defensas bajas

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defensas bajas

Otoño e invierno son las estaciones en las que más nos acordamos de nuestro sistema inmunitario. Es entonces cuando somos más vulnerables a los virus de la gripe y los resfriados.

Sabemos que nuestras defensas son las encargadas de evitar las infecciones, pero también están para luchar contra otras enfermedades, algunas de ellas graves, como el cáncer.

Cómo saber si tus defensas están bajas

Nos interesa que las defensas estén fuertes o, mejor dicho, bien entrenadas. Sobre todo hay que prestar atención si se producen síntomas como cansancio y, también, pequeñas infecciones repetidas, que nos podrían estar alertando.

Muchas veces estos síntomas tienen relación con un cuerpo demasiado intoxicado a causa de una mala alimentación y unos malos hábitos.

El agotamiento y las infecciones recurrentes son síntomas de que tus defensas no están fuertes

Una mala reacción al frío y las pequeñas infecciones de repetición pueden ser señal de que el sistema inmunitario no anda bien.

Las analíticas no lo indican

Piensa que el sistema inmunológico es complejo (está formado por células y moléculas diferentes) y no hay pruebas que verifiquen si está débil o no.

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  • Los análisis no dicen que las defensas estén «bajas». Es común decir «debo tener las defensas bajas», pero en realidad no hay nada que baje en tu organismo cuando tu sistema inmunológico no está al 100%.
  • Los glóbulos blancos están relacionados con el sistema inmunológico, pero que haya pocos no quiere decir que las defensas fallen. Al contrario, eso incluso puede indicar que están demasiado «activadas», como ocurre en algunas enfermedades de tipo autoinmune.
  • Una gripe tampoco se detecta con una analítica. La mayoría de las personas enfermas, si se hicieran un análisis de sangre, no presentarían ninguna alteración significativa. Y es que los glóbulos blancos son solo una parte del sistema inmunológico.

La inmunidad se debe potenciar

Si estás buscando un remedio o un fármaco que aumente las defensas, debes saber que ese remedio o fármaco único no existe. Con lo que contamos es con alimentos y hábitos de vida que ayudan a equilibrar la inmunidad que ya tiene el propio cuerpo. Todo consiste en saber potenciarla y cuidarla.

Pero hoy, más que de defensas fuertes se habla de buena adaptación al medio: la capacidad de supervivencia y de mantenerse sano ante diversos tipos de enfermedad.

De tus hábitos de vida depende que se refuercen o se debiliten tus defensas

La fortaleza de tus defensas depende en un 75% de los hábitos de vida, según ha demostrado una reciente investigación del Instituto Whitehead para la Investigación Biomédica de Cambridge en Estados Unidos.

Además de mantener una alimentación variada y equilibrada y practicar actividad física, que es esencial, te mostramos otros aspectos que están en tu mano para reforzarlas.

Descansar cuida tu sistema inmunitario

Al igual que pasa con el estrés, el sistema inmunitario se debilita con la falta de descanso. Un estudio sometió a grupos de individuos a una privación del sueño por tres días, analizando el efecto sobre las defensas.

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Los resultados fueron esclarecedores: se observó una disminución de los linfocitos A y T, así como una actividad intensa del sistema de defensa que resulta muy similar a la que se produce durante el ataque de un virus o bacteria.

Reír es muy saludable

Las emociones positivas forman parte de nuestro sistema inmunitario. La salud tiene mucho que ver con quererse bien a uno mismo y también a los demás.

El equilibrio anímico, el descanso y la risa mejoran sensiblemente la inmunidad

De la higiene mental, el efecto más estudiado es la risa. Esta mejora sensiblemente la inmunidad y puede reducir las opciones de contraer ciertas enfermedades, como resfriados y gripes, y sobre todo de sufrir estrés. Estos son sus efectos:

  • Aumenta el ritmo cardiaco y la presión sanguínea y los músculos de todo el cuerpo se relajan.
  • Después, la presión sanguínea desciende por debajo de los niveles iniciales y el cerebro libera endorfinas, los mismos reductores del estrés desencadenados por el ejercicio y que proporcionan una sensación de bienestar y euforia.
  • Además, se eleva la inmunoglobulina A, un anticuerpo, es decir, otro agente inmunitario que se encuentra en la piel y las mucosas.

Piensa en positivo

La angustia y la depresión también "destruyen" las defensas. Son numerosas las investigaciones científicas que han demostrado que la tristeza o la angustia van acompañadas de efectos negativos sobre el sistema inmunitario.

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En cambio, el optimismo, la esperanza y la alegría ayudan a que el sistema de defensas actúe de una forma más eficaz contra las posibles enfermedades. Estar animado no cura, pero colabora en positivo cuando el organismo necesita energía extra.

Un estado de ánimo optimista ayuda a que el sistema de defensas actúe con eficacia

Desechar los pensamientos, sentimientos y emociones perturbadoras, centrándose en una actividad agradable y serena ayuda a respetarse y a trabajar constantemente por la propia salud y la de quienes nos rodean.

Así se contagian los resfriados

El principal responsable de los resfriados se llama rinovirus, un «bichito» que siente predilección por el frío. Por eso, en otoño e invierno es más virulento y cuando una persona que lo tiene tose a menos de un metro de distancia, es muy posible que nos contagie. Lo mismo ocurre con el virus influenza, el causante de la gripe.

Los virus tienen la capacidad para sobrevivir distintas superficies desde horas a días.

Lavarse las manos a menudo es fundamental para evitar contagios

Otro dato: la mitad de quienes tocan un objeto contaminado acabarán padeciendo la infección por tocarse luego la nariz, la boca o los ojos. Por eso las campañas preventivas recomiendan lavarse las manos a menudo.

También es importante evitar el contacto con superficies muy manoseadas por otras personas. Las áreas que más gustan a los rinovirus son las lisas, como las de los teléfonos móviles, los interruptores, los picaportes de las puertas, los teclados o los pasamanos de las escaleras. En cambio, no sobreviven tan bien sobre los materiales porosos como los pañuelos de papel y la ropa de algodón.

Cómo te ayudan las defensas

Cada célula inmunitaria tiene una función específica y crucial en la defensa:

  • Neutrófilos: Son los primeros en aparecer para eliminar microorganismos invasores.
  • Macrófagos: Se tragan literalmente los virus y bacterias patógenos.
  • Linfocitos B: Producen anticuerpos que inactivan a los invasores.
  • Linfocitos T: Participan en la producción de anticuerpos y ayudan a los macrófagos.
  • Linfocitos T citotóxicos: Eliminan células infectadas por virus.
  • Célula dendrítica: Reconoce a los invasores y sabe cómo eliminarlos.

De que estas células están fuertes y activas, depende tu riesgo de contraer enfermedades o de que sea más rápidas curación.

Además, tu "ejército defensivo" aprende. Cada día es mejor. Una parte de tu defensa es innata, pero otra la vas adquiriendo con el tiempo: los linfocitos «memorizan» los microorganismos que van encontrando y, si vuelven, ya saben cómo bloquearlos rápidamente.

Esta memoria es la que explica que una vez se ha sufrido una enfermedad vírica, como la varicela, por ejemplo, o una determinada cepa de otro virus, nos volvamos inmunes, invulnerables a ese microorganismo.