Por Eva Mimbrero, periodista especializada en salud

dolor cronico sistema inmune

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 11% de los españoles padece dolor crónico. Se habla de él cuando hace más de seis meses que se tiene dolor.

Los afectados, además de aprender a convivir con él, deben hacer frente a otras consecuencias para la salud que puede tener este trastorno.

Una de ellas, según recientes estudios, es que el dolor crónico puede afectar, incluso, al buen funcionamiento de nuestro sistema inmunitario.

Así modifica el dolor tus defensas

El profesor Carlos Goicoechea, Catedrático de Farmacología de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y miembro del Grupo de trabajo de Ciencias Básicas en Dolor y Analgesia de la Sociedad Española del Dolor (SED) nos explica con detalle los mecanismos que explican esta relación.

¿Cómo el dolor crónico puede reprogramar la forma en la que trabajan los genes de nuestro sistema inmunológico?

El dolor es una señal de alarma y todo en nuestro cuerpo está dirigido a mantener y transmitir esa información, fundamental para la supervivencia del individuo.

Lo que ocurre es que el sistema que forman las neuronas encargadas de transmitir la información del dolor hasta el cerebro no distingue entre el agudo (que nos alerta de un peligro) y el crónico (que, en este sentido, es inútil).

"El dolor agudo es bueno: nos informa de que algo va mal. El crónico, no"

  • Cuando la señal se mantiene, como ocurre con el dolor crónico, este sistema neuronal empieza a sufrir cambios encaminados a aumentar la cantidad de información que se transmite.
  • Estos cambios generados por la cronificación del dolor son los que provocan que se modifique la expresión de determinados genes. Entre ellos, los encargados de codificar proteínas del sistema inmune.

Según una investigación canadiense el dolor crónico afecta, en concreto, a un tipo de glóbulos blancos, los linfocitos.

Así es. Los linfocitos, o células T, detectan la presencia de células extrañas y contribuyen a su destrucción activando otras células de nuestras defensas y favoreciendo la liberación de sustancias inflamatorias.

El dolor también provoca una respuesta inflamatoria, y las sustancias inflamatorias, al mismo tiempo, estimulan a las neuronas que transmiten el dolor, haciendo que la cantidad de información "dolorosa" que llega a la médula espinal aumente y contribuyendo a que el dolor se vuelva crónico.

Más inflamación significa más dolor.

No solo sufre el sistema inmunitario

¿El dolor crónico puede repercutir también en otros mecanismos del cuerpo?

Cuando el dolor se cronifica provoca un desequilibrio en todo el organismo.

  • Nuestro sistema sensorial se ve afectado (sentimos más los estímulos, dolorosos o no) y nuestro sistema emocional también (respondemos de forma más intensa a las emociones, sobre todo a las negativas).

"El dolor es una sensación y también una emoción"

  • Entre otros "mecanismos corporales" implicados, sabemos que los niveles de hormonas como la dopamina y la serotonina pueden variar, lo que aumenta el riesgo de depresión y de anhedonia (dificultad para experimentar placer).

Hábitos para ponerle freno

¿Qué podemos hacer en nuestro día a día para reducir el riesgo de sufrir algunos de los dolores crónicos más comunes, como por ejemplo el de espalda?

Todo dolor crónico proviene de un dolor agudo, por lo tanto es muy importante evitar y tratar el dolor agudo. Nunca hay que subestimarlo porque, cuando no se hace nada para ponerle remedio, es más fácil que se acabe convirtiendo en crónico.

  • Una neurona que está todo el rato activa termina por modificar su forma de funcionar, se vuelve más sensible, transmite la información de forma más intensa, más rápida (el sistema está preparado para comunicar siempre el dolor) y eso facilita la aparición de cambios más importantes que ayudan a la cronificación.

En el caso del dolor lumbar, prevenirlo es "relativamente" fácil:

  • Se puede lograr mediante una buena higiene postural, vigilando los movimientos bruscos y los sobreesfuerzos, usando colchones y sillas adecuados, evitando el sedentarismo...

¿Hasta qué punto el dolor puede llegar a ser incapacitante?

Hay que entender el dolor crónico como una enfermedad, no solo es un síntoma. Cuando se trata una patología que provoca dolor, hay que tratar el trastorno y también hay que tratar el dolor.

Si no, hay veces que la patología primaria se controla, pero el dolor se mantiene.Y el dolor crónico no es un dolor agudo que dura mucho, es otra cosa completamente distinta.

  • A una persona con dolor crónico un estímulo que nosotros consideramos leve le puede provocar una sensación dolorosa mucho más intensa que a una persona sin dolor.
  • Frases como "esto no le puede doler tanto" deben ser eliminadas de nuestro lenguaje. Cada persona siente su dolor de forma única, por lo tanto nadie puede ponerse en el lugar del otro a la hora de "entender" su dolor, y menos aún si no sufre dolor crónico.

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