Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Si engordas y tienes menos de 60 años no es por tu metabolismo

A lo largo de nuestra vida experimentamos numerosos cambios en nuestro cuerpo, desde la infancia o la pubertad a la menopausia.

El metabolismo, que es la el proceso por el cual nuestras células transforman los alimentos en energía, también cambia.

Lo curioso es que el ritmo de nuestro sistema metabólico no parece coincidir con estas fases exactas de la vida en las que hay grandes cambios de crecimiento y envejecimiento.

Es la conclusión que se desprende de un estudio internacional, publicado en la revista Science, que ha analizado el consumo de calorías de cerca de 7.000 personas de diversos países y con edades comprendidas entre uno y 95 años.

Gasto energético a lo largo de la vida

Lo interesante de este estudio respecto a otros es que ha buscado más una evolución a lo largo de la vida. Los otros se centraban en el gasto calórico diario en un momento determinado.

En el primer año de vida es cuando proporcionalmente al tamaño gastamos más calorías

En este caso se han recurrido a análisis previos que se remontan a los años ochenta y se han seguido hasta la actualidad.

Se basa en los dos tipos de gasto calórico que tenemos:

  • Por un lado la que comporta las acciones fisiológicas básicas: respirar, bombear sangre, digerir alimentos… Ese gasto energético vital supone la mitad del total diario. A lo sumo, un 70% en personas poco activas.
  • También se ha analizado ese otro gasto más variado según la persona que incluye cualquier actividad física y mental, desde trabajar o dar un paseo a machacarse estudiando (el cerebro gasta mucha energía) o en el gimnasio.

Los bebés queman más calorías

El análisis comparativo ha dado resultados en algunos casos sorprendentes.

La idea común es que los adolescentes y los veinteañeros son los que queman más calorías, y lo que hemos visto es que los bebés gastan más calorías”, apunta el doctor Peter Katzmarzyk, primer firmante del artículo.

Si comparamos el gasto energético con su tamaño, los bebés de un año queman calorías un 50% más rápido que un adulto.

Eso explicaría por qué es tan importante que los pequeños tengan una alimentación completa y adecuada. Y por qué los bebés malnutridos tienen menos opciones de crecer para convertirse en adultos saludables.

El metabolismo se frena a los veinte

A medida que crecemos, nuestro metabolismo se ralentiza, a un ritmo del 3% por año que pasa. Esa reducción se mantiene durante toda la infancia y la adolescencia.

A partir de los veinte años no cambia el metabolismo hasta los 60, ni siquiera en embarazadas

Esa ha sido otra de las sorpresas. Se asume que muchos adolescentes son unos grandes consumidores de energía. Nunca parecen saciar su apetito. Es probable que sea así por su actividad diaria. Sin embargo, su metabolismo sigue reduciéndose.

  • Al llegar a la veintena, el cuerpo parece asumir su edad adulta metabólica y ese decrecimiento se frena y se estabiliza.

Entre los veinte y hasta los 60 años hay un periodo de estabilidad que no varía. Incluso en el caso de las mujeres embarazadas, la necesidad calórica no crece por encima de lo esperado.

Vuelve a cambiar a los 60 años

Lo que sugieren los datos del estudio es que el metabolismo no vuelve a experimentar una reducción del gasto energético hasta que cumplimos los 60 años.

Por tanto, el hecho de que haya personas que engorden en años previos aparentemente comiendo lo mismo se debe a otro tipo de factores.

  • En los sesenta empieza una ralentización metabólica de aproximadamente un 0,7% al año.

Hay varios factores que explicarían esa disminución de la necesidad energética: la pérdida de masa muscular puede ser uno. El músculo necesita para su funcionamiento más calorías.

No es el único factor. Los investigadores asumen que hay más elementos a tener en cuenta al envejecer que una menor actividad física y la masa muscular, pero son difíciles de determinar.

Lo que se ha visto es que una persona de noventa años necesita aproximadamente un 25 o 26% menos de calorías que a los 50 años.

Cómo se miden las calorías

La manera en que se ha seguido la investigación ha sido por una de los sistemas más aceptados internacionalmente de contabilizar el gasto energético: un análisis de orina.

Un anciano necesita una cuarta parte menos de aporte calórico que un adulto

El método es de agua doblemente marcada. Consiste en hacer beber agua tratada con deuterio. Luego se compara los niveles de oxígeno, que han reaccionado con los carbohidratos y el del deuterio.

Es un método fiable aunque muy caro y de difícil comprensión. Por eso su uso se circunscribe a la investigación científica.

  • El que se haya usado siempre en este estudio avala la fiabilidad de los resultados.

Los resultados deberían ayudar a mejorar los consejos de nutrición a lo largo de la vida”, concluyen los autores.