Cómo sospechar de problemas de salud mental en un adolescente

Conocer las señales de alarma de los principales problemas de salud mental que sufren los adolescentes es vital para no pasarlo por alto y solicitar ayuda si es necesario.

Actualizado a
Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Cómo detectar problemas de salud mental en los adolescentes
iStock by Getty Images

los 14 años es la edad media a la que los jóvenes empiezan a sufrir problemas de salud mental.

Entre un 10 y un 20% de los adolescentes tiene un problema de salud mental y la mitad aparecen antes de los 14 años. Son datos de la Organización Mundial de la Salud que se repiten año tras año, aunque las alarmas saltaron a raíz de la pandemia: en el primer trimestre de 2021, el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona atendió un 47% más urgencias de adolescentes por motivos de salud mental.

La pandemia está prácticamente superada pero la salud mental de nuestros adolescentes sigue siendo tema de preocupación: la adolescencia es una edad frágil en la que se inician muchos trastornos mentales y la dependencia del móvil y la exposición a las redes sociales augura un aumento de estos problemas en un futuro.

En este contexto, vale la pena hacer un repaso al informe FAROS elaborado por el Hospital Sant Joan de Déu, centro de referencia en salud infantil y adolescente. El informe recoge los principales problemas de salud mental que pueden sufrir los adolescentes y explica cómo se pueden detectar, tratar y prevenir.

Señales de ansiedad en un adolescente

La ansiedad es una reacción necesaria del organismo, una reacción defensiva instintiva ante un peligro que puede acabar convirtiéndose en un trastorno si la persona manifiesta respuestas de miedo generalizadas e indiscriminadas.

Los trastornos de ansiedad son los problemas de salud mental más frecuentes en la infancia y la adolescencia. En España, se calcula que un 5% sufre depresión y entre un 10 y un 20% ansiedad, según la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia.

Sin embargo, muchos de estos trastornos no son siempre fácilmente detectables. Es importante estar atentos porque si no se detectan y tratan a tiempo pueden agravarse y persistir en la edad adulta.

Los expertos apuntan algunas señales de alerta para detectar en los adolescentes y jóvenes estos trastornos lo antes posible:

  • Tiene cambios de humor y está más irritable.
  • Evita situaciones como ir a clase, quedar con amigos, conocer gente nueva o ir a espacios grandes donde hay mucha gente.
  • Dificultades de concentración, más dispersión, descenso del rendimiento académico...
  • Problemas para conciliar el sueño por la noche.
  • Se queja de dolor de cabeza, fatiga, dolor de estómago, tensión muscular.

La terapia psicológica puede ser de gran ayuda en estas situaciones.

Síntomas de adicción al móvil

Los expertos aclaran que no es tan importante el tiempo que dedican como el uso que hacen y los contenidos que consultan. La pregunta que también nos debemos hacer es: ¿dedican su tiempo a otras actividades sociales y/o de ocio que no sean estar frente a una pantalla?

Las señales que pueden indicar a los padres que la conducta de su hijo es de riesgo y que se aconsejaría que pidieran ayuda son:

  • Ha alterado sus patrones de sueño: se conecta por las noches, se acuesta tarde, por la mañana le cuesta levantarse.
  • Come mal. Muy rápido para ganar tiempo, se salta comidas...
  • No presta atención a las pautas de higiene básicas: ducharse, lavarse los dientes... Hay que recordárselo cuando antes no era necesario.
  • Tiende a la tristeza y se muestra poco comunicativo. No ve a los amigos porque pasa mucho tiempo con las pantallas.
  • Está muy irritable cuando no está frente a la pantalla.
  • Ha bajado el rendimiento académico. Suspende.

Si hay adicción a las nuevas tecnologías debe buscarse la ayuda de un profesional.

Señales de alarma de trastornos de la conducta alimentaria

Las señales de alarma que pueden permitir a los padres detectar un trastorno alimentario en sus hijas (nueve de cada diez afectadas son chicas) son los siguientes:

  • Pérdida de peso en poco tiempo.
  • Retraso en el crecimiento normal para su edad y peso.
  • Trastornos menstruales.
  • Hirsutismo o lanugo (aparición de vello corporal).
  • Anomalías dentarias.
  • Callosidades en los nudillos de las manos por los vómitos inducidos.
  • Preocupación extrema por la figura y comentarios despectivos sobre el propio cuerpo.
  • Inestabilidad emocional, aislamiento y preocupación excesiva por los estudios
  • Dieta persistente aunque esté muy delgada.
  • Cambio de hábitos alimenticios (volverse vegetariano o vegano).
  • Desaparecer después de las comidas y encerrarse en el baño para vomitar.
  • Compra de productos para adelgazar.
  • Practicar ejercicio físico excesivo y obsesión por pesarse continuamente.

El tratamiento de un trastorno alimentario es largo (puede durar entre tres y cuatro años) pero en el 70 o 80% de los casos las chicas se recuperan. Cuanto antes se detecte más probabilidades hay de que no deje secuelas en la edad adulta.

autolesiones, un problema en aumento entre los adolescentes

Los expertos señalan que los jóvenes que se autolesionan buscan, con la conducta autolesiva, reducir, gestionar o escapar de la tristeza, rabia u otras emociones negativas.

Mientras las chicas son más propensas a cortarse, rascarse y utilizar métodos que implican el sangrado; los chicos tienden más a golpearse y quemarse.

Las redes sociales son un peligro ya que encuentran información y adolescentes como ellos con los que compartir experiencias.

Las señales que pueden indicar a padres y educadores que un adolescente puede estar provocándose autolesiones son:

  • Comportamiento distante para evitar expresar sus emociones o sentimientos.
  • Presencia de cortes, quemaduras o morados en brazos y piernas.
  • Encontrar escondidos cuchillas, cuchillos u otros objetos que pueden ser utilizados para autolesionarse.
  • Notar que lleva la ropa que no corresponde al clima: manga larga en verano para ocultar cicatrices, heridas...

Esta conducta autolesiva puede gestionarse en el ámbito de la familia o la escuela con la ayuda de profesionales de atención primaria, pero en ocasiones es necesaria la intervención psicológica.