Se puede hacer ejercicio físico durante el tratamiento de cáncer

Realizar ejercicio físico durante el tratamiento contra un cáncer puede aportar grandes beneficios a la mayoría de las personas. Lo mejor es incorporarlo de forma gradual y sin forzarse, y que la actividad elegida sea lúdica y gratificante.

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Sí puedes hacer ejercicio físico durante el cáncer

Tiempo atrás lo habitual era no recomendar la actividad física durante el proceso oncológico. Quizá fuera por un sentimiento de sobreprotección o quizá es que no se conocían con certeza sus efectos; pero esa perspectiva ya quedó atrás.

Hoy en día disponemos de suficiente evidencia científica como para asegurar que una actividad física habitual y moderada tiene, en general, muchos beneficios para las personas que están en proceso oncológico.

Lógicamente, debe ser el profesional sanitario especializado de acuerdo con el oncólogo responsable quienes pauten el tipo de ejercicio y su frecuencia.

¿Qué es lo que consigue?

beneficios físicos

Muchos estudios han puesto de manifiesto que el ejercicio físico –insistimos, de intensidad baja o moderada y progresivo– puede prevenir en algunos casos el daño que sufre el corazón con la medicación antitumoral, lo que se conoce como cardiotoxicidad.

Puede reducir la percepción del dolor

Al realizar una actividad física que resulta agradable y se puede hacer sin demasiado esfuerzo, el cerebro genera más endorfinas. Son sustancias químicas que actúan como analgésicos naturales.

  • No en vano, y aunque no siempre está indicado correr, existe lo que se conoce como “el subidón del corredor”.

Menos molestias en las extremidades

Además de conseguir que “el cuerpo duela menos” y aumentar la vitalidad, al ejercitarnos se reduce el riesgo de padecer neuropatía periférica (dolor y falta de sensibilidad en pies y manos).

A veces es un efecto secundario de la quimioterapia, pero el ejercicio regular y moderado ayuda a mantener los nervios responsables en buenas condiciones.

beneficios psicológicos

Realizar una actividad física sea lúdica y divertida, sobre todo si se hace en grupo pero no implica competitividad, propicia la socialización y tiene un gran efecto.

Aumenta la autoestima y la satisfacción personal

Ese bienestar que muchas veces se percibe ya en la primera sesión ocurre porque con la actividad física se incrementa la actividad de la mayoría de neurotransmisores del cerebro.

Esas sustancias químicas nos ayudan a dormir mejor, a equilibrar el apetito, a que logremos concentrarnos mejor en las tareas que hacemos, a recordar más detalles y a aumentar la sensación de confort.

Genera mayor sensación de control

Puede ocurrir que, al someterse a un tratamiento largo minuciosamente pautado, uno sienta que ha perdido el control de su vida. Y también del cuerpo, por la presencia de la enfermedad.

Esa percepción puede mejorar por el hecho de ir consiguiendo pequeñas metas diarias con el ejercicio; y también porque mientras se realiza hay mayor control sobre el movimiento y sobre cómo administrar el esfuerzo y la energía.

Siempre escuchando al cuerpo

Las personas que están afrontando un cáncer y deciden hacer ejercicio tienen que estar muy atentas a las señales que le envía su cuerpo para saber cómo se sienten y cómo lo toleran, conocer dónde está su capacidad en ese momento y respetar los descansos necesarios.

Si la actividad ha sido un poco intensa, por ejemplo, conviene dejar pasar 48 o 72 horas antes de repetirla.

Además, llevar un registro personal ayuda a elegir la actividad física más adecuada. Si dos días después de la quimio uno está decaído, no deberá programar una actividad enérgica, pero sí podrá hacer yoga o ejercicio aeróbico de muy baja intensidad como estrategia de recuperación física.

Se debe parar y consultar con el médico si se nota más dolor (articular o tendinoso), opresión en el pecho, palpitaciones, sensación de indigestión o si al día siguiente el cansancio es extremo.

gimnasia dulce para empezar

Cuando la persona acaba de pasar por una cirugía posiblemente obtenga más beneficios de una sesión de yoga restaurativo (que se adapta a sus capacidades reales) y de ejercicios de respiración y relajación.

Estas sesiones no solo contribuyen a calmar la mente en un momento de incertidumbre, sino que ayudan a oxigenar mejor todo el organismo, a relajar una musculatura demasiado tensa y a reducir la presión arterial.

Qué aporta la marcha nórdica

La marcha nórdica previene el linfedema en el cáncer de mama. Es una inflamación en el brazo que se ha sometido a cirugía para extraer algunos ganglios.

Los movimientos de este tipo de caminata reducen la posibilidad de que se produzca esa hinchazón tan limitante.

Activa el sistema linfático

Al llevar los brazos hacia delante y hacia atrás de manera alterna se produce una contracción muscular regular y rítmica que presiona ligeramente los vasos linfáticos y los tejidos, con lo que los líquidos acumulados (linfa) se movilizan y distribuyen mejor.

La peculiaridad de la marcha nórdica es que la mano se abre y el bastón se suelta (va sujeto a la muñeca) cuando lo desplazamos hacia atrás para volver a cerrarse y recogerlo suavemente al llevarlo hacia delante.

  • Justo ese movimiento es lo que genera mayor beneficio en el brazo al crear un efecto de bombeo, además de abrir y relajar el músculo pectoral, posiblemente menos flexible tras la mastectomía.

Corrige malas posturas

Al caminar existe el riesgo de llevar el torso hacia delante y curvar la espalda, algo que no ocurre al usar bastones, que sirven de soporte.