Con el asesoramiento de la Dra. Zoe Mariño, del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic

Por Eva Mimbrero, periodista especializada en salud

Por qué pueden salir las transaminasas altas en un análisis
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Tras recibir los resultados de un análisis de sangre la mayoría de nosotros se fija, seguramente, en si sus niveles de colesterol o de glucosa son correctos o no.

Pero hay muchos otros parámetros que dan pistas sobre posibles alteraciones que pueden acabar repercutiendo en nuestra salud. Uno de ellos es el nivel de transaminasas.

Qué son las transaminasas

"Las transaminasas son un tipo de enzimas, o moléculas con capacidad metabólica, que tenemos mayoritariamente en las células del hígado (los hepatocitos) y que se encargan de convertir unos aminoácidos en otros", nos cuenta la doctora Zoe Mariño, especialista en hepatología del Hospital Clínic.

  • "Algunos aminoácidos se deben transformar para luego poder fabricar proteínas de forma óptima, que es su función principal", aclara la experta.
  • El papel de las transaminasas para el buen funcionamiento del organismo es fundamental. "Necesitamos las proteínas prácticamente para todo: para formar la estructura de las células, para transportar las sustancias por la sangre, para regenerar los tejidos...", enumera.

Cuándo se considera que están altas

Lo primero que hay que tener claro es que, en condiciones normales, siempre tenemos una pequeña cantidad de transaminasas circulando por la sangre.

  • "Las células viven un tiempo determinado, tienen sus ciclos. Y, cuando se mueren, liberan al exterior sus componentes, entre ellos las transaminasas", explica la doctora.

Cuando en los análisis las transaminasas están por encima de 40 se debe estudiar por qué

  • "El nivel de transaminasas se considera normal cuando en la analítica está por debajo de 40 IU/L", puntualiza la hepatóloga.

    Aunque hay muchas transaminasas diferentes, básicamente se analizan los resultados de dos tipos: las AST (conocidas también como GOT) y las ALT (o GPT).

Por qué pueden elevarse

Las células del hígado concentran buena parte de las transaminasas que tenemos en el organismo porque "este órgano es el encargado, precisamente, de fabricar un enorme número de proteínas", aclara la doctora Mariño.

Debido a ello, cuando en una analítica se detecta que están altas, la primera sospecha respecto a su origen suele recaer en este órgano. De hecho, las causas hepáticas suelen ser las más habituales.

Pero no solo hay transaminasas en el hígado: también forman parte de las células de otros órganos como el corazón y el riñón, y de los músculos. Por eso, que estén elevadas no siempre se debe a un problema hepático.

Así, por ejemplo, tal y como nos cuenta la especialista...

  • Después de correr una maratón, la persona va a tener un aumento de las transaminasas en sangre, debido al daño muscular que provoca este sobreesfuerzo físico.
  • Tras un infarto de miocardio también es normal tener las transaminasas altas.
  • Ciertos procesos infecciosos, como una gripe, pueden provocar procesos inflamatorios en la musculatura o en otros tejidos, y una de sus consecuencias es un aumento de las transaminasas en sangre.
  • Otros, como la enfermedad del beso, atacan directamente a las células del hígado que, al destruirse, liberan sus transaminasas al torrente sanguíneo.

Si se debe a que algo anda mal en el hígado

Si nos centramos en el hígado, el aumento de las transaminasas se puede explicar básicamente por dos tipos de causas.

Causas agudas

Producen un daño muy brusco, y lo hacen en muchas células a la vez. Una de las consecuencias es que las transaminasas se elevan enormemente.

Las hepatitis causadas por algunos virus, como la A o la B, producen lesiones de este tipo. Es algo que también puede ocurrir con sustancias tóxicas para el hígado, como ciertos fármacos hepatotóxicos y también productos de herboristería.

  • "Las hierbas también pueden tener efectos secundarios. Hemos tenido no pocos casos de gente que toma productos para 'depurar el hígado' que, a veces, producen todo lo contrario. El órgano tiene una especie de 'reacción alérgica' frente a ellos y acaban provocando una lesión hepática", matiza la experta.

"El hígado no necesita ningún producto externo para depurarse, es capaz de hacerlo por sí mismo"

  • "No todo el mundo reacciona igual frente a las mismas sustancias –insiste–. Y, en general, la población no es consciente de que, en ocasiones, este tipo de productos naturales pueden causar más daño que beneficio".

Causas crónicas

Lesionan menos células que las anteriores, pero lo hacen durante más tiempo. Entre ellas se encuentran...

  • El virus de la hepatitis C (y también el de la B), el hígado graso, el consumo crónico de alcohol, ciertos trastornos autoinmunes (como la hepatitis autoinmune) y la toma de determinados fármacos.

    Si ocurre por esto último, la experta advierte que "no hay que dejar nunca un fármaco prescrito sin previo contacto con el médico de cabecera. En muchas ocasiones la elevación de las transaminasas puede no ser tan importante como para justificar retirar un fármaco, o puede ser necesario buscar otro posible origen de esta alteración", insiste.

    Otra cosa es la automedicación, que sí habría que evitar.

Cuando el hígado se daña no da síntomas

"La mayor parte de las enfermedades del hígado son silentes. Es decir, no producen ningún síntoma", advierte la especialista. Por ello los valores de transaminasas son tan importantes, porque se convierten en una alarma respecto a que tal vez está ocurriendo algo en el órgano.

  • "Los niveles altos de transaminasas casi siempre son un hallazgo casual al hacerse una analítica por otro motivo", argumenta la doctora del Hospital Clínic. Sin duda, es una razón más por la que no saltarse los chequeos médicos anuales.

La falta de síntomas ocurre, sobre todo, en los trastornos crónicos. Los agudos sí que suelen ir acompañados de señales, aunque normalmente inespecíficas (cansancio, malestar gástrico...). También pueden provocar icteriria, un síntoma más llamativo.

Qué hacer para bajarlas

Lo primero de todo es llevar a cabo un buen estudio para determinar por qué están altas. "Hay cosas que son leves y no van a requerir tratamiento. Pero otras, que pueden tener mucha importancia, sí", advierte la doctora.

  • Además de una analítica de sangre, en ocasiones puede ser necesario hacer una ecografía, una elastografía hepática (una prueba indolora que mide la elasticidad del hígado) o una biopsia.
  • Las personas de riesgo, como las que padecen síndrome metabólico (en el que el hígado graso se da con frecuencia) deben extremar las medidas de precaución. "Es importante que no asocien otros factores que pueden hacer que el hígado empeore, como el consumo de alcohol", aconseja la especialista.

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