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Romper con las rutinas diarias y disfrutar de unas semanas de vacaciones es perfecto para cargar pilas. Sin embargo, a nuestros intestinos no les gusta cambiar de hábitos.

Tanto es así, que cuando nos saltamos los horarios e introducimos nuevos alimentos en nuestro día a día corremos el riesgo de que aparezca el estreñimiento ocasional.

Un trastorno digestivo leve que puede convertirse en crónico cuando pasas al menos tres meses con dificultad para ir al baño.

Del uso correcto al abuso

Si evacuas menos de 3 veces a la semana, tienes la sensación de que la defecación es incompleta, el esfuerzo que tienes que hacer es excesivo, haces varios intentos sin resultado y la alimentación no te ayuda lo suficiente, todo indica que es el momento de atajar el problema.

Cómo y cuando tomar un laxante

Una vez el laxante ha cumplido su cometido y has recuperado el ritmo intestinal, no tiene sentido seguir tomándolo. Sin embargo, son muchas las personas que deciden continuar desoyendo los graves riesgos que conlleva para su salud.

Tomado de forma puntual puede ser una ayuda. Si se ha solucionado el problema, no repitas

  • El abuso de laxantes hace que, poco a poco, te cueste más evacuar sin ayuda.
  • Las terminaciones nerviosas del colon se van adormeciendo, por lo que ya no se generarán las señales que indican al cerebro cuándo es el momento de defecar.
  • Otras consecuencias del uso abusivo de laxantes son: el dolor constante de vientre, diarrea, náuseas, vómitos o flatulencias incontrolables.

Una respiración adecuada favorece los movimientos intestinales y ayuda a prevenir el estreñimiento

Sufrir una diarrea (una colitis) por el exceso de estos medicamentos lleva a la pérdida de electrolitos (minerales presentes en la sangre) y eso es potencialmente peligroso para la salud.

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Su uso injustificado puede causar, a largo plazo, desnutrición, precisamente por esos nutrientes que eliminamos y dejamos de absorber.

  • El problema es mayor si tienes algún trastorno previo que, ya de por sí, comporta mala absorción de nutrientes, como la enfermedad de Crohn, la intolerancia a la lactosa, la celiaquía, la fibrosis quística o la pancreatitis.

los laxantes No adelgazan

Escoger la ingesta de laxantes como un método para perder peso es un error que puede traer gravísimas consecuencias para la salud.

Con el uso continuado de laxantes nos sentimos deshinchados y ligeros, pero al mismo tiempo estamos dañando el sistema digestivo.

  • Aunque la pérdida de peso sea real, también lo es su brevedad. Los expertos señalan que, en los casos en los que existe un consumo abusivo de este tipo de fármacos, una vez se abandona su ingesta se produce un efecto rebote debido a la formación de edemas (acumulación de líquidos).

Incompatibles con otros fármacos

Los laxantes pueden interferir en el proceso de absorción de otros medicamentos como los antibióticos, los anticoagulantes y los fármacos para el corazón y los huesos. Si tomas alguno, es importante que consultes antes con tu médico.

Hábitos y salud intestinal

Cuando dejamos de ir al baño, nuestro organismo no tarda en acumular sustancias que pueden provocar daños en el aparato digestivo. Para evitarlo, es fundamental tener unos hábitos que favorezcan el tránsito intestinal.

  • Enriquece tu dieta con fibra. Nuestro organismo necesita cada día al menos 25 g de fibra. Las mejores fuentes son las frutas (kiwi, pera, higos), las verduras (alcachofa, brócoli), los cereales integrales (consume pan , pasta y arroz integral) y las legumbres (guisantes).
  • Incluye infusiones. Además de beber como mínimo 2 l de agua al día, tomar infusiones de ciertas plantas te ayudará. Son especialmente efectivas las de hojas de sen, lino o ruibarbo. Eso sí, te recomendamos siempre consultar antes a tu médico. el experto te orientará sobre cuál es la mejor para ti.

¿qué tipo de laxantes hay y cómo actúan?

Aunque muchos no necesitan receta, es mejor que antes de tomarlos hables con un médico.

  • Formadores de masa: Lubrifican y aumentan el tamaño de las heces, activando el movimiento intestinal. Interfieren en la absorción de minerales, vitaminas y algunas clases de medicamentos.
  • Lubrificantes: Al introducirlos en el recto ablandan las heces y promueven su evacuación. Pueden producir irritación rectal, diarrea y calambres.
  • Estimulantes: Provocan el movimiento de los intestinos para desplazar las heces y facilitan su expulsión. Si se abusa de ellos, pueden volver "vago" al intestino (hipotonía intestinal).
  • Osmóticos: Acumulan agua en el colon favoreciendo la defecación. En ocasiones, pueden causar deshidratación y diarrea.