Cristina Carvallo Beciu

Psicóloga sanitaria especialista en trastornos de ansiedad

Nuria Blasco

Periodista

Qué sucede en un ataque de pánico
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Un 7,36% de la población española padece ansiedad, según la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE), y su incidencia es más común entre las mujeres (9,79%) que entre los hombres (4,79%).

Estos datos se han visto afectados por la pandemia. Un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid situaba en mayo de 2020 en un 19,6% la prevalencia de la ansiedad en España, siendo la población joven, entre 18 y 24 años, la más afectada.

Las consultas psicológicas por este tipo de trastorno han aumentado significativamente desde el inicio del estado de alarma.

Qué es un trastorno de ansiedad y qué provoca

Se caracteriza por el miedo excesivo a un peligro inminente (real o imaginado) o a la amenaza de un posible peligro futuro. Esta respuesta emocional va acompañada de determinados comportamientos y pensamientos negativos.

"La ansiedad es una respuesta normal del organismo para protegernos o prepararnos ante posibles peligros, pero se convierte en patológica cuando es desproporcionada respecto al estímulo que la provoca (por ejemplo, reaccionar ante una araña como lo haríamos ante un león) o es excesiva en intensidad o duración", explica la psicóloga Cristina Carvallo, especialista en trastornos de ansiedad.

Los síntomas más frecuentes de la ansiedad son:

  • Irritabilidad, trastornos del sueño, dificultad de concentración y/o memoria.
  • Tensión muscular, fatiga, disminución o aumento del apetito.
  • Comportamientos de evitación a las situaciones temidas y presencia de pensamientos negativos.

Cuándo se convierte en un ataque de pánico

Los ataques de pánico son un tipo particular de respuesta al miedo, que se puede dar en cualquier trastorno de ansiedad u otros trastornos mentales.

"Un ataque de pánico es un episodio repentino de miedo intenso que provoca reacciones físicas que generan mucho malestar y son percibidas por la persona que lo padece como graves. La persona que lo padece tiene sensación de pérdida de control, pudiendo llegar a sentir miedo a desmayarse, volverse loca o incluso morir", explica la psicóloga.

Suelen aparecer en épocas de estrés, aunque muchas veces aparecen en momentos aparentemente tranquilos en los que no sucede nada percibido como peligroso.

¿Es lo mismo que un ataque de ansiedad?

"Ataque de pánico es un término clínico recogido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V) de la APA (Asociación Americana de Psiquiatría). En cambio, ataque o crisis de ansiedad no lo es, es una expresión más coloquial que se refiere, en realidad, a un ataque de pánico", aclara Cristina Carvallo.

Los síntomas de un ataque de pánico

En un ataque de pánico se cumplen 4 o más de los siguientes síntomas:

  • Una sensación de miedo, terror o ansiedad intensos.
  • Dificultad para respirar, sensación de ahogo o de atragantamiento.
  • Dolor u opresión en el pecho.
  • Palpitaciones, aumento de la frecuencia cardiaca o que no es regular.
  • Sudoración, escalofríos o sofocos.
  • Náuseas o malestar estomacal.
  • Mareo, inestabilidad y temblores.
  • Entumecimiento u hormigueo.
  • Miedo a perder el control o “volverse loco”.
  • Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
  • Miedo a morir.

Los síntomas duran unos minutos, normalmente unos 30, y su expresión más álgida suelen darse a los 10 minutos de su aparición.

¿Por qué reacciona así nuestro cuerpo?

"Es una respuesta natural ante un peligro o estrés agudo, el sistema nervioso reacciona igual ante un peligro real o imaginado, segregando las mismas sustancias químicas, que a su vez causan determinadas sensaciones corporales: incremento de la frecuencia cardíaca, hiperventilación, tensión muscular, sudoración, etc", describe Cristina Carvallo.

"Las personas que perciben estos síntomas de manera muy negativa sienten más angustia y acaban teniendo un ataque de pánico".

