Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Cómo afecta el maltrato infantil a la salud mental del niño
iStock by Getty Images

Los malos tratos en la infancia se consideran en psiquiatría un caldo de cultivo que favorece la aparición de trastornos mentales.

Por eso es importante que estos niños sean considerados un colectivo de riesgo y reciban intervención terapéutica que ayude al cerebro a madurar correctamente.

Pero, ¿qué ocurre en el cerebro de esos niños? ¿qué alteraciones se producen que son la antesala de una mala salud mental?

Un estudio publicado en Psychological Medicine arroja luz sobre ello al demostrar que estos niños presentan unas alteraciones neurobiológicas concretas ya desde pequeños.

Afecta a la regulación del estrés

Sufrir malos tratos en la infancia afecta al mecanismo que tiene el organismo para hacer frente al estrés.

"Aquellos niños, niñas y adolescentes que han sufrido maltrato infantil por parte de adultos muestran alteraciones en el eje Hipotálamo Hipofisario Adrenal (HHA), uno de los principales mecanismos biológicos de regulación del estrés", explica la primera autora del estudio Laia Marqués.

"Además, se ha observado una relación dosis-efecto de manera que los que han sufrido experiencias de maltrato más graves muestran mayores alteraciones en el funcionamiento de este eje", explica la investigadora de la Facultad de Biología de la UB y del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM).

Maltrato en la infancia y trastornos mentales

Las experiencias de maltrato en la infancia se han relacionado siempre con el desarrollo de trastornos mentales, tanto al principio de la vida como en la edad adulta.

Un estudio realizado por el IDIBAPS revelaba que a los 14 años es cuando empiezan más trastornos mentales y los niños que han recibido malos tratos son un colectivo de especial riesgo.

La adolescencia es una etapa de muchos cambios. Si eso se suma al hecho de que el cerebro es un órgano plástico, muy cambiante hasta los 20 o 21 años, se entiende que en la adolescencia haya más riesgo de que aparezca un trastorno mental.

Se sabe también que las personas con enfermedades psiquiátricas que han sufrido malos tratos en la infancia tienen peor pronóstico. En concreto:

  • Se inicia antes el trastorno mental.
  • Los síntomas son más intensos.
  • Hay mayor comorbilidad.
  • Responden peor al tratamiento psicológico y farmacológico.
  • Hay más intentos de suicidio y periodos más largos de hospitalización.

Altos niveles de cortisol

Nadie duda del vínculo entre maltrato infantil y trastorno mental, pero los mecanismos neurobiológicos que explican este vínculo no se conocían del todo.

Este estudio ayuda a comprender por qué estos niños tienen una salud mental más frágil. Así lo explican las investigadoras:

  • "Los niños, niñas y adolescentes con historia de maltrato expresan mayores niveles de ansiedad y muestran una hiperactivación en el funcionamiento basal diurno del eje HHA, el que regula el estrés, con unos niveles elevados de cortisol por la noche".
  • "La hipercotisolemia (cortisol elevado) es un factor que perjudica la salud mental porque activa el estado de vigilancia de los niños, provocando disfunciones en el ciclo de sueño-vigilia, entre otros efectos".

Detalles del estudio

Para realizar este estudio, seleccionaron a un grupo de niños y adolescentes con y sin trastornos mentales, y expuestos y no expuestos a maltrato infantil.

A todos ellos los sometieron a una prueba de estrés agudo para explorar el funcionamiento del eje Hipotálamo Hipofisario Adrenal (HHA), el que controla el estrés.

Los investigadores comprobaron lo siguiente:

  • Los participantes sin historia de maltrato (con o sin psicopatología) tenían un aumento de los niveles de cortisol después del estresor agudo (como era de esperar).
  • Los que habían sufrido maltrato mostraron un eje HHA aplanado frente al factor estresor. Sin embargo, manifestaban niveles de ansiedad elevados, mostrando una clara disociación entre su percepción subjetiva de estrés y su respuesta biológica.

"Esta falta de plasticidad en los sistemas biológicos podría tener implicaciones clínicas importantes, dificultando la capacidad de manejar y activar procesos internos para hacer frente a situaciones de estrés futuras de forma óptima constituyendo, por tanto, un factor de riesgo para desarrollar trastornos de la conducta o distintas psicopatologías", concluyen.

Así pues, estos niños tendrían una dificultad neurobiológica para controlar y gestionar adecuadamente el estrés, aumentando el riesgo de trastornos de ansiedad, depresión, adicciones...

De todas maneras, cabe insistir en el hecho de que el cerebro es un órgano plástico, y con la intervención terapéutica adecuada, y sobre todo a tiempo, puede lograrse que madure de forma sana en lugar de hacerlo hacia la enfermedad mental.