Por Nuria Blasco, periodista

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Desde hace algunos años, numerosos psicólogos alertan sobre los peligros del Pensamiento Positivo entendido como un movimiento ideológico que produce eslóganes simpáticos, apps para medir tu felicidad, omnipresencia de emoticonos felices, abundancia de coachs, etc.

Rafael Pardo, sacerdote licenciado en Historia y doctor en Teología, ahonda en esta cuestión en su libro 'Felicidad Tóxica. El lado oscuro del Pensamiento Positivo' (Desclée de Brouwer), donde hace una crítica documentada al mal uso de esta ideología.

Según el autor, este movimiento que vende felicidad y genera optimismo no tiene nada de inocente. Incluso en algunos casos, tiene riesgos serios para nuestra salud física y psicológica. Nos los cuenta.

¿Cómo definirías la felicidad tóxica?

Es una felicidad impuesta y teledirigida por sectores empresariales y políticos para salvar los muebles de esta sociedad llena de estrés, ansiedad y depresión, precisamente por las malas condiciones laborales, falta de conciliación familiar, precariedad laboral, individualismo salvaje, etc.

Es un modo de decirte: “ser feliz es muy fácil, basta con repetirte cuatro mantras positivos, y si tienes estrés o ansiedad, la culpa es tuya, no del sistema capitalista salvaje en el que te hemos metido”.

  • El resultado de esto es terrible: si no logras sentirte bien, la culpa es tuya, y no de tus condiciones socioeconómicas; si tienes un cáncer, la culpa es tuya, porque no llevas un estilo de vida feliz y positivo; etc. Es una felicidad casi impuesta dictatorialmente.

Al identificar a las personas “exitosas” con “felices”, provocamos una felicidad irreal y tóxica que desemboca luego en Instagram o Facebook: si no muestras una vida “a tope” y super feliz, es que tu vida no merece la pena. En algunos libros de autoayuda, se identifica sutilmente a los “tristes” como “perdedores”. Es absolutamente perverso.

Entonces, ¿cuál es la felicidad real?

La felicidad es un constructo subjetivo de cada persona y de cada cultura, una emoción secundaria (no es básica). Para los griegos y romanos, o para los aztecas, ser feliz era participar en los asuntos públicos; para la Europa clásica del s. XVI, la felicidad iba unida a la templanza de vida, la honestidad y la virtud personal.

Para las culturas asiáticas (china, japonesa, coreana), la vida es el “ying” y el “yang”, o la mezcla entre alegría y tristeza, lo cual es una postura más sensata o realista.

  • La felicidad de “tú puedes con todo”,“si lo sueñas, lo puedes lograr” es solo una felicidad americana, el ideal americano del hombre hecho a sí mismo, individualista, que no depende de nada ni de nadie.

¿Nuestra sociedad sobrevalora la felicidad?

Sí, la sobrevalora. Las sociedades pasadas estaban llenas de hombres y mujeres que prefirieron la justicia social a su felicidad personal, y por eso hoy tenemos democracia, o no estamos bajo el régimen nazi.

Porque la felicidad individualista y neurótica no es buena; es mejor una felicidad que mira a la justicia, al grupo, a los demás.

  • En los años 60, los héroes eran Martin Luther King o el Ché Guevara, o cualquiera que luchara por causas sociales. Más allá de que compartamos o no sus ideologías, estas personas aportaban cosas a los demás, mientras que el Mr. Wonderful de hoy en día no aporta nada a nadie.

¿Por qué se considera peligroso el pensamiento positivo?

Puede conducir al “optimismo ilusorio” y a la “ilusión de invulnerabilidad”, tanto en temas de salud como en temas económicos y sociales.

Puedes llegar a creerte que a ti no te va a pasar nada malo, que no vas a enfermar ni te vas a morir, que no vas a tener fracasos económicos, que las campañas sanitarias de prevención (por ejemplo, las mascarillas hoy en día) no van contigo, que eso solo lo necesitan los infelices y perdedores.

¿Todo pensamiento positivo sería perjudicial o solo cuando es en exceso?

El pensamiento positivo y la Psicología Positiva que había en los años 70, era buena y sana, como una Psicología de la Salud que trataba de prevenir trastornos emocionales.

  • Peroreducir la Psicología Positiva a un uso irracional de pensamientos “mágicos” solo puede traer malas consecuencias.

Ya hay una generación de niños y jóvenes que ha crecido viendo en su escuela un mural pintado que decía “los límites solo están en tu mente”.

  • La vida se encargará de mostrarles que los límites no solo están en su mente, sino en su predisposición genética, su sueldo, su cultura, su edad, etc.

¿En qué sentido este movimiento que vende felicidad puede poner en riesgo nuestra salud física y emocional?

Trata de distinguir artificialmente entre emociones “positivas” y otras “negativas”, distinción que la Psicología de la Emoción desconoce: solo hay emociones “primarias” (las que compartimos con los animales y tienen un fuerte condicionamiento neurofisiológico) y “secundarias”.

  • Bloquear las emociones “negativas” como la ira, la tristeza, el miedo, etc. es un bucle peligroso: forman parte de la vida, y tarde o temprano, se manifestarán. Cuanto menos las escuches y aceptes, más posibilidades tienes de “estallar” un día.

Si ignoramos estas emociones “negativas” estamos bloqueando emociones que la Naturaleza ha puesto en nuestro cuerpo para que nos adaptemos mejor al entorno, para transmitirnos información, etc. Es un camino muy peligroso.

Entonces, pasar por decepciones, fracasos o momentos de tristeza y vivirlos con franqueza y naturalidad es emocionalmente sano.

Es lo más sano. La tristeza es un repliegue del individuo hacia sí mismo para que procese internamente algo que siente que ha perdido o ha ido mal; el cuerpo te quita energías y te pone en modo “stand-by” para que te tomes en serio ese proceso y reflexiones un poquito más.

  • Todas las emociones tienen su lugar y su papel, no hay que “psicologizar” toda la vida: es normal sentir momentos de aburrimiento, tristeza, ira o enfado.

¿Crees que los mensajes positivos y de felicidad funcionan en algunos casos?

¡Claro que funcionan! Por eso los buscan las empresas y los políticos. Es la neurobiología puesta al servicio del márketing, de la empresa y de la política. Cuando te venden un coche diciéndote que “vas a ser único, vas a ser libre, vas a imponer tus reglas”, están usando la psicología positiva.

  • Apelan a tu emocionalidad. Lo cierto es que con ese coche vas a ser uno del montón, vas a perder independencia económica al ligarte a financiación, etc.

Cuando los políticos te dicen que “de esta crisis vamos a salir más fuertes”, están usando la psicología positiva. Lo cierto es que de esta crisis vamos a salir con el bolsillo más vacío. No es casual que David Cameron fichara en su gabinete al ministro Layard, un gurú de la economía de la felicidad, para endulcorar los recortes sociales salvajes del año 2012.

¿Consideras que el pensamiento positivo tapa la realidad?

Ignora la realidad de la vida. Nuestros abuelos nos educaron diciéndonos: “hasta mañana, si Dios quiere”, “a quien madruga, Dios le ayuda”, “a placeres breves, dolores breves”, etc. Este tipo de refranes no son simpáticos ni positivos, pero sí muy realistas, y con frecuencia, esconden la sabiduría almacenada durante muchas generaciones.

Comparemos este tipo de refranes con los eslóganes de “los límites están en tu mente”, “si lo puedes soñar, lo puedes hacer”, “tú puedes con todo”. Cuántos niños no aceptan un “no” por respuesta, cuántos jóvenes no saben manejar la frustración, el fracaso, la tristeza, etc.

  • Ni saben ni pueden manejarlas, porque no existen esas emociones en Instagram ni Facebook. Las consecuencias las vemos luego en forma de psicopatologías cada vez más frecuentes en niños: neuroticismo, narcisismo, estrés, ansiedad, depresión...

Precisamente, las redes sociales son un escaparate sesgado de la vida de cada individuo, ¿cómo nos pueden hacer daño?

Es un mundo irreal que conduce al neuroticismo y el narcisismo. Lo estamos viendo en las generaciones más jóvenes. La cultura del “selfie” es propia de la vida mental y emocional de un niño de 3 años: yo, miradme a mí, mírame mamá…

"¡Miradme, miradme! La cultura del selfie es propia de la mente de un niño de 3 años

  • Naturalmente, una persona de mediana edad, que conoció un mundo “analógico”, puede entrar o no al juego, pero es más difícil que pierda el sentido de la realidad. Pero un niño que ya ha crecido viendo ese parque temático de la felicidad en Instagram o Facebook, un parque abierto 24 horas los 7 días de la semana, se puede pensar que la vida real es esa.

¿Qué piensas de frases como ‘si eres positivo seguro que lo superas’, ‘esto te hará más fuerte’…?

Muchos psicólogos y psiquiatras lo llaman “magia simpática”. Y es simpática hasta que te ocurre lo que le sucedió a la periodista Barbara Ehrenrich: le detectaron un cáncer de mama, y al ponerse en contacto con su médico y con las redes sociales, se quedó sorprendida (y aterrada) de que no pudiera manifestar tristeza, ni frustración, ni miedo, porque todos la regañaban diciéndole que así no se iba a curar.

  • Es perverso culpabilizar a alguien que ya de por sí es víctima de una enfermedad o una depresión. Es como hacerle sufrir dos veces.

Eso le llevó a escribir el libro “Sonríe o muere”, en el que investiga el fraude de la magia simpática que, entre otros mantras, dice que te puedes curar el cáncer con cuatro pensamientos positivos.

Lo cierto es que en Estados Unidos, son las mujeres blancas (y no negras) las que más vencen el cáncer: será que el tener tratamiento médico es más efectivo que repetirse cuatro mantras.

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