Reforzar las defensas del cerebro podría ayudar a combatir el alzhéimer

Reforzar la microglía, las células inmunitarias del cerebro, puede frenar la acumulación de proteína amiloide, el encogimiento cerebral y el deterioro cognitivo, que son señales típicas de alzhéimer. El hallazgo abre la puerta a desarrollar fármacos que frenen el avance de la enfermedad.

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Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Reforzar las defensas reduce el riesgo de alzheimer
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Se trata de un gran hallazgo que sugiere que fortalecer las células inmunes del cerebro tiene un efector protector frente al alzhéimer.

El alzhéimer es una enfermedad de largo recorrido, en la que influyen muchos factores y todavía entraña muchos misterios. Dos décadas antes de que aparezcan los olvidos, la desorientación o la dificultad para planificar o resolver problemas, el cerebro ya empieza a experimentar cambios. Cambios que pueden ser en positivo o en negativo. Hoy vamos a hablar de un cambio en positivo.

En las personas que tienen predisposición genética a sufrir alzhéimer, la células inmunitarias del cerebro, la llamada "microglía", empieza a ejercer un efecto protector hasta 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

A esta conclusión han llegado científicos del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas (DZNE) y la Universidad de Múnich. Los resultados del estudio se han publicado en The Lancet Neurology y abren la puerta a un nuevo tratamiento contra el alzhéimer modulando la actividad de la microglía mediante fármacos. Dicho de otra forma: reforzar las defensas del cerebro para combatir el alzhéimer.

Cómo se ha hecho el estudio

En el alzhéimer influyen muchos factores, y uno de ellos es la genética. Hay personas que desarrollan la enfermedad como resultado de mutaciones genéticas que pueden transmitirse de generación en generación.

Un equipo de investigadores liderado por el biólogo molecular Christian Haass y la neuróloga Dra. Estrella Morenas-Rodríguez estudiaron a 248 voluntarios con estas mutaciones genéticas para comprobar la relación entre la microglía (las células del cerebro que actúan como células inmunes) y los biomarcadores del alzhéimer.

Para ello, se recurrió a pruebas que suelen utilizarse en el diagnóstico del alzhéimer:

  • Se realizaron análisis del líquido cefalorraquídeo (revela la presencia de proteínas relacionadas con el alzhéimer) y exámenes para comprobar las capacidades intelectuales de los participantes durante un período de varios años que comprendió las diferentes etapas del alzhéimer.
  • También fueron examinados mediante imágenes de resonancia magnética y tomografía por emisión de positrones (PET) para visualizar la contracción del cerebro y la patología amiloide. Recordemos que el encogimiento del cerebro y la acumulación de proteína betamiloide (actúa como un tóxico que destruye las neuronas) son señales de alzhéimer.

El punto de partida para el equipo de investigación fue una proteína (llamada TREM2) que está en la superficie de las células inmunitarias del cerebro (microglía). Cuando se analiza el líquido cefalorraquídeo, la presencia de esta proteína es un indicador de la actividad de la microglía.

De hecho, "TREM2 es una especie de interruptor de actividad. A medida que aumentan los niveles de TREM2, también lo hacen las actividades protectoras microgliales", explica Christian Haass, líder del grupo de investigación en DZNE y profesor de bioquímica en Universidad de Múnich.

"Durante mucho tiempo, se supuso que la microglía causaba daño principalmente en el curso de la enfermedad de Alzheimer, ya que puede impulsar procesos inflamatorios crónicos. Sin embargo, cada vez hay más pruebas de mi laboratorio y de muchos otros de que la microglía tiene un efecto protector al menos al comienzo de la enfermedad. Esta hipótesis está respaldada por nuestros datos actuales", subraya.

Frenar el alzhéimer

Las personas con predisposición genética a sufrir alzhéimer suelen desarrollar la enfermedad a una edad similar a la de sus familiares que tenían esta misma mutación.

En base a ello, los investigadores pudieron calcular el tiempo en que los participantes podrían empezar a manifestar los primeros síntomas.

"Descubrimos que los niveles de TREM2 en el líquido cefalorraquídeo aumentan 21 años antes del inicio estimado de la enfermedad", apunta Haass.

"También observamos que cuanto más rápido aumenta TREM2 a lo largo de los años, más lentamente progresan los cambios patológicos en el cerebro que son típicos de la enfermedad de Alzheimer, como la acumulación de proteínas amiloides y proteínas tau", aclara.

Las imágenes de resonancia magnética y tomografía por emisión de positrones (PET) apuntaban en una dirección similar: en los participantes cuyos niveles de TREM2 aumentaron rápidamente, los depósitos de proteínas amiloides que son característicos de la enfermedad de Alzheimer se desarrollaron más lentamente y el volumen cerebral también disminuyó más lentamente.

Pero no solo eso, también se relacionó con un deterioro cognitivo más lento en una etapa temprana de la enfermedad de Alzheimer, lo cual tiene implicaciones importantes para el tratamiento, señalan los autores del estudio.

Nuevas terapias

Sin duda, se trata de un gran hallazgo que sugiere que fortalecer las células inmunes del cerebro tiene un efector protector frente al alzhéimer.

"Desde nuestro punto de vista, la microglía se activa tan pronto como las primeras proteínas amiloides se depositan en el cerebro, un proceso que llamamos siembra", asegura Haass. Su equipo investiga el desarrollo de fármacos que refuercen el efecto protector de la microglía modulando esta proteína.

"Todavía estamos en la fase de laboratorio. Sin embargo, los resultados actuales en humanos muestran que la modulación de TREM2 es una estrategia prometedora para desarrollar nuevas opciones contra el Alzheimer. Aunque en este caso particular estudiamos la forma genética de la enfermedad, consideramos que nuestros hallazgos también se aplican a la denominada variante esporádica de la enfermedad, que es mucho más común".

El investigador señala que sería crucial que el tratamiento empezase lo antes posible. "Todas las terapias actuales llegan demasiado tarde para ser realmente efectivas", concluye Christian Haass.