Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Caminar media hora al día reduce el riesgo de muerte prematura tras un ictus
iStock by Getty Images

Caminar media hora al día, trabajar en el jardín tres o cuatro horas a la semana o ir en bicicleta al menos dos o tres horas por semana reduce hasta un 54% el riesgo de muerte prematura tras haber padecido un ictus.

Y si se trata de personas menores de 75 años, el riesgo puede reducirse hasta en un 80%.

Son los resultados de una investigación publicada en la revista de la Academia Estadounidense de Neurología. Un estudio que puede suponer un antes y un después a la hora de diseñar mejores programas de ejercicio para personas que han sufrido un ictus.

La investigación ha logrado demostrar que solo caminando tres o cuatro horas a la semana se reduce la mortalidad drásticamente tras haber sufrido un ictus. Y este es un objetivo alcanzable para muchas personas, incluida la gente mayor.

Si se caminan 6 o 7 horas a la semana, la protección es aún mayor.

Ictus y muerte prematura

Sufrir un ictus aumenta el riesgo de muerte prematura, básicamente porque aumenta las probabilidades de sufrir un segundo evento cerebrovascular.

Sin embargo, los hábitos de vida pueden tener un gran efecto protector.

Prueba de ello es el estudio que realizó el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), que demostró que el riesgo de morir tras padecer un ictus se multiplica si nuestra edad biológica, que viene marcada especialmente por los hábitos de vida, es superior a nuestra edad cronológica, la que indica la fecha de nacimiento.

  • Según los resultados del estudio, cada año de edad biológica acumulado respecto a la edad cronológica, aumenta un 6% el riesgo de morir en un periodo de tres meses después de sufrir un ictus.

A su vez, el grado de severidad de las secuelas del ictus es más importante.

En España, el ictus o accidente cerebrovascular es la primera causa de muerte en mujeres y la tercera en hombres, y se calcula que afectará a 1 de cada 6 personas a lo largo de su vida.

Estudiar el efecto protector del ejercicio

Para demostrar la acción protectora del ejercicio tras un ictus y lograr cuantificar la cantidad de ejercicio que hay que hacer para obtenerla, la investigación publicada en la revista de la Academia Estadounidense de Neurología analizó los datos de casi cien mil personas:

  • 895 participantes con una media de 72 años que habían sufrido un ictus previamente. Y 97.805 con un promedio de 63 de años que nunca habían sufrido un accidente cerebrovascular.
  • En todos ellos se evaluó el ejercicio físico que hacían a la semana mediante preguntas sobre actividades como caminar, correr, jardinería, nada, ir en bicicleta o entrenamiento con pesas.

El objetivo del cuestionario era evaluar la frecuencia y la duración de cada tipo de actividad física para calcular la cantidad de ejercicio realizado.

Así pues, se sometieron a preguntas como "En los últimos tres meses, ¿cuántas veces caminó para hacer ejercicio? Y aproximadamente, ¿cuánto tiempo dedicó en cada ocasión?".

Los resultados del estudio

Los investigadores siguieron a los participantes durante cuatro años y medio.

Tras descartar factores como la edad y el tabaco que podrían aumentar el riesgo de muerte, observaron lo siguiente:

  • Un 25% de los que habían sufrido un ictus previamente murieron por cualquier causa. Algo que solo ocurrió en un 6% de los que nunca habían sufrido un ictus. Dato que, de entrada, confirma que haber sufrido un ictus aumenta el riesgo de muerte.

Sin embargo, hubieron diferencias destacables en el grupo que había sufrido un ictus según la cantidad de ejercicio realizado:

  • Solo un 15% de los que hicieron entre 3 y 4 horas de caminata a la semana tras el ictus murieron durante los años de seguimiento, en comparación con el 33% que no hizo esa cantidad mínima de ejercicio y falleció.

El ejercicio también tuvo un papel protector en aquellos que no habían sufrido un derrame cerebral.

  • Solo un 4% de los que caminaban 3 o 4 horas a la semana murieron durante el estudio, en comparación con el 8% que falleció y que no realizaba esa cantidad de actividad física.

Beneficio aún mayor en personas jóvenes

Los investigadores descubrieron que la reducción de la tasa de mortalidad era mayor en personas que habían tenido un ictus previo y eran menores de 75 años.

  • Si en los mayores de 75, caminar media hora al día o hacer un cantidad de ejercicio similar reducía hasta un 54% el riesgo de muerte prematura tras un ictus, en los menores de 75 el riesgo podría reducirse hasta en un 80%.