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Hay muchas mujeres (suele ocurrirles más a ellas) que piensan siempre en todo lo que necesita la gente que les rodea -sus hijos, sus padres, sus parejas...- y poco en ellas, llegando a descuidar la propia salud. A veces ni se dan cuenta de que lo hacen, inmersas como están en mil ocupaciones.

Pero incluso cuando son conscientes de la situación, “no se dan permiso” para dedicarse tiempo a sí mismas. Se dicen: “¿Cómo vamos a anteponernos a nuestra familia o a nuestra pareja?”, “¿cómo vamos a ser tan egoístas?”

Las claves del egoísmo positivo

Si estás viviendo esta realidad que describimos, te animamos a cambiar el papel que juegas en tu entorno para que logres mirar más por ti y disfrutar de una relación con los demás mucho más positiva para ambas partes.

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Se trata de que empieces a practicar lo que se denomina egoísmo sano. Estas son sus bases:

  1. Saber marcar los propios límites. El sacrificio, la tolerancia, la comprensión o la colaboración son valores positivos siempre que seas capaz de decir “no” cuando se produzcan situaciones de abuso o falta de respeto.
  2. Perder el miedo a no ser valorada si no das a los demás lo que esperan de ti. Eres tú la que ha de estar orgullosa de sí misma. Y si hay algún defecto que trabajar, que sea porque tú lo veas como objetivo personal.
  3. Ser capaz de aceptar la opinión de los demás, pero manteniendo siempre la propia, defendiendo tu derecho a tomar decisiones, aunque acaben siendo equivocadas (ya rectificarás después). Si bien todos dependemos del entorno, la salud emocional, y con ella la física, pasa por lograr el mayor grado de independencia personal (de libertad) posible.

Cómo conseguir aplicarlo en tu vida

Para integrarlo en tu día a día, solo tienes que seguir algunos pasos:

  • Proponte delegar en los demás. Haz una lista de las cosas de las que te ocupas. Marca las que creas que podrían recaer en otro miembro de tu familia.
  • Busca un momento solo para ti cada semana. Piensa qué actividades te gustaría realizar si tuvieras más tiempo libre: yoga, un taller de manualidades, quedar de vez en cuando para comer con una amiga... Oblígate a hacer por lo menos una de estas cosas a la semana: es imprescindible para ayudarte a crear un espacio propio a partir del que podrás liberar tensiones.

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  • Dialoga con las personas que tienes alrededor. Busca una ocasión adecuada para hacerlo con calma, sin crispación. Puedes escoger frases del tipo “me gustaría explicarte cómo me siento, sin que nos enfademos”; “entiende que yo también necesito tiempo para mí y tú me puedes ayudar a lograrlo”.
  • Evita en lo posible mostrar enfado o agresividad o culpabilizar a nadie de nada. De lo contrario, solo conseguirás reacciones negativas y que la otra persona se ponga a la defensiva. Pero muestra, eso sí, firmeza en tu decisión de que las cosas cambien, por tu bien y por el de la familia.

Debes tener un rato para ti sola cada semana, para hacer lo que quieras.... ¡o no hacer nada!

  • Planificad juntos la nueva organización. Cuéntales, por ejemplo, que te has apuntado dos días por semana al gimnasio y que, además, has quedado con una amiga en que iréis todos los viernes por la tarde al cine. Y que, por ello, hay que reorganizar las tareas domésticas y las responsabilidades familiares. Explícales, recuperando la lista que elaboraste al principio, cuáles son los trabajos que has pensado que podrían asumir.

Aprende a no controlarlo todo

  • Facilita la autonomía de las personas de tu entorno. Es probable que al delegar algunas tareas necesites instruir mínimamente sobre cómo realizarlas a quienes las asumirán. Pero no interfieras más ni te permitas caer en pensamientos del tipo “no sabrán hacerlo” o “no quedará como cuando lo hago yo”.
  • Si intentas controlarlo todo acabarás aún más agotada de lo que estabas al principio del proceso. Es bueno dejar que los demás se equivoquen porque también es una manera de que aprendan.

los Beneficios para tu mente y tu cuerpo

Existe una relación entre salud y autoestima: Solamente cuidamos aquello que valoramos, por lo tanto, alguien que no presta la más mínima atención a sus necesidades (que no practica en absoluto el egoísmo positivo) esconde una baja autoestima. Y existen numerosos estudios científicos que concluyen que ese es un factor de riesgo importante para desarrollar distintos trastornos.

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  • Mientras más te quieres, menos enfermas: Estas alteraciones no son solo mentales, como la depresión, sino también físicas, porque la falta de autoestima conlleva siempre ansiedad y estrés y esto hace bajar las defensas del organismo.

Además, si finalmente la enfermedad llega, quien tiene la autoestima baja la afronta con menos energía lo que puede entorpecer la curación.

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Por Marta Fernández