Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Un compuesto de frutas y bayas podría ayudar a revertir el párkinson
iStock by Getty Images

Los aceites esenciales de citronela, ciclamen, hierba de limón, nardo, rosa o almizcle son muy utilizados en la elaboracíon de aromas y perfumes por su contenido en farnesol, un compuesto que potencia el olor.

Pero este mismo compuesto que se haya de forma natural en plantas, bayas y otras frutas podría ayudar a prevenir e incluso revertir el daño cerebral relacionado con la enfermedad de Parkinson. Así lo ha demostrado un estudio de Johns Hopkins University School of Medicine.

Frenar la pérdida de neuronas

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), el España hay unas 120.000-150.000 personas afectadas por párkinson, una cifra que se triplicará en 2050 por el aumento de la esperanza de vida.

En esta enfermedad se produce una pérdida progresiva de neuronas que producen dopamina, lo que afecta al movimiento y a la cognición provocando los síntomas típicos de párkinson:

  • Temblores, rigidez muscular, lentitud de movimientos, confusión y demencia.

Pues bien, el farnesol podría ayudar a desactivar una proteína llamada PARIS que interviene en la progresión de la enfermedad y en esa destrucción fatal de neuronas.

"Nuestros experimentos mostraron que el farnesol previno significativamente la pérdida de neuronas de dopamina y revirtió los déficits de comportamiento en ratones, lo que indica su potencial como tratamiento farmacológico para prevenir la enfermedad de Parkinson", señala Ted Dawson, profesor de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

cómo se ha hecho el estudio

En las personas con párkinson se produce una acumulación de proteína PARIS, lo que a su vez ralentiza la fabricación de otra proteína (PGC-1 alfa) que protege las células cerebrales.

Y sin esa proteína protectora, las neuronas de dopamina mueren, lo que provoca los síntomas tanto físicos como cognitivos del párkinson.

Así pues, inhibir la proteína PARIS es clave para frenar la enfermedad. Partiendo de esta premisa, los investigadores analizaron datos de muchos fármacos que pudieran frenar esta proteína.

Y vieron que el farnesol tenía un gran potencial, pero había que demostrarlo.

  • Para estudiar si podría proteger el cerebro de los efectos de la acumulación de PARIS, los investigadores alimentaron a un grupo de ratones con una dieta suplementada con farnesol y a otro grupo con una dieta sin farnesol durante una semana. A todos se les administró una proteína asociada a los efectos del párkinson en el cerebro.

Al analizar los resultados, comprobaron que las sospechas respecto al potencial del farnesol se confirmaban:

  • Los ratones alimentados con la dieta de farnesol se desempeñaron un 100% mejor en una prueba de fuerza y coordinación diseñada para detectar el avance de los síntomas de párkinson.
  • Y cuando posteriormente los investigadores estudiaron el tejido cerebral de los ratones de los dos grupos, vieron que los suplementados con farnesol tenían un 51% más proteínas protectoras (PGC-1 alfa) y el doble de neuronas de dopamina sanas.

Relizando experimentos químicos, los investigadores vieron que realmente lo que hacía el farnesol era alterar la proteína PARIS, la que favorece el párkinson, impidiendo así que frene la producción de las proteínas protectoras. De ahí que los ratones suplementados con farnesol tuvieran menos señales de párkinson.

El potencial del farnesol

Aunque el farnesol se produce de forma natural, las versiones sintéticas se utilizan en perfumes y las cantidades que se obtienen a través de la dieta no están claras.

Así pues, los investigadores advierten que no se ha determinado una dosis segura de farnesol para humanos y es necesario realizar más estudios para comprobarlo.

Pero, a pesar de que se necesita investigar más, el equipo de la Johns Hopkins Medicine espera que algún día pueda usarse el farnesol para desarrollar tratamientos que logren prevenir o revertir el daño cerebral provocado por el párkinson.

Esta enfermedad se asocia a problemas de movimiento y temblores, pero años antes de que estos síntomas aparezcan pueden haber otros que avisan de la enfermedad como los trastornos del sueño REM o la pérdida de olfato.

Estas señales pueden alertar de párkinson antes de que el daño neuronal sea mayor. Y administrar en ese momento tratamientos eficaces podría frenar su progresión.