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Cuando la enfermedad renal crónica alcanza fases avanzadas, llega un momento en que los riñones pierden gran parte de su capacidad para limpiar la sangre y es necesario recurrir a tratamientos u opciones que suplan esa función.

La Dra. Silvia Collado y la enfermera Marisol Fernández, del Servicio de Nefrología del Hospital del Mar de Barcelona, aseguran que, sin duda, la mejor opción para un enfermo renal crónico es un trasplante de riñón de donante vivo.

  • Sin embargo, esa opción no siempre es posible o, si lo es, mientras llega, la alternativa es la diálisis.

Normalmente se recurre a ella cuando los riñones trabajan a un 10-12%, ya que por debajo de estas cifras el deterioro del paciente puede ser muy rápido. "De todas maneras, cuando la función renal está todavía al 20% al paciente ya se le debe ir informando de todas las opciones que hay, entre ellas el trasplante", asegura Marisol Fernández.

LAS SEÑALES DE FALLO EN LOS RIÑONES

Los llamados síntomas de uremia, que aparecen como consecuencia de la acumulación de toxinas y agua en la sangre, alertan de que el trabajo de los riñones es insuficiente y de que, posiblemente, hay que empezar con la diálisis:

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  • El cansancio es la primera señal que suele notar el paciente.
  • En fases más avanzadas hay pérdida de apetito, náuseas matutinas o alteraciones del ritmo gastrointestinal (diarrea).
  • También puede haber acúmulo de líquido, lo que provoca ahogo. Este síntoma suele tratarse con diuréticos, pero si no puede controlarse es una de las señales que obliga a iniciar antes la diálisis.

existen dos tipos de diálisis

Esta técnica consiste en filtrar la sangre"imitando" lo que harían los riñones. Así se sustituye en gran parte el trabajo de estos órganos, pero no del todo porque también participan en la producción de hormonas como la eritropoyetina (clave en la regulación de la presión sanguínea) y la producción de vitamina D.

La Dra. Silvia Collado, médico adjunto del Servicio de Nefrología del Hospital del Mar de Barcelona, nos explica que actualmente existe dos tipos de diálisis.

1. La diálisis peritoneal

Tiene la gran ventaja de que la puede realizar el paciente en su propia casa. Se llama así porque la depuración de la sangre (eliminación de toxinas y agua) se practica a través del peritoneo (el tejido que reviste la cavidad abdominal) que en este caso se utiliza como filtro.

  • Antes de empezar el tratamiento, al paciente se le coloca mediante anestesia general un catéter de silicona dentro del abdomen que llevará siempre.
  • A través de este catéter se realiza lo que se conoce como recambio: se introduce un líquido especial (líquido de diálisis) en la cavidad peritoneal y se deja que actúe durante unos 40 minutos para que "recoja" las toxinas y el agua de la sangre. Pasado ese tiempo el líquido se vacía.

La diálisis peritoneal puede realizarse mientras el paciente duerme

  • Normalmente el paciente realiza 3 recambios al día de 40 minutos.
  • La diálisis periotoneal también puede realizarse durante la nochemientras la persona duerme. Se hace mediante una máquina llamada cicladora que realiza estos recambios (llena y vacía el líquido de diálisis del abdomen) de forma automática durante la noche. El proceso dura unas 8 horas. Al levantarse, el paciente se desconecta y puede hacer vida normal.

¿A quién conviene?

Marisol Fernández, enfermera del Servicio de Nefrología del Hospital del Mar, asegura que para una persona que trabaja fuera de su casa, la diálisis peritoneal es la mejor, y en especial la nocturna.

La diálisis peritoneal permite más libertad al paciente

  • No requiere una destreza especial y antes de iniciar las sesiones el paciente recibe unas sesiones explicativas en el hospital durante unas 2 semanas que no dejan lugar a dudas.

El único inconveniente es que hay más riesgo de peritonitis (infección del peritoneo). No hay que olvidar que esta técnica requiere la colocación de un catéter en el peritoneo por donde entra y sale el líquido de diálisis, por ello al manipularlo aumenta el riesgo de infección.

De todas maneras, con unas medidas de higiene estrictas no tiene por qué ocurrir. Y si sucede es una infección fácilmente tratable.

2. La Hemodiálisis

Mediante esta técnica se extrae la sangre para hacerla pasar por una máquina (dializador) que la limpia de toxinas y agua. Una vez depurada vuelve al organismo.

  • Para practicarla se requiere un acceso vascular que permita una gran circulación de sangre hacia el dializador.
  • Este acceso se realiza mediante una fístula (se une una arteria con una vena en la zona de la muñeca o el codo, o bien se utiliza una pequeña prótesis para realizar esta unión) o un catéter.

La hemodiálisis se realiza en hospitales o centros de diálisis

  • Tanto la fístula como el catéter se hacen mediante una sencilla intervención ambulatoria con anestesia local.
  • La hemodiálisis se realiza 3 días a la semana en un hospital o un centro de diálisis y cada sesión dura entre 4 y 5 horas según el paciente. Por tanto, requiere desplazarse a un lugar y a unos horarios determinados. "Este tratamiento resta mucha más libertad al paciente", asegura la Dra. Collado.

Para quién está indicada la hemodiálisis

De entrada la diálisis peritoneal tiene más ventajas porque el paciente puede hacérsela él mismo y permite una mayor calidad de vida.

La persona está más controlada y se encuentra mejor porque filtra su sangre a diario, lo que le permite una dieta y una toma de líquidos más libre. Además, sigue teniendo capacidad para orinar, cosa que no ocurre en los pacientes en hemodiálisis.

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  • Sin embargo, la Dra. Collado explica que no todo el mundo es apto ni la prefiere."Hay pacientes que por edad o porque son dependientes, les da miedo esta técnica y no se ven capaces de practicarla ellos mismos, por lo que prefieren acudir a un hospital dónde les realicen la hemodiálisis".

Por otro lado, los pacientes que han sido operados del peritoneo tampoco son aptos para la diálisis peritoneal, por tanto deben recurrir a la hemodiálisis.

Por último, hay pacientes que optan por el tratamiento conservador, es decir cuidar su enfermedad en la medida de lo posible pero sin pasar por diálisis.

  • Marisol Fernández asegura que "se trata de personas que superan los 80 años de edad, tienen una cierta calidad de vida y optan por controlar los síntomas de su enfermedad (por ejemplo, la anemia) pero sin realizar hemodiálisis, que al final seguramente supondría alargar la vida solo un poco más pero mientras, afectaría demasiado a su día a día".

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Por Soledad López, periodista especializada en salud