Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Identifican qué genes son los que causan obesidad
iStock by Getty Images

La obesidad es una auténtica epidemia mundial y para luchar contra ella no bastan las dietas. Hay que indagar en las causas que la provocan y existe la certeza de que la genética está detrás.

A día de hoy, se conocen cientos de variantes genéticas que tienen más probabilidades de aparecer en personas que padecen obesidad.

Pero más probabilidades de aparecer no significa causar la enfermedad.

Investigadores de la Universidad de Virginia han identificado exactamente 14 genes que pueden causar obesidad y 3 que pueden prevenir la pérdida de peso.

Unos hallazgos que allanan el camino para desarrollar tratamientos que combatan este problema de salud que es factor de riesgo de un sinfín de enfermedades, desde la Covid hasta el cáncer pasando por la diabetes.

Obesidad y ADN

La investigación arroja luz sobre la compleja relación entre la obesidad, la dieta y nuestro ADN.

En las próximas tres décadas el exceso de peso será el culpable de 92 millones de muertes en el mundo y reducirá la esperanza de vida en 3 años en 2050.

  • La obesidad se ha convertido en un problema de salud a escala mundial, impulsada en gran parte por las dietas altas en calorías cargadas de azúcar y fructosa.
  • Los estilos de vida cada vez más sedentarios también tienen gran parte de culpa.

Pero nuestros genes también juegan un papel importante:

  • Algunos regulan el almacenamiento de grasa.
  • También pueden generar determinadas proteínas que favorezcan el crecimiento de las células adiposas.
  • Otros influyen en el metabolismo, activándolo o ralentizándolo, y por tanto en la velocidad a la que quemas calorías.
  • Pueden afectar al hambre, aumentando la segregación de hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad.

Los mecanismos por los cuáles los genes pueden desencadenar la obesidad son variados, lo que explicaría por qué unas personas engordan con más facilidad que otras y tienen que hacer grandes esfuerzos para perder peso.

"Si podemos identificar los genes que convierten el exceso de comida en grasa, podríamos buscar inactivarlos con medicamentos y desvincular la alimentación excesiva de la obesidad", señalan los autores del estudio.

Bloquear los genes de la obesidad

La ciencia ha identificado cientos de genes asociados con la obesidad, lo que significa que estos genes son más o menos prevalentes en personas obesas que en personas con peso saludable.

El desafío era determinar qué genes desempeñan un papel causal al promover o prevenir el aumento de peso.

Para separar el trigo de la paja, el equipo de la Universidad de Virginia recurrió a unos gusanos conocidos como C. elegans. Esta especie se utiliza habitualmente para realizar experimentos y, de hecho, con estos gusanos se ha probado el funcionamiento del Prozac o de la metformina para la diabetes.

Estos gusanos también son útiles para investigar la obesidad porque disfrutan de un festín con microbios, comparten más del 70% de nuestros genes y, al igual que las personas, se vuelven obesos si se les alimenta con cantidades excesivas de azúcar.

  • Los investigadores alimentaron a un grupo de gusanos con grandes cantidades de azúcar y a otro grupo con una dieta normal. De esta forma desarrollado un modelo de gusano obeso.
  • Mediante un proceso automatizado para probar simultáneamente cientos de genes en busca de un papel causal en la obesidad, llegaron a detectar 14 genes que causan obesidad y 3 que ayudan a prevenirla.
  • Los investigadores también comprobaron que si se activa el gen que previene el aumento de peso mejora la sensibilidad a la insulina y se reducen los niveles de azúcar en sangre.

Dieta cetogénica y genes

Otro estudio que demuestra el estrecho vínculo entre dieta, genes y obesidad es el que acaba de realizar un equipo de investigadores del CIBEROBN.

Han sido los primeros en demostrar que una dieta cetogénica muy baja en calorías provoca cambios epigenéticos que combaten la obesidad.

  • Este tipo de dieta, baja en grasas y carbohidratos, es capaz de inducir una pérdida de hasta 20 kg reduciendo de manera significativa la grasa visceral pero preservando el músculo.
  • El estudio evaluó los efectos de esta dieta sobre los niveles de metilación del ADN (cambios químicos en el ADN) en 21 personas con obesidad.
  • Tras la intervención dietética que duró 6 meses y se acompañó de cambios en el estilo de vida, los investigadores identificaron 786 genes que habían sufrido cambios de este tipo. Estos genes están relacionados con el tejido adiposo, el desarrollo muscular y otros procesos metabólicos.
  • Y los cambios que se habían producido en la metilación del ADN tenían efectos beneficiosos sobre el peso y la composición corporal, y se acercaban a los de una persona con un peso normal.

Modificar la genética con buenos hábitos

Tu genética no es algo inamovible. Así lo explica Ana B. Crujeiras, investigadora del CIBEROBN y una de las autoras del estudio:

  • "Pensemos en un plato de espaguetis sin nada y otro a la carbonara como si fuera el núcleo de nuestras células donde están las hebras de ADN".
  • "Esta imagen podría servirnos para explicar, de manera gráfica, la epigenética y su papel en la prevención y desarrollo de enfermedades".
  • "Nuestro ADN puede verse modificado por su exposición a factores ambientales como la alimentación, el ejercicio físico, factores tóxicos, el estrés, etc.".
  • "Estos factores ambientales pueden inducir modificaciones químicas a nuestro ADN, sin modificar la hebra. Son nuestros hábitos, conducta y entorno los que propician estas modificaciones".
  • "Y dentro de nuestra forma de vida, juega un papel importante la dieta. Nuestra forma de alimentarnos puede aumentar o disminuir la predisposición a desarrollar algunas enfermedades".
  • "De forma muy sencilla, podríamos decir que las modificaciones epigenéticas son como señales de circulación que se añaden a los genes: algunas facilitarán su aceleración; otras, en cambio, ralentizarán su funcionamiento".

Y si las señales son erróneas, es cuando se desencadenan las enfermedades, concluye Crujeiras.