Con el asesoramiento del Dr. Fernando Giráldez, del Dpto. de Ciencias Expermimentales y de la Salud de la UPF

Por Eva Mimbrero, periodista especializada en salud

OIDOS

¿Sabías que, en realidad, los sonidos tal y como los conocemos no existen fuera de nuestro cerebro? No son más que vibraciones de presión en el aire que, cuando llegan a los oídos, se transforman en impulsos nerviosos, el único lenguaje que nuestra mente es capaz de entender.

  • Lo hacen gracias a una especie de pelillos, los cilios, que se mueven como una pradera de posidonias a merced de la corriente. Y, al igual que ocurre con este alga mediterránea, los cilios son muy frágiles ante determinadas agresiones externas, y el ruido es una de las peores.

Los ruidos pueden dañar tus oídos irremediablemente

Para el doctor Fernando Giráldez, que lleva años investigando las células ciliadas (las que componen los cilios), en lo que a salud auditiva se refiere, el ruido es el principal problema que tenemos ahora.

Las células ciliadas son el principal punto débil de nuestros oídos frente al ruido

  • “El daño a las células ciliadas depende de cuánto se sobreactivan y durante cuánto tiempo. Su efecto es acumulativo, y esto es un drama porque la población no se da cuenta del daño hasta que ya se ha producido”, sostiene el especialista.

Pero eso no es todo: los ruidos intensos no solo perjudican nuestra capacidad para oír bien. La Ciencia ha demostrado, asimismo, que estar expuestos a ellos favorece la aparición de un gran número de trastornos: hipertensión, infartos, diabetes, estrés y ansiedad, depresión, problemas para dormir...

Por eso es tan importante darles un ‘descanso de sonido’ a nuestros oídos, sobre todo los días en los que, por una cosa u otra, te has expuesto al ruido más de la cuenta.

El problema: su efecto acumulativo

Los ruidos se suman entre ellos, y esto facilita que el número de decibelios (dB) al que estamos expuestos traspase el límite recomendado, algo que es relativamente sencillo que ocurra. La OMS aconseja no superar los 85 dB durante más de 8 horas seguidas ni los 100 dB durante más de 15 minutos.

  • “El ruido de fondo ‘normal’ en una ciudad es de unos 40-50 dB. Si a esto sumamos una charla o el uso de auriculares, se pueden rondar muy fácilmente los 100 dB. O incluso más si, por ejemplo, en ese momento pasa un autobús cerca”, destaca el fisiólogo.

"El habla normal está en torno a los 50 dB, aunque en los españoles se sitúa más bien cerca de los 80 dB"

Ser conscientes de ello es el primer paso para ponerle remedio y evitar, así, que los ruidos se conviertan en algo más que una simple molestia. Sus consecuencias negativas van en aumento.

  • Los números son tremendos –advierte el especialista–. La sordera y las hipoacusias crecen de una manera muy preocupante y actualmente afectan ya a unos 500 millones de personas en el mundo y a 2 millones en España. Las pérdidas auditivas, además, están aumentando en niños y adolescentes”.

Así actúa el ruido sobre nuestros oídos

Para entender hasta qué punto la exposición frecuente a sonidos intensos puede dañarlos hay que conocer, primero, cómo funcionan los cilios.

  • Podríamos compararlos, también, con un arpa y su gran cantidad de cuerdas. Así, dependiendo de la intensidad de la vibración del aire que captan (que en el caso del arpa serían los movimientos de nuestros dedos), se desplazan distancias microscópicas (“incluso atómicas”, precisa el experto).

    Y, con ello, mandan una señal más o menos fuerte a las neuronas auditivas.
  • Los cilios, además, se distribuyen a lo largo de la cóclea (una especie de caracol que tenemos en nuestro oído interno) ordenados por filas en función de la frecuencia de vibración que detectan. O, lo que es lo mismo, las ondas que les llegan vibran en una zona o en otra dependiendo de su frecuencia (aguda, grave...).

    Toda esta información es la que se traduce y viaja hasta el cerebro a través del nervio auditivo.

Las células ciliadas son muy frágiles

"Nacemos con unas 15.000 dentro de cada oído, y sus mecanismos de acción, sensibilidad y precisión son fascinantes", nos cuenta el especialista. Como has visto, se encargan del primer paso en la conversión de las vibraciones del aire en señales eléctricas: por eso, sin ellas no hay audición.

  • El problema es que si se dañan no se regeneran, por lo que la audición se vuelve más tosca, menos precisa. Y, cuando son muchas las células ciliadas que se han perdido (por el ruido u otras causas, como por ejemplo la toma de ciertos fármacos), aparece la sordera.
  • Actualmente se está investigando mucho sobre cómo se desarrollan, con el objetivo de, en un futuro, poder regenerarlas cuando se deterioren. De hecho, “ya se han llevado a cabo pruebas para conseguir activar, en células madre, un gen clave en el desarrollo de las células ciliadas”, añade. “Es una línea de estudio muy prometedora, aunque está en fases iniciales”, aclara el experto.

Qué puedes hacer tú para evitar daños

Mientras estos avances llegan, lo que está en tu mano es seguir cuidando tu salud auditiva para reducir el riesgo de una posible sordera.

  • Ten siempre a mano unos tapones para amortiguar el ruido. Los hay de goma, de silicona... Si los usas a menudo (por ejemplo, si trabajas en ambientes muy ruidosos), es posible hacerlos, incluso, a medida.

    Los tapones son muy útiles en determinados ambientes, como un concierto. Guárdalos siempre en su funda y no los cortes para adaptarlos a tus oídos (si te van grandes, opta por otro modelo más pequeño). Y, tanto al introducirlos como al quitarlos, tus manos deben estar limpias.

  • No tapes un ruido intenso con otro sonido. Ponerse auriculares en ambientes ruidosos es un error común, y lo único que se logra con esto es sumar decibelios. Además, si fuera hay ruido, es muy probable que el volumen al que los pongas sea bastante alto.

    “Al final uno se habitúa y cada vez necesita más–advierte el experto–. Cuando se oyen los auriculares del vecino en el ascensor, hay que decirle educadamente que está destrozando sus células ciliadas”.
  • Sigue la regla 60-60. La Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC) aconseja no usar cascos más de 60 minutos al día y ponerlos, como mucho, a un 60% de su volumen. Cada vez son más los dispositivos que indican, con una advertencia, cuándo se sobrepasa el límite recomendado.

señales de que estás perdiendo oído

  • Te cuesta seguir las conversaciones cuando son varias las personas que hablan o se producen en ambientes cerrados y con ruido.
  • No entiendes algunas palabras, sobre todo las que llevan una C, una S, una F o una Z.
  • Oyes peor sonidos agudos, como el pitido de la secadora. En la tele puede costarte más entender lo que dicen las mujeres que los hombres.
  • Sientes una especie de zumbidos o pitidos dentro de los oídos (tinnitus). La exposición a ruidos intensos puede generarlos.
  • En casa, te piden que bajes el volumen del televisor o de la radio todo el rato y, cuando lo haces, eres incapaz de escuchar con claridad.

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