dolor neuropatico

Un dolor nuevo, extraño y difícil de entender para quien lo padece. Así es el dolor neuropático, una alteración de la percepción de la que aún queda mucho por comprender y que puede descolocar enormemente a la persona afectada.

Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) más de 3 millones de personas en España sufren dolor neuropático, un 77% de ellos de forma crónica. De hecho, es el responsable de casi la mitad de todos los casos de dolor crónico en nuestro país, apunta la SEN.

Para entender un poco más los mecanismos del dolor neuropático y, sobre todo, qué podemos hacer para frenarlo, hemos hablado con Vicenç Punsola, fisioterapeuta y profesor de la Escuela Universitaria de Fisioterapia Gimbernat que, además, es director de Hand Therapy Barcelona y especialista en el tratamiento del dolor neuropático.

Empecemos por el principio: ¿qué es exactamente el dolor neuropático?

Lo primero que hay que tener claro es que el dolor neuropático es una complicación de una lesión nerviosa (grande o pequeña), no una lesión en sí.

Se calcula que un 30% de las personas con lesiones nerviosas lo desarrollan

Lo segundo, que no es un síntoma derivado de la lesión, sino que es una alteración de la percepción. Puede tener un origen periférico, pero se desarrolla a nivel cerebral.

  • Los nervios llevan unas sensaciones al cerebro, y cuando uno se lesiona dejas de recibir sus sensaciones. Entonces el cerebro, al que no le gustan los espacios vacíos, lo que hace es llenarlos de algo: y ese “algo” puede ser el dolor. Un dolor que, incluso, puede persistir durante mucho tiempo (años incluso), una vez la lesión inicial ya se ha curado.

¿Qué síntomas pueden alertarnos de él?

Puede notarse de forma espontánea, sin nada que a priori lo haga aparecer. Entonces…

  • Es un dolor que parece que queme pero también puede generar sensación de frío. Es probable que un mismo afectado sienta las dos cosas en momentos diferentes.
  • Es eléctrico, con sensaciones como de corriente.
  • Funciona por episodios y puede ser intermitente.

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Pero hay otro mecanismo que explica la aparición del dolor. Y es cuando lo hace a través de un estímulo.

  • Por ejemplo, al tocar la zona puede notarse dormida, o como si fuera rugosa, como un papel de lija y, al cabo de un rato (que pueden llegar a ser horas), empezar a sentir esa quemazón típica de la forma espontánea.

Generalmente se dan los dos tipos de dolor, pero como en el segundo caso puede pasar mucho tiempo entre el estímulo y su aparición es frecuente que el afectado no lo entienda y se pregunte por qué aparece el dolor si en ese momento no está haciendo nada.

¿Y cuál es el mecanismo que explica esta reacción?

En general se debe a un proceso que se llama sensibilización. O, lo que es lo mismo, un estímulo muy poco intenso genera una respuesta muy alta, porque el nivel de irritabilidad del nervio es muy elevado.

Y si esa respuesta es dolorosa, esto quiere decir que con un estímulo muy bajo puedes tener mucho dolor. Por eso hablamos de una distorsión de la percepción.

¿Qué causas pueden estar detrás del dolor neuropático?

No se sabe exactamente, podríamos decir que es algo aleatorio.

La preocupación no es un factor que inicie el dolor, pero sí lo puede multiplicar

Lo que sí es verdad es que hay factores que pueden hacer que la intensidad del dolor se incremente y perdure más. Y estos factores tienen que ver con la preocupación: una persona que se preocupe mucho puede sentir más dolor.

¿Qué se puede hacer para calmarlo cuando va a más?

Si el dolor está en línea ascendente (cada día duele más, con más frecuencia, durante más tiempo y con más intensidad) la ayuda farmacológica es la mejor opción.

Es el único medio del que disponemos en la actualidad para frenar lo antes posible el proceso de sensibilización del que hemos hablado antes.

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  • Nuestro sistema nervioso tiene un filtro que hace que de la información que se genera en la periferia solo le llegue una pequeña parte al cerebro.
  • En un paciente con dolor neuropático este filtro se estropea, y el sistema nervioso se transforma en un "coladero". Es decir, el bombardeo de información que recibe el cerebro es brutal. Y esto le genera una alarma, que es la que acaba provocando el dolor.

Los neuromoduladores son fármacos que lo que hacen es frenar ese "coladero". Y es cierto que pueden generar sensaciones desagradables (somnolencia, dificultades para concentrarse…), pero cuando el dolor está creciendo son una buena herramienta de urgencia.

¿Qué medidas debe tomar la persona que lo padece?

Es muy importante no tocar la zona donde siente el dolor. Piensa que al hacerlo, como no hay filtro, se generan miles de informaciones que van hacia el cerebro, que responde mediante el dolor.

Todos los estímulos que generes en la zona afectada le confirman al cerebro que tiene razón

Por tanto, hay que evitar ponerse cremas, hielo o cualquier otra cosa en la zona en la que se nota dolor porque, simplemente al tocarla, ya se aumenta la sensación.

También debe ser importante no estar todo el día pendiente, ¿verdad?

Claro, pero hay que tener siempre en cuenta lo siguiente: cómo tú vives eso es importante, pero la vivencia que tienes no la decides tú.

  • Si todo este proceso genera alarma y desesperación, no hay que darle la espalda e intentar solucionarlo. Pero tampoco hay que regocijarse en ello, hablando constantemente del dolor con familiares y amigos.
  • La asistencia psicológica es muy importante en estos casos, porque no hay que olvidar que la preocupación y el desánimo contribuyen a aumentar la percepción del dolor.

¿Y cuando el dolor está empezando a disminuir qué puede hacer el afectado para mejorar?

Lo primero es ser muy consciente de que, aunque esté mejorando, habrá baches. Y que, por tanto, no debe preocuparse en exceso ante ellos. A nivel práctico es importante tener presente que:

  • Este tipo de dolor es acumulativo, por lo que se nota más por la noche. Por eso, si hay que hacer alguna actividad es mucho mejor dedicarle un rato por la mañana y no por la tarde.

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  • No hay que aislarse. Recuperar la vida social y las cosas que hagan pensar en positivo (siempre y cuando no provoquen dolor) es fundamental.
  • Se recomienda generar sensaciones agradables cerca de la zona de dolor. Por ejemplo, si sientes que te quema puedes ponerte hielo en un área próxima a dónde notas la quemazón. Es una forma de que el cerebro reciba estímulos positivos y de reeducarlo en la percepción para que aprenda otra vez a interpretar las sensaciones de forma correcta.

Por último, no hay que perder de vista nunca que es el afectado quien tiene que controlar el dolor, y no al revés. Por eso cada persona ha de entender, saber, descubrir, la estrategia de su dolor: cuándo aparece, qué cosas lo aumentan, cuáles lo disminuyen… porque a partir de que consiga controlarlo, irá a mejor.

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