CRISTINA BURRELL
Cristina Burrell

Enfermera

Antes del cáncer me sentía invencible e insustituible
Stocksy

Por mi trabajo de enfermera gestora de casos de pulmón, trato a diario con pacientes oncológicos. ¡Cómo es la vida! Yo he acabado siéndolo también.

Hace un año y dos meses me diagnosticaron cáncer de mama. Mi mente me hace llevar la cuenta con asombrosa exactitud. Sé que suele pasar. Como también sabía aquel día en casa que lo que acababa de tocar era un tumor. Ahí estaba el bultito. Pequeño, aparentemente insignificante. La confirmación fue un jarro de agua fría.

"Pasé de antender a pacientes a estar sentada a la espera de tratamiento"

Venía de pasar meses extremadamente duros por la pandemia de COVID-19. Me reubicaron en el servicio de broncoscopias, realizando turnos extra y en contacto directo con los pacientes graves.

Pese a todo, me sentía bien por poder ayudar en una situación tan desbordante e insólita. Pero cuando todo empezaba a mejorar, de repente, casi sin darme cuenta, pasé de atender a pacientes a estar yo sentada en un banco de un pasillo de hospital. A la espera de resultados, tratamientos…

el impacto no te lo quita nadie

Lo primero que hice cuando me dieron el diagnóstico fue una lista de personas de mi entorno que habían superado el cáncer de mama. ¡Una página entera! Eso me dio confianza.

Me repetí una y otra vez que tenía que traer a mi mente pensamientos positivos, aunque los primeros días tuve unas migrañas terribles por el estrés y el miedo… porque el impacto no te lo quita nadie.

Logré que las incertezas no me superaran; y reconozco que recibí mucha ayuda porque, al tener colegas médicos, me dieron información tranquilizadora sobre las pruebas en el momento de realizarlas, y mi oncóloga me decía todo lo que íbamos a hacer para curarme.

Es fundamental sentirte arropado, que notes empatía y respeto en quien te dé la noticia. Por desgracia, no siempre ocurre.

"Esperé para decírselo a mis padres: quería explicárselo bien"

Se lo comuniqué en primer lugar a una de mis hijas (la otra estaba de viaje) y esperé un poco más para decírselo a mis amigas y al resto de la familia. Mis padres son mayores y no quería darles simplemente la noticia. Quería acompañarla de datos: que era un tumor localizado, que me habían dicho que tenía buen pronóstico, que iba a empezar el tratamiento enseguida… Sé que hice bien.

Por suerte, el cáncer estaba muy localizado, se había cogido en una etapa inicial y acceder a él fue fácil. Antes de la cirugía hice quimioterapia 5 meses y eso fue lo que me curó. Luego, en quirófano, retiraron el tejido afectado y, tras analizarlo, no encontraron células malignas. Más tarde también recibí radioterapia.

Ahora procuro escuchar a mi cuerpo

Pese a dedicarme a cuidar a los demás, me tomo poco en cuenta a mí misma. Enfermar no entraba en mis planes. Además, soy bastante aprensiva. El temor a todo lo que se me venía encima amenazó con desbordarme. La solución llegó a través de una amiga.

"Visualizar el tumor me dio cierto control sobre la situación"

Su apoyo y respeto han sido mágicos; ella me centraba en el aquí y ahora. Incluso me hacía pensar en el tumor. Esto puede sonar raro porque normalmente las personas de tu entorno te dicen justo lo contrario: que no pienses, que te distraigas…

Sin embargo, me fue de gran ayuda imaginarme el bulto, verlo localizado en un punto, imaginar cómo se reducía con cada ciclo de quimioterapia. Esas visualizaciones me dieron cierto control sobre una situación que hace que te sientas a la deriva.

Si algo me ha enseñado la enfermedad es que no soy ni invencible ni imprescindible. Nos lo creemos, pero no lo somos. A partir de ahora me tendré más en cuenta, creando un espacio para mí en el día a día. Voy a cuidarme más.

"El cáncer te hace sentir muy vulnerable y el apoyo psicológico te ayuda a recuperar tu fuerza"

Pronto me reincorporo al trabajo y, por supuesto, seguiré tratando con pacientes oncológicos. Antes de tener el tumor era bastante empática; ahora lo seré mucho más porque he vivido lo mismo. Sé lo que se siente.

Y les insistiré en que acudan a un centro de apoyo y acompañamiento, como Kālida. El cáncer te hace sentir muy vulnerable y recibir apoyo psicológico en ese momento hace que recuperes tu fuerza.

Cómo practicar la escucha activa

Sara García Serrano, psicooncóloga y coordinadora del Centro Kālida Sant Pau, nos explica cómo es el apoyo que necesita una persona en tratamiento oncológico.

  • La escucha activa es estar ahí, plenamente presente para la persona afectada, evitando distracciones con pantallas o mostrando una atención dispersa. Es hacerle ver que la acompañamos en su proceso, sin presionarla ni juzgarla.
  • No es preciso responder a todo lo que dice. En ocasiones, cuando expresa su malestar o preocupación no busca una solución, solo ser escuchada. Y nuestra impaciencia, junto con la ansiedad por buscar soluciones, puede ser contraproducente.
  • Frases como “Tú puedes superarlo” o “Anímate, no llores” no suelen ayudar. Con ellas invalidamos sus emociones, anulando su necesidad de expresar miedos, preocupaciones, tristeza… Es mejor preguntar “¿Cómo te sientes?” o “¿Qué puedo hacer yo para que te sientas mejor?”.
  • Otra reacción habitual es anticipar la respuesta en la conversación en lugar de dejarlo hablar y de prestar atención plena a sus palabras. Con ello la comunicación no es fluida, puede sentirse incomprendido/a. Sin quererlo, podemos aumentar su angustia.

www.fundaciokalida.org/es