no controlar azucar en sangre

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no controlar azucar en sangre

El azúcar no es un problema solo de diabéticos. Un exceso puede pasarle factura a tu salud de diferentes formas y hay una serie de alteraciones graves muy ligadas a unos niveles altos y continuados de glucosa.

Muchas veces es una enfermedad silenciosa, ya que las complicaciones no suele aparecer hasta años más tarde, por ello es importante empezar a prevenir desde ahora mismo.

Ya sea desde reduciendo la cantidad de azúcar que incorporamos en el café hasta leer las etiquetas de los productos que compramos (porque hay muchos que incluyen azúcar oculto) es importante empezar a tomar medidas preventivas a cualquier edad.

EL Azúcar en sangre y el riesgo de diabetes

Más de 5 millones de españoles sufren diabetes. Aunque hay más hombres diabéticos, deteriora más la salud de las mujeres, que tienen un 30% más de riesgo de ictus o un 44% más de enfermedad renal, además de sufrir más obesidad y resistencia a la insulina.

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Fíjate en todo lo que puede desencadenar un exceso de azúcar en tu cuerpo:

1. Los riñones trabajan peor

  • Cada uno de ellos está compuesto de miles de nefronas cuya tarea es filtrar la sangre, pero la glucosa las atrofia, de forma que no hacen bien su tarea de limpieza y pasan a la orina sustancias como la albúmina, que debería quedarse en la sangre, aumentando el riesgo de insuficiencia renal y trastornos cardiovasculares.
  • Ten en cuenta que la diabetes es la causa más frecuente de insuficiencia renal en España y que quienes más lo sufren son los que además tienen hipertensión.

2. Te va restando memoria

  • Los altos niveles de azúcar en sangre arrastrados durante años reducen las capacidades cognitivas de la persona, según un estudio de la facultad de Medicina de Harvard (EE.UU.). Esta investigación demuestra que las personas con diabetes tipo 2 tienen problemas de regulación del flujo sanguíneo y eso dificulta que la sangre se distribuya de forma correcta por determinadas áreas del cerebro, afectando a la memoria, el aprendizaje, la toma de decisiones…

3. Tus pies sufren mucho

  • El 15% de los diabéticos desarrollan una úlcera en el pie o la pierna. Esto ocurre porque la glucosa daña el sistema nervioso: pierdes sensibilidad y no te das cuenta si sufres una llaga o roce que puede derivar en una úlcera. Además, el azúcar también dificulta el riego sanguíneo, con lo que no llega suficiente sangre y oxígeno al pie y las heridas se curan con mucha más dificultad.

4. La visión se resiente

  • Tener la glucosa alta en sangre durante muchos años deteriora los vasos sanguíneos de la retina, provocando incluso ceguera (retinopatía diabética). En un estado inicial, aparece la visión borrosa porque los capilares del ojo se vuelven porosos y dejan filtrar su líquido y sangre hacia el cristalino.

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  • A la larga se inflama la mácula del ojo, responsable de la visión central y detallada, lo que hace perder visión primero de forma parcial y luego total. Por ello, no descuides tus controles oftalmológicos, ya que la mayoría de lesiones oculares en su etapa inicial no presentan síntomas.

5. Ataca los dientes

  • La relación entre periodontitis (inflamación de las encías que puede provocar la pérdida de dientes) y diabetes es recíproca: este trastorno bucal predispone a tener la glucosa alta y una diabetes mal controlada triplica el riesgo de periodontitis.
  • Asimismo, los diabéticos tienen un alto nivel de azúcar en la saliva que crea una capa bacteriana que debilita encías y dientes hasta el extremo que se pueda llegar a perder alguna pieza dental.

6. Tu corazón padece

  • Se trata de uno de los órganos que más sufre por el exceso continuado de glucosa en sangre, que daña progresivamente los vasos sanguíneos del corazón, tanto mayores como menores. De hecho, el daño coronario es la causa más frecuente de muerte prematura entre los diabéticos.

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  • Según la Fundación Española del Corazón, el riesgo cardiovascular de una persona diabética de padecer un evento cardiaco, como una angina de pecho o un infarto agudo de miocardio, se iguala al de una persona no diabética que haya tenido ya un infarto.

No se trata de cortar de un día para otro su ingesta, pero sí de mejorar nuestros hábitos, buscar otras alternativas más saludables e incluso acostumbrar a nuestro cerebro y paladar a que hay más sabores más allá del azúcar refinado.