Así, una situación que cause estas sensaciones, como por ejemplo, hacer deporte, puede desencadenar un ataque de pánico en aquellas personas más sensibles a estas sensaciones corporales.

Factores de riesgo

Normalmente aparecen en épocas de estrés. Pueden estar provocados por un desencadenante concreto (algún objeto o situación temidos), o sin causa aparente.

"Muchas veces veo en consulta que se inician unos meses después de haber vivido una situación estresante, por ejemplo, meses después de una ruptura sentimental o del fallecimiento de un ser querido, que suelen ser las causas más habituales", afirma la psicóloga.

El hecho de padecer algún trastorno de ansiedad u otros trastornos mentales (como depresión o trastorno obsesivo-compulsivo) puede incrementar la probabilidad de padecer un ataque de pánico.

Otro factor de riesgo es que algún familiar lo padezca, no solo por la carga genética, sino también por el aprendizaje que va marcando el desarrollo de la personalidad (si en la familia se percibe como muy negativa la ansiedad y se tienen ataques de pánico, se puede aprender a vivirlo igual).

Cuándo estamos ante un trastorno de pánico

Un ataque de pánico puntual no tiene por qué repetirse. Todas las personas podemos padecer en algún momento u otro de nuestras vidas una crisis de este tipo. Sin embargo, cuando hay ataques de pánico imprevistos de manera recurrente estaríamos ante un trastorno de pánico.

"Las personas con trastorno de pánico suelen tener preocupación por las implicaciones o consecuencias que los ataques de pánico pueden tener en sus vidas, y cambian su comportamiento para evitar la aparición de los ataques, por ejemplo, dejar de hacer actividad física", explica la especialista en trastornos de ansiedad.

Cuando se sufren ataques de pánico de manera recurrente estaríamos ante un trastorno de pánico

El trastorno de pánico interfiere significativamente en la vida cotidiana de la persona, puesto que esta vive con el miedo a padecer un ataque de pánico y evita las situaciones en las que cree que esto puede suceder. Esto puede acabar generando un abandono de los estudios, absentismo laboral, etc.

"Hay veces que esto conlleva evitar situaciones como ir en transporte público, salir solo de casa, sitios abiertos, espacios cerrados, hacer cola, o estar entre multitudes. En ese caso estaríamos hablando de trastorno de pánico con agorafobia (miedo a estar en una situación en la que, si me sucediera algo, no podrían socorrerme o no podría escapar)".

Cómo es el tratamiento

Se recomienda seguir un tratamiento cuando el malestar psicológico y los comportamientos evitativos interfieren significativamente en el normal desarrollo de la vida cotidiana de la persona.

"El trastorno de pánico afecta gravemente a la calidad de vida. Los ataques de pánico generan un enorme malestar, hasta tal punto, que la mayoría de las personas que los padecen, acaban acudiendo a urgencias en un momento u otro".

Un tratamiento psicológico mediante terapia cognitivo-conductual puede conseguir que el paciente deje de padecer estas crisis.

"Con esta terapia se identifican los pensamientos negativos de la persona, se le ayuda a modificar ciertas creencias erróneas y a poder afrontar la sintomatología ansiosa con otra actitud, desde el conocimiento y la comprensión de lo que le sucede. Mediante cambios de comportamiento y técnicas de relajación se consiguen eliminar los ataques de pánico en pocas sesiones, en la gran mayoría de casos", explica Cristina Carvallo.

En algunos casos, es necesario combinar durante un tiempo, la terapia psicológica con tratamiento farmacológico (medicamentos ansiolíticos y/o antidepresivos).

¿Se pueden prevenir los ataques de pánico?

"La práctica habitual de técnicas de relajación, un estilo de vida saludable, y cuidarse especialmente en las épocas de estrés (mediante descansos y expresando con alguien de confianza los sentimientos), son buenas técnicas de prevención", asegura la psicóloga.

En las personas con mayor vulnerabilidad a padecerlos (mujeres con trastornos de ansiedad, con historia previa de ataques de pánico…) se recomienda evitar el consumo de sustancias excitantes como nicotina o bebidas con cafeína.