Psicología infantil

¿Qué tiene mi bebé? ¿Sueño o hambre?

Los padres no siempre sabemos en qué orden debemos atender las necesidades de los hijos. Y la mayoría de las veces, ellos saben la respuesta. Aprende cómo descifrar todas sus señales y descubrir qué necesita.

Rosa Jové

Rosa Jové

Psicóloga infantil y juvenil. Autora de los libros "La crianza feliz" y "Dormir sin lágrimas".

sueno o hambre

Hace buen día, sales a pasear con tu bebé y al cabo de poco rato empieza a quejarse. ¿Tiene sueño o tiene hambre? Muchos padres primerizos no sabemos descifrar aún las señales del bebé y, ante una situación así, nos angustiamos porque no sabemos qué hacer.

Lo intentamos todo sin un objetivo claro y, sobre todo, sin dar tiempo a que el bebé pueda manifestar claramente si tiene sueño o tiene hambre.

¿Por qué se queja tu bebé?

En realidad, lo malo no es ser padre primerizo. Lo malo es que los demás lo sepan. En tal caso, el “bombardeo” de comentarios, consejos, sugerencias, sermones, e incluso reprimendas, llega a ser de tal calibre, que conviene salir a la calle con nuestro bebé como si corriéramos hacia un búnker.

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Ante las quejas de un bebé, el abanico de diagnósticos es prácticamente interminable, pero los dos más socorridos son “tiene sueño” y “tiene hambre”.

El apetito, el mejor indicador

Si mientras paseamos vemos que nuestro hijo está intranquilo, podemos ofrecerle comida.Si tiene hambre, comerá. ¿Cuánto? Pues lo que requiera su sabio metabolismo. Nuestros hijos van a comer lo que necesitan, no hay más misterio.

Su apetito es un “impulso instintivo” que ha hecho sobrevivir a los humanos durante millones de años. Así que a tu hijo no se le olvidará comer lo que necesita, como a nadie se le para el corazón porque se ha olvidado de pensar en él.

El apetito de los bebés es impredecible pues se va adaptando a su crecimiento

De todos modos, el apetito de los niños, pese a que se parece mucho al de los adultos, no es exactamente igual. La Academia Americana de Pediatría señala que es “errático e impredecible”.

Puede no comer cuando nosotros pensamos que debería tener hambre. Y puede seguir comiendo cuando creemos que ya debería estar saciado. Su apetito se adapta, con la precisión de un reloj suizo, a su crecimiento. Si tiene que crecer más, comerá más; si su crecimiento ya no es tan brusco, comerá menos.

¿Tiene sueño? deja que él te guie

Es divertidísimo escuchar lo agoreros que son los comentarios dirigidos a o, casi mejor dicho, contra los padres primerizos. El caso es que con el sueño, por supuesto, no se hace ninguna excepción. “Si no duerme no crece”. “Para que duerma mejor debe comer mucho”...

Pero la cuestión es que es difícil encontrar a una madre que no reconozca los síntomas de sueño de su hijo. Y más difícil todavía es que esa madre ignore dichos síntomas y no intente acunar a su bebé para que duerma como un angelito.

No obstante, hay padres que no consiguen reconocer si su hijo tiene sueño. Si eso es lo que os ocurre a vosotros, pensad que la solución la da la práctica: por mucho que se acueste antes a un niño, no dormirá si no tiene sueño. Así que probadlo. Él mismo os dirá qué sucede.

Acertar no es una tarea fácil

En general, nuestro hijo es todavía es un bebé, los padres solemos interpretar la mayoría de sus quejas como un signo de hambre y no de sueño. Es un error muy frecuente.

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Por esta razón, cuando un bebé se queja, enseguida le ofrecemos el pecho o el biberón. No pasa nada: si tiene hambre, habremos acertado; si tiene sueño, comer algo –y, sobre todo, succionar– le relajará y le ayudará a conciliar el sueño.

La mejor opción para los bebés

A los niños les ocurre lo mismo que a los mayores; dormir debe ir asociado al relax. Por eso muchos de nosotros intentamos hacer algo relajante para dormirnos: leer, darnos un baño calentito, contar ovejas... ¿Qué es lo que más relaja a un bebé? Succionar y el contacto con las personas queridas.

Si toma el pecho, dáselo. Si tiene hambre comerá, si tiene sueño se relajará succionando y se dormirá

Así pues, lo tenemos fácil: tanto si lo que tiene es sueño como si es hambre, podemos empezar por darle de comer. Si es hambre, comerá. Si es sueño, no comerá tanto (o nada), pero se relajará succionando y se dormirá.

¿Y así no se va a sobrealimentar? No, porque el niño es quien decide cuánto toma: si no tiene hambre, casi no comerá.

Cuándo cambian las prioridades

Cuando el niño es un poco más grande empiezan a surgir otros problemas. Gracias a la experiencia que hemos ido adquiriendo, normalmente ya sabemos distinguir cuándo tiene hambre y cuándo sueño. Lo que ahora queremos saber es qué es lo primero: comer o dormir.

Imagina la siguiente situación. Es aproximadamente la hora de comer y tu hijo de un año presenta signos inequívocos de sueño. Algunos te dirán: “Déjale dormir porque ahora no te comerá”. Otros recomendarán: “Dale de comer porque sino no te va a dormir”. Y tú, sin saber qué hacer.

Ante la duda, ponlo a dormir. Si tu hijo se salta una comida lo compensará en la siguiente, las horas de sueño no se recuperan

Ante esta disyuntiva lo mejor es hacer caso del sueño como necesidad principal: pon a tu hijo a dormir porque las calorías que un niño necesita a lo largo del día las puede ingerir y compensar en cualquier momento: el niño autorregula las calorías que come.

Si tu hijo se salta una comida, lo compensará comiendo más en otra. No pasa nada. En cambio, si tu hijo pierde horas de sueño es más difícil que las recupere, ya que hay niños que llevan unas jornadas ajetreadas con horarios muy marcados (guardería, actividades...) y no siempre pueden compensar las horas de descanso que pierden.

No obstante, si ves que tu hijo tiene sueño y hambre a la vez, antes de acostarlo puedes intentar darle de comer alguna cosita: si la quiere la comerá y si no, tan amigos, señal de que tiene más sueño que hambre y que estamos en el camino correcto.

¿Comer y dormir a la vez?

Te parece imposible... Pues no lo es. Cuando los bebés toman pecho pueden comer y dormir a la vez. Muchos padres acuden a la consulta con la queja de que su bebé no duerme durante el día.

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Cuando analizamos la situación nos encontramos ante un bebé que aprovecha todas las tomas para dormir. Los padres creen que cierra los ojos relajado y lo que ocurre es que está profundamente dormido.

Hay padres que se dan cuenta y cuando el niño empieza a dormirse mientras toma el pecho intentan mantenerlo despierto a toda costa para que haga una mejor toma o para que duerma mejor después: es un error.

Hay bebés que duermen mientras toman el pecho

Los niños tratados así suelen hacer la toma de forma incómoda y, luego, están tan irritados que les cuesta mucho más dormirse.

La manía de establecer un horario fijo

¿Cuántos padres intentan que su hijo se duerma a una hora determinada sin conseguirlo, solo porque el niño no tiene sueño? ¿Tú te acostarías a las siete? Si has pasado una mala noche quizá te vendría bien un sueñecito, pero la mayoría de las personas no tenemos sueño a esa hora.

A un bebé le puede ocurrir lo mismo: un día se acostó y durmió pronto (igual había pasado una mala noche), los padres presuponen que cada día va a querer dormir a esa hora... y fallarán estrepitosamente.

Necesita comprensión y cariño

Las soluciones mágicas no existen, pero podemos buscar una estrategia para, al menos, intentar descubrir de qué manera nuestro hijo obtiene mayor bienestar. Si él está bien, nosotros nos sentiremos mucho mejor.

Cualquier “plan” que adoptemos pasa por intentar comprender a nuestro hijo, no por marcarle horarios estrictos para que se “acostumbre” ni tiempos de espera para que “vaya aprendiendo”.

Cómo descubrir qué necesita tu bebé

Cuando tengas alguna duda sobre qué es lo que está pidiéndote tu bebé, recuerda estos 3 pasos:

1. Procura no dejar nunca llorar a tu bebé. No siempre es fácil consolarlo, pero hay que acudir en cuanto nos reclama.

Para descubrir por qué llora tu hijo, ten en cuenta diferentes posibilidades:

  • Tiene hambre y quiere comer.
  • Quiere mamar aunque no tenga hambre.
  • Quiere que le tomen en brazos.
  • Está aburrido y quiere tu compañía.
  • Está cansado y quiere dormir.

Decide tú misma en qué orden probar las anteriores opciones. Déjate guiar por tu instinto. Si sigue llorando tras probar una opción, inténtalo con otra.

2. No tengas miedo de sobrealimentar a tu hijo. Eso no va a ocurrir.

3. No tengas miedo de malcriar a tu hijo por cogerle en brazos. Eso tampoco va a ocurrir.

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