Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Cómo detectar si un hijo tiene depresión
iStock by Getty Images

La depresión es un trastorno que a menudo asociamos a la edad adulta, pero afecta igualmente a adolescentes.

Es más, según un estudio del IDIBAPS, a los 14 años es cuando se inician más problemas de salud mental porque la adolescencia es una época convulsa de muchos cambios y a esa edad el cerebro es todavía un órgano inmaduro.

El informe de Unicef "Estado Mundial de la Infancia 2021. En mi mente: promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia" revela que uno de cada cinco jóvenes entre 15 y 24 años aseguran "estar deprimidos" o "tener poco interés en hacer cosas a menudo".

En España el porcentaje es algo menor, aunque 6 de cada 10 se siente "a veces" así.

Pero tanto en la edad adulta como en la adolescencia, la depresión se puede prevenir y tratar, y para ello hay que estar atento a las señales de alarma.

Salud mental y adolescencia

Los datos que arroja el informe de Unicef son demoledores:

  • Uno de cada 7 adolescentes de 10 a 19 años en todo el mundo tiene un problema de salud mental diagnosticado.
  • Cada año casi 46.000 adolescentes se suicidan.

Y la pandemia ha empeorado aún más las cifras. Un metanálisis publicado en JAMA Pediatrics revela que los síntomas de depresión se han duplicado en niños y adolescentes en comparación con la época prepandémica.

"Los últimos 18 meses han sido muy largos para todos nosotros, especialmente para los niños y niñas. Debido a los confinamientos y a las restricciones de movilidad por la pandemia, los niños han perdido un tiempo valioso de sus vidas lejos de la familia, los amigos, las aulas y los lugares de recreo", ha afirmado la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore.

Señales de depresión

Aunque la depresión puede aparecer también en la infancia, la etapa más vulnerable es la adolescencia.

Amalia Gordóvil, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, explica cuáles son las principales señales de alarma:

  • Cambios en el estado de ánimo más allá de lo habitual, por ejemplo que un hijo se aisle no solo de sus padres sino también de sus amigos y pierda el interés por las cosas que hacía.
  • Mostrarse más irritable en situaciones que anteriormente no provocaban ningún problema.
  • Descuidar la higiene corporal y la vestimenta.
  • Bajar el rendimiento académico.
  • Por supuesto, las conductas de riesgo como el abuso de drogas también podrían ser señal de depresión.

La adolescencia, señalan desde la UOC, es una etapa de desarrollo personal en la que se puede pasar por crisis de identidad.

"Esto no quiere decir que exista una relación causal entre adolescencia y depresión, pero sí hay que trabajar ya desde la infancia para reducir riesgos", advierta la psicóloga familiar y profesora colaboradora de la UOC.

Además, hay una serie de factores que está demostrado que aumentan el riesgo de desarrollar trastornos mentales.

  • Los niños que han sufrido malos tratos, que tienen algún progenitor con depresión o algún miembro de la familia que consume drogas son más vulnerables a sufrir problemas mentales. Así pues, requieren una especial vigilancia y atención.

Prevención desde la infancia

La psicóloga destaca que es muy importante crear una clima de confianza y comunicación en casa sobre las emociones que se sienten para poderlas expresar sin miedo.

Pero más allá de generar este clima para que los hijos expliquen lo que les pasa, ¿qué más pueden hacer los padres?

Ser un buen ejemplo para los hijos

La psicóloga familiar asegura que una de las mejores ayudas que pueden ofrecer los padres es servir de modelo para sus hijos enfrentando de forma saludable las situaciones de estrés.

"Si tu hijos ven que ante un mal día de trabajo te quejas y te bebes un gintonic para olvidar o te tomas un ansiolítico, les transmites que la regulación emocional pasa por el uso de sustancias. Y este no es un buen mecanismo de enfrentamiento", afirma.

Así pues, lo primero que deben hacer los padres para cuidar la salud mental de sus hijos es cuidar la suya propia.

No restar importancia a lo que le pasa

Otro de los errores que más se cometen de forma inconsciente y que puede empeorar la situación es quitar importancia a las emociones de los hijos.

Mensajes como "lo que te pasa no es nada", "yo a tu edad no tenía estas tonterías en la cabeza" o "espabila que la vida no es fácil" son un error.

De esta manera se transmite a los hijos que sus emociones no son correctas y no se les da ni el acompañamiento ni la guía que necesitan.

Pero hay dos mensajes, advierte la psicóloga, que ponen en riesgo la salud mental:

  • El "no eres capaz": transmite sobreprotección impidiendo que los hijos hagan cosas por ellos mismos.
  • El "no eres suficiente": es un mensaje de exigencia que implica que no valoramos las cosas que hacen bien ni las decisiones que toman, y eso mina la autoestima.

Detectar la depresión a tiempo

Identificar a tiempo la depresión en un adolescente es clave. Muchos casos no se detectan y, por tanto, no se tratan.

En opinión de Godóvil, la consecuencia más grave es que si la persona no tiene las herramientas necesarias para gestionar sus emociones pueden aparecer pensamientos de suicidio que pueden llevarse a la práctica.

El suicidio es un camino sin retorno, "una solución permanente para un problema temporal", asegura a Saber Vivir el Dr. Enrique Baca, psiquiatra y jefe de Servicio del Hospital Fundación Jiménez Díaz.

Pero más allá de esta opción extrema, una depresión no tratada adecuadamente aumenta el riesgo de sufrir depresión en la edad adulta o de llegar a esta etapa de la vida con baja autoestima que conduzca a relaciones sentimentales tóxicas, al consumo de sustancias o a desarrollar enfermedades metales.

faltan psicólogos

En ocasiones no es suficiente con la actuación de los padres y es necesario la intervención psicológica. Pero la realidad es, tal y como revela el informe de UNICEF, que solo un 2% de los presupuestos de salud se destinan a salud mental.

Y el caso de España es grave. Faltan psicólogos en la sanidad pública y la mayoría de las veces los padres tienen que recurrir a consultas privadas cuando un hijo tiene problemas de aprendizaje, un trastorno de la conducta alimentaria o ansiedad.

"La Sanidad Pública prácticamente solo atiende casos graves que necesitan hospitalización o tratamiento farmacológico", señala la psicóloga clínica Susana López Chicón.

El caso de los psicólogos en la sanidad pública es similar al de los dietistas-nutricionistas o los fisioterapias, que son totalmente insuficientes.

Cada vez se habla más de salud mental en nuestros adolescentes y de la importancia de este aspecto para una vida adulta plena.

Es un gran paso del que debemos felicitarnos. Ahora solo falta que existan suficientes profesionales en la sanidad pública para tratar estos problemas en todas la edades, incluida la adolescencia.