual: Una infección

La Dra. Cortés explica que la vagina está poblada de hongos y bacterias (flora vaginal) de forma natural, cuya función es mantener esta zona en perfecto equilibrio.

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Pero si este equilibrio se altera por tomar antibióticos, por una bajada de defensas debido al estrés o por cualquier otra causa, puede aumentar el crecimiento de determinados hongos o bacterias de la vagina y provocar una infección. Las más habituales son:

  • Infección por cándidas (un tipo de hongos). En estos casos el flujo vaginal tiene aspecto de placas cremosas y blanquecinas (como si fuera queso cottage) y hay quemazón y picor.

Un flujo amarillento y de fuerte olor se asocia a vaginosis bacteriana

  • Vaginosis bacteriana, que se debe a una proliferación de bacterias vaginales como la Gardnerella vaginalis o la Atopobium vaginae. El flujo suele ser grisáceo o verdoso-amarillento y con un fuerte olor a pescado.

por contagio de enfermedades sexuales

Pero no solo los desequilibrios de la propia flora vaginal pueden originar infecciones que alteran el flujo. Las enfermedades de transmisión sexual provocadas por los siguientes microorganismos también pueden ser la causa:

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  • Clamidia. Da lugar a un flujo muy característico: blanco, con grumos e intensos picores.
  • Trichomona. Suele ser verdoso, amarillo o gris y se acompaña de mal olor.
  • Gonococo. Acostumbra a ser amarillento y cursa con ardor en la zona vaginal.

La clamidia provoca un flujo blanquecino con grumos y mucho picor

No hay que olvidar que este tipo de trastornos, en especial la ETS por clamidia, van en aumento y en los últimos años el número de casos se ha disparado.

El problema de estas infecciones, a diferencia de las cándidas o la vaginosis bacteriana, es que no solo afectan a la vagina, sino que puede llegar hasta el útero y los ovarios provocando enfermedad inflamatoria pélvica.

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En estos casos, además de un flujo anómalo, aparecen síntomas como fiebre o fuerte dolor abdominal que no deben dejarse pasar porque podría complicarse.

¿Te has dejado un tampón?

Según la Dra. Cortés, los malos hábitos o situaciones que irritan la zona vulvovaginal también favorecen infecciones que cursan con alteraciones en las secreciones vaginales.

  • Llevar ropa muy ajustada y sintética que impide una correcta transpiración. La zona queda humedecida y aumenta el riesgo de que se sobreinfecte. Lo mismo ocurre si te dejas el bañador humedecido mucho tiempo.
  • El uso continuado de salvaslip. Al fabricarse en materiales muy absorbentes puede acabar generando el efecto contrario: reseca la zona y desequilibran la flora vaginal.

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  • Olvidarse un tampón. La Dra. Cortés asegura que es mucho más común de lo que la gente imagina: "la señal inequívoca en estos casos es que el olor del flujo resulta, literalmente, fétido. El tampón se adentra tanto en la vagina que no sale solo y lo tiene que acabar sacando el ginecólogo. La mujer nota molestias, sensación de peso, irritación y, como decíamos, el flujo huele muy mal"

un flujo es marronáceo o rosado

La Dra. Cortés afirma que esta es una señal clara de que ha habido un sangrado. Con el tiempo la sangre se oxida y el flujo se torna marronáceo. En estos casos, obviamente, hay que averiguar el origen del sangrado:

  • Lo primero que hace el ginecólogo es revisar la vagina con el espéculo para comprobar que no haya heriditas causadas, por ejemplo, por las relaciones sexuales.
  • Descartado este supuesto, es obligado averiguar que la procedencia del sangrado no sea el cuello del útero. Cuando hay lesiones cancerígenas en esta zona por el virus del papiloma (cáncer de endometrio, que en realidad es el que afecta al útero), una de las consecuencias más comunes es el sangrado.

no te automediques

"Sea cual sea el cambio que observes en el flujo vaginal –insiste la Dra. Laura Cortés–debe acudirse al ginecólogo. Mucha gente va a la farmacia en busca de cualquier crema pero esto no es la solución".

"Para determinar el tratamiento adecuado, primero hay que averiguar la causa que provoca la anomalía. Y para ello deben realizarse pruebas: revisar la vulva y la vagina, hacer una ecografía del úteroy una citología (sobre todo si el flujo es rojizo o marronáceo) y realizar un cultivo para analizar los microorganismos presentes en el flujo".

Bibliografía

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Por Soledad López, periodista especializada en salud