Con el asesoramiento de Ángel Pozo, especialista en psicología clínica

Por Eva Mimbrero, periodista especializada en salud

toc misofobia

La limpieza ha tomado ahora más protagonismo a raíz de la pandemia del coronavirus que estamos viviendo.

  • Pero una cosa es estar pendiente de seguir un correcto protocolo de limpieza (tanto personal como en casa) y otra muy distinta es tener una obsesión con la desinfección que nos lleve a padecer una ansiedad desmesurada.

Miedo a la contaminación. Este es, etimológicamente, el significado de misofobia. Pero los afectados por este trastorno no solo pueden desarrollar un temor patológico a la contaminación: la suciedad, los virus y bacterias o incluso los olores corporales también suelen provocar comportamientos obsesivos en ellos.

La enfermedad recibe otros nombres: también se habla de rupofobia (cuando el miedo, principalmente, es a la suciedad), o de bacilofobia, bacteriofobia o verminofobia (estos términos se refieren, de forma más específica, a la fobia a los gérmenes).

Un tipo de Trastorno Obsesivo Compulsivo

Si has visto el film “Mejor imposible” seguramente recordarás a Jack Nicholson lavándose las manos de forma compulsiva, cambiando la pastilla de jabón cada vez que lo hacía… son dos ejemplos de los comportamientos que pueden darse en la misofobia.

En los afectados “aparecen lo que llamamos pensamientos intrusivos, normalmente en forma de duda”, nos cuenta Ángel Pozo, especialista en psicología clínica.

  • Así, por ejemplo, la persona puede pensar: si he tocado el pomo de la puerta, ¿habré contraído alguna enfermedad y me podrá pasar algo?, ¿se la podré transmitir a mis hijos?, ¿les podrá pasar algo a ellos?”, añade el experto.
  • Ante estos escenarios de duda, el afectado “genera numerosas de conductas de evitación de las situaciones o de las actividades donde teme que puede contaminarse, que, aunque no siempre, a veces sí tienen un carácter ritualizado”, continúa.
  • Siguiendo con el ejemplo anterior, la persona podría actuar así: “si he tocado el pomo de la puerta y siento que me he contaminado, luego me tengo que lavar las manos siempre un número par de veces, empezando por el pulgar y usando mucho jabón”.

“Las obsesiones, en general, afectan a entre un 1% y un 3% de la población”

De hecho, por sus características, la misofobia normalmente se engloba dentro de los trastornos obsesivos compulsivos (conocidos como TOC).

“En algunas ocaciones pueden formar parte, también, de los cuadros de ansiedad por la salud, lo que popularmente se conoce como hipocondría, pero la mayor parte de ellos se consideran un TOC”, aclara Ángel Pozo.

Mucho más que una manía

Una de las cosas que puede pasar en las personas que sufren este tipo de trastornos es que piensen que su comportamiento, simplemente, es una manía.

  • “Todos, en el fondo, tenemos manías, pero eso es muy diferente a desarrollar un cuadro clínico, sostiene el especialista. “Por ejemplo, yo puedo tener mis discos ordenados alfabéticamente, pero si estuviesen en otro orden no pasaría nada”, nos cuenta.
  • “En una persona con obsesiones, en cambio, a lo mejor si los ordena de otra manera piensa que su pareja va a tener un accidente y va a morir, ejemplifica.

Pregúntate si empieza a condicionar tu vida

Para el experto, “cuando la obsesión va teniendo mucha presencia en el día a día, consume mucho tiempo y la mayoría de gente que hay alrededor no hace ese tipo de cosas, son tres características que pueden hacernos pensar que estamos ante mucho más que una manía.

Y es que las obsesiones, como remarca Pozo, no son una cuestión menor. Hay casos extremadamente graves que afectan enormemente a la vida de las personas y de sus familias”.

  • “Las personas que vean que tienen un familiar, un hijo o una pareja con preocupaciones excesivas, o que toman demasiadas precauciones para hacer cosas que todos haríamos con cierta normalidad, convendría que, al menos, consultaran con un profesional para valorarlo”, aconseja el experto.
  • Si no se tratan de forma adecuada, en ocasiones estos cuadros clínicos se convierten en una especie de “agujero negro que se lo va tragando todo, y que puede acabar deteriorando también la relación familiar o de pareja”, afirma el psicólogo.

Cómo se trata este trastorno

A nivel terapéutico, se recomienda tratar al paciente con misofobia mediante herramientas de terapia cognitivo conductual.

La más utilizada y, probablemente, la más eficaz, según Ángel Pozo, es la “exposición con prevención de respuesta”. Nos cuenta en qué consiste.

“Es un proceso completamente artesano, que se va diseñando a medida de cada caso”

  • Se elabora, junto al paciente, lo que conocemos como “jerarquía de ítems”. Es decir, una especie de lista con las situaciones, lugares, objetos o personas que el afectado teme. En base a ella se marcan unas pautas para exponerle de forma gradual.
  • Esta exposición gradual a los estímulos que generan la sensación de contaminación tiene que ir acompañada de una prevención, reducción o eliminación de lo que llamamos “conductas de neutralización”. Por ejemplo, lavarse las manos inmediatamente después de tocar cualquier cosa.

Además de esta, se utilizan otras técnicas de terapia cognitivo conductual, como los modelos de inferencia. "Aunque no se puede aplicar en todos los casos, es una herramienta bastante prometedora sobre todo en ciertos tipos de perfiles", apunta el especialista.

En cuanto a la duración del tratamiento, suele ser largo.“En la mayoría de ocasiones el afectado raramente acude a solicitar ayuda profesional en las etapas iniciales del problema: a veces se esperan años”, afirma el psicólogo. Y esto, sin duda, puede agravar el problema.

¿en tu familia hay fijación con la salud?

  • El hecho de educarse en un entorno en el que, por ejemplo, se iba a urgencias rápidamente cuando, de niño, tenías 37 y medio de fiebre, o en el que se afirmaba que ante un pequeño dolor de cabeza lo más conveniente era hacerse un TAC cerebral por si el dolor era a causa de un tumor, puede influir en la aparición de trastornos como la misofobia o la hipocondría.
  • También haber vivido una situación extrema, como presenciar el ictus de un abuelo o convivir con una persona enferma que ha tenido problemas.


Aunque, matiza el psicólogo Ángel Pozo, no es algo determinante:“tienes más boletos en la lotería, pero no tiene por qué tocarte”, aclara.

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