apoyo emocional

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apoyo emocional

Es fácil que a lo largo de tu vida te toque (o quizá ya te haya ocurrido) asumir el cuidado de un familiar o ser querido. Esta tarea requiere de sacrificios, tiempo y, sobre todo, de grandes dosis de paciencia.

Ahora bien, si la ayuda que recibe esta persona es la correcta, todo el esfuerzo vale la pena: los estudios demuestran que el apoyo emocional facilita la recuperación de cualquier enfermedad.

Ayúdale a entender qué le pasa

Es importante que la persona enferma comprenda qué le está ocurriendo, qué trastorno sufre, sus limitaciones y qué puede hacer para ayudar a controlar la enfermedad.

Piensa que el desconocimiento genera dudas, miedos, vergüenza, desesperación y afecta negativamente la evolución de la enfermedad. Si entiende que de él o de ella depende en gran parte su buena salud, seguirá los consejos médicos y los tratamientos con mayor responsabilidad.

Contar con un buen apoyo ayuda a seguir mejor los tratamientos

  • Protégele sin mentir. Decidir si el enfermo está preparado para recibir una mala noticia, o una información dolorosa, no siempre es fácil. La primera opción tiene que ser siempre decir la verdad, aunque en ocasiones puede tener consecuencias devastadoras. Valora su situación, su madurez y las posibles consecuencias.

Dale tiempo para adaptarse

Tras el diagnóstico de una enfermedad grave, o un accidente con secuelas, el enfermo (o paciente) suele pasar un proceso similar al duelo que se experimenta tras la pérdida de un ser querido, con sus cuatro fases:

  1. Negación
  2. Rabia
  3. Tristeza
  4. Aceptación.

Aunque en algunos momentos sea duro también para ti, debes dejarle pasar por todas estas fases. Y si el proceso de asimilación ha sido adecuado, llegará a la última fase, la aceptación y la normalización de la situación.

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Intenta comprenderle sin reprimir. Ponte en su piel: entiende, por ejemplo, que la rabia es una parte esencial del duelo. Evita presionarle y ten en cuenta que a veces solo necesita sentirte cerca.

Deja que se exprese

Es común que un enfermo no entienda del todo su situación, que no la acepte, que sienta vergüenza, que lo viva con tristeza, con rabia, miedo, o impotencia o, simplemente, que sienta que no es justo lo que le ha pasado o le está pasando.

  • Debe poder abrir su corazón y compartir todos estos sentimientos con alguna persona cercana. Favorecer una buena comunicación siempre ayuda en positivo.

Reprimir las emociones dificulta la recuperación

  • También es bueno escuchar sin aconsejar. Muchas veces se intenta ofrecer siempre la solución, el consejo más acertado, pero en ocasiones la persona a la que cuidamos “solo” necesita a alguien que le muestre comprensión, que no lo juzgue.

Que sepa que tú estás a su lado

Aunque puede estar viviendo un momento difícil y complicado, percibir una actitud positiva y colaboradora es fundamental para superar (y afrontar) la enfermedad. Recuérdale que estás a su lado, y que, en poco tiempo, la situación se irá normalizando.

Piensa que si pierde la confianza y deja de luchar, puede que su organismo también se rinda. Los estudios demuestran que una actitud positiva mejora la evolución de numerosas enfermedades.

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Esto lo puedes hacer acercándote sin invadir. Estás sacrificando tu vida por los cuidados que ofreces a ese familiar que te necesita pero ten en cuenta que él también necesita su intimidad, su poder de decisión y su espacio, por limitado que sea. Es importante que lo respetes.

Anímale a superar metas

Tener obligaciones, aficiones, una tarea que le obligue a levantarse por la mañana y sentirse útil.... le dará motivos para seguir luchando. Buscar un “motor” no siempre es una tarea fácil, pero sí necesario para mantenerse vivo, útil, en el camino de la recuperación.

Una actitud positiva mejora la evolución de muchas enfermedades

Aconséjale qué hacer pero sin “obligarle” a nada. Apoya sin presionar y deja que sea él o ella quien decida en qué momento está preparado para hacer cosas nuevas.

El poder de las palabras

El estado de ánimo y la actitud de un enfermo no siempre es fácil de llevar. Es muy complicado acompañar y cuidar a un enfermo que puede mostrarse desanimado, testarudo, impaciente e incluso exigente. Es lógico que a veces pierdas la paciencia, levantes la voz y no escojas las mejores palabras.

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¡No entiendo qué estés así, si lo tienes todo! ¡No pones de tu parte! ¡Así nunca te vas a poner bien! ¡Eres muy egoísta! ¡Tú te lo has buscado! Frases como estas pueden ser desalentadoras. Incluso pueden llegar a ser un verdadero lastre en la recuperación de la enfermedad.

Igualmente son poderosas las palabras para reforzar, animar, activar la capacidad de lucha y aumentar su autoestima. Utiliza frases como estas: ¡Seguro que vas a salir adelante! ¡Estamos pasando un momento difícil pero tienes mi apoyo incondicional!

tú también cuentas... mímate

  • Cuidar a una persona enferma implica muchas veces dedicar todo el empeño a conseguir que remonte. Esto puede llegar a ser agotador y minar la fortaleza de cualquiera.
  • Es importante que estés bien. Debes cuidarte, lo primero por ti, y también por la persona a tu cargo. Si caes enferma no podrás seguir atendiendo a ese familiar. Así que es importante que no descuides tu salud.
  • Busca tiempo para tus aficiones, delega los cuidados en algún familiar, haz deporte (o al menos camina un poco cada día), aliméntate bien y descansa